En medio de la creciente inestabilidad en Medio Oriente, el Gobierno argentino decidió atenuar públicamente el tono frente a las advertencias difundidas por el diario iraní Teheran Times, al tiempo que tomó distancia de las declaraciones del legislador porteño Waldo Wolff
El Gobierno buscó despegarse de los dichos de Waldo Wolff, legislador del PRO y aliado político, quien sostuvo que “ya estamos en guerra” con Irán y celebró que Argentina se “plante” en ese escenario. Colaboradores cercanos a Milei recordaron que, en términos jurídicos y constitucionales, una declaración de guerra requiere una decisión formal del Poder Ejecutivo y la intervención del Congreso, algo que hoy no está sobre la mesa.
“No tenemos coincidencia. Estar en guerra es un acto formal de Gobierno que involucra una declaración del Congreso, el envío de tropas. Algo que no está pasando. Lo que plantea el Presidente va en el sentido de la batalla cultural”, explicó un dirigente del círculo íntimo del jefe de Estado, marcando la diferencia con el discurso de Wolff.
Fuentes oficiales consideran que el artículo titulado “Milei, Quo Vadis?”, publicado por ese medio cercano al régimen de Teherán, responde a una interpretación periodística y no necesariamente a una posición oficial del gobierno iraní. En ese texto se afirma que Argentina “se ha presentado oficialmente como enemiga de Irán” y que habría cruzado “una línea roja imperdonable”.
En la Casa Rosada admiten que existe tensión con Irán y ratifican el alineamiento estratégico de la administración de Javier Milei con Estados Unidos, en particular con el ex presidente republicano Donald Trump. Sin embargo, remarcan que eso no implica reconocer un escenario formal de guerra ni asumir que cada editorial extranjero representa una amenaza directa del Estado iraní.
“Es como si cualquier editorialista acá escribiera que Irán cruzó una línea roja. Igual, hablamos del Estado que nos puso dos bombas”, graficó una fuente con acceso al despacho presidencial, en alusión a los atentados contra la Embajada de Israel, en 1992, y la AMIA, en 1994, por los que la Justicia argentina ha señalado responsabilidades de funcionarios iraníes y de la organización Hezbollah.
En este contexto, la Cancillería, a cargo de Pablo Quirno, también quedó bajo la lupa. El ministro de Relaciones Exteriores no descartó públicamente la posibilidad de enviar buques de la Armada argentina a zonas de tensión, como el estratégico estrecho de Ormuz, aunque luego relativizó la opción al indicar que hasta el momento solo circulan “rumores” sobre una participación militar concreta.
Especialistas en defensa y diplomacia señalan que la Argentina cuenta con capacidades limitadas para operar de manera sostenida en un teatro de conflicto tan distante, lo que podría restringir su rol a pronunciamientos políticos y cooperación en foros internacionales. Por ahora, el Gobierno se concentra en reforzar su alineamiento con Washington e Israel, reivindicar la condena a los atentados terroristas ocurridos en el país y sostener un discurso duro contra Irán, sin avanzar en decisiones que impliquen un estado de guerra formal.
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