Terminó siendo la semana soñada que Mauricio Macri y quienes lo alentaron a involucrarse tanto en la interna del PRO esperaban con ansias. El resultado de este domingo le puso el broche de oro a una serie de pequeñas victorias que el partido amarillo fue abrochando en el interior del país los últimos días.
Comenzó en Tucumán el martes, cuando el candidato radical José Cano -que venía jugando abiertamente con Sergio Massa- se reunió con el titular del PRO en esa provincia y alcanzó un acuerdo por el cual el macrista baja su candidatura en señal de apoyo al Acuerdo Cívico y Social que encabeza el diputado de la UCR. Un día después, el PRO suscribió un acuerdo con el radicalismo en La Pampa, por el cual el diputado de la UCR Francisco Torroba será candidato a gobernador y el macrista Carlos Mac Allister encabezará la lista para el Senado nacional, formalizando así un frente bastante competitivo para competir con el justicialismo gobernante. Y el viernes fue la frutilla del postre, cuando Mauricio Macri presentó en Córdoba junto a Ernesto Sanz la alianza alcanzada con el radicalismo y el juecismo.
En el ínterin, un dato casi desapercibido fue la decisión del diputado radical Miguel Bazze de bajar su precandidatura a gobernador bonaerense para encolumnarse detrás de María Eugenia Vidal. Mano derecha de Ricardo Alfonsín, la medida muestra -igual que en Tucumán- cómo van limándose las resistencias del radicalismo hacia la alianza con el PRO decidida en la Convención de Gualeguaychú.
El festejo hubiera sido total si a Horacio "Pechi" Quiroga -el intendente radical de la capital neuquina, que acordó también con el PRO- le iba mejor en Neuquén, donde el MPN se impuso como pasa siempre desde hace medio siglo, y el segundo lugar quedó para el candidato del Frente para la Victoria. Convengamos que "buena racha" es una cosa y "milagro" otra bien distinta.
Pero antes y después, toda la atención del PRO estaba puesta en lo que sucediera este fin de semana en las PASO de la Ciudad. Allí el jefe de Gobierno había tomado un riesgo mayúsculo al apoyar abiertamente a un candidato por sobre una figura de la talla de Gabriela Michetti. No eran pocas las voces que cuestionaron en privado esa decisión, por cuanto un resultado adverso hubiera dejado al jefe del PRO expuesto a las críticas de sus adversarios.
Está claro que si ganaba Gabriela Michetti el liderazgo de Mauricio Macri hubiera sido puesto en duda, aunque desde el propio oficialismo porteño tenían argumentos para retrucar. Admitían que una derrota de Rodríguez Larreta hubiera representado un traspié para el jefe de Gobierno, pero no podría hablarse de derrota, pues Macri aparecería junto a ambos contendores y en su discurso Michetti se encargaría de dejar claro que el ganador había sido "el PRO" y que esa era una muestra de la amplitud dentro del partido, para contraponer a la línea del pensamiento único.
A la larga, la sensación adversa se hubiera podido revertir -anticipaban en el PRO- ganando ampliamente las elecciones de julio, tal vez en primera vuelta. Empero, ello habría dejado abierta la sensación de un liderazgo partidario compartido, de cara al futuro.
Con los resultados a la vista, nada de eso sucedió. El liderazgo de Macri salió fortalecido, y su candidatura presidencial robustecida. Por segunda semana consecutiva pudo festejar triunfos, a diferencia de sus principales adversarios en las presidenciales.
Debería, eso sí, ocuparse de "contener" a Gabriela Michetti, una figura "taquillera" para el PRO, que pese al resultado de ayer no puede ser desaprovechada por el partido. Las primeras señales no fueron positivas en ese sentido. Una hora antes de los discursos de los protagonistas del PRO comenzó a circular la versión de que Macri le ofrecería en público a Michetti ser su compañera de fórmula. La jugada prometía generarle un buen rédito al macrismo, pero todo quedó en versión. En su discurso, el jefe de Gobierno no solo no la nombró, ni hubo foto conjunta. Apenas un beso frío.
Para las elecciones de julio, el PRO deberá esforzarse para retener los votos de sus dos candidatos. Cosa complicada, pues propios y extraños admitían de antemano que le sería más sencillo a la senadora retener el porcentaje que lograra Rodríguez Larreta, que al revés. Una parte de los votos de Gabriela Michetti podrían ir a Martín Lousteau el 5 de julio. Máxime teniendo en cuenta que el objetivo de muchos votantes será, como sucedió con "Pino" Solanas y Daniel Filmus en 2013, tratar de evitar que el kirchnerismo sea el que vaya a un eventual balotaje.
Precisamente esa fue la ilusión que esbozó Mariano Recalde en su discurso, cuando en el bunker kirchnerista se respiraba un aire triunfal por el supuesto segundo lugar obtenido, que atrajo a la sede de la calle Cerrito a todos los presidenciables, que se fueron preguntándose cómo pudo haberse generado semejante error.
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