El caso de Manuel Adorni es una verdadera “matrioska”: cada dia que se abre una cápsula de la muñeca se encuentra más y más información comprometedora para el Jefe de Gabinete. Y el costo para el presidente y su Gobierno es cada día más alto.
Mientras la Justicia investiga a Manuel Adorni por viajes, compras de inmuebles con fondos injustificables y refacciones millonarias sin declarar, el presidente Javier Milei lo respalda en redes y toma posición. La escena deja un mensaje claro: llegaron combatiendo a la “casta” y terminaron comportándose igual lo que señalaban.
El respaldo explícito de Javier Milei a Manuel Adorni empieza a decir más de lo que el propio Gobierno quisiera admitir. No por el gesto en sí. Sino por lo que implica. Defender a un funcionario bajo sospecha y que esta siendo investigado por la Justicia no es novedad en la política argentina. Es, más bien, una práctica conocida. Repetida. Casi automática. Y ahí aparece la incomodidad: el Presidente que llegó prometiendo romper con “la casta” empieza a moverse con reflejos de esa misma lógica que cuestionaba.
No lo dice. Pero lo muestra. Lo exhibe en actos concretos. En gestos digitales también. Hoy, por ejemplo, eligió amplificar un mensaje de Lilia Lemoine en redes sociales, en el que ironiza sobre el eje del escándalo: la famosa cascada que Adorni mando a construir en la casa de fin de semana en la que habría invertido 245.000 dolares para dejarla a nuevo.
En su posteo en X, Lemoine se pregunta en tono desafiante: “¿A esto llaman cascada?”. Y muestra la foto de una pileta con un escalón ironizando sobre que eso no es “una cascada”. Milei no agregó palabras propias. No hizo falta. El reposteo alcanzó como señal política. Como respaldo absoluto a su Jefe de Gabinete de Ministros, quien a pesar de estar sospechado de enriquecimiento ilícito no parece correr riesgo de ser expulsado del Gobierno, como si ocurrió con otros funcionarios de esta gestión.
A partir de ahí, los hechos. Los datos duros. La trama judicial que avanza. El fiscal Gerardo Pollicita rechazó en las últimas horas el pedido de detención de Manuel Adorni que había impulsado la diputada nacional Marcela Pagano. No consideró que, por ahora, estén dadas las condiciones para una medida de ese tipo. Pero la investigación sigue. Y se mueve.
Este jueves está prevista una declaración clave. El cronograma de testigos continúa con Pablo Feijó, vinculado a deudas declaradas, y también con el administrador del edificio donde Adorni compró un departamento. La causa intenta reconstruir un circuito financiero que, hasta ahora, no cierra.
En paralelo, avanza otro frente. La Justicia ordenó peritar el teléfono de Matías Tabar, el contratista que declaró haber cobrado 245.000 dólares en efectivo (en negro, sin factura a cambio) por refacciones en la casa de Adorni en el country Indio Cuá. El objetivo es concreto: verificar registros de comunicaciones, en especial supuestas llamadas y mensajes de WhatsApp donde el Jefe de Gabinete le habría ofrecido asesoramiento previo a su declaración. Un punto delicado. Porque, de confirmarse, podría implicar interferencia en la investigación.
El dato económico que atraviesa la causa es igual de elocuente. Según la declaración de Tabar, los trabajos se pagaron íntegramente en efectivo, sin facturación ni respaldo documental. Una suma de 245.000 dólares que incluye remodelación integral, pileta, terminaciones y un detalle que terminó sintetizando el caso: una cascada ornamental valuada en 3.500 dólares.
Pero la cifra no aparece aislada. Se suma a otros movimientos que la Justicia ya analiza: operaciones inmobiliarias, préstamos de particulares, cancelaciones de deudas, viajes y otros gastos que no terminan de encajar con los 3,5 millones de pesos que el funcionario gana como salario. Tampoco representaban un aporte tan sustancial los ingresos de Bettina Angeletti, su mujer, que esta inscrita como monotributista.
Pero este caso es una verdadera “matrioska”: cada dia que se abre una cápsula de la muñeca encontramos más y más información comprometedora para el Jefe de Gabinete. Ahora se supo que mientras se realizaban las refacciones, Adorni habría alquilado otra vivienda dentro del mismo country para descansar y desde allí supervisar la marcha de las refacciones. Además, sobre la propiedad en cuestión todavía persisten inconsistencias en registros administrativos que siguen bajo revisión judicial. El expediente crece. Suma piezas. Y empieza a construir una narrativa que incomoda.
Mientras tanto, Adorni sigue ejerciendo como Jefe de Gabinete de Ministros. Reabrió la sala de prensa de la Casa Rosada y ya convoco a una reunión del Gabinete para el próximo viernes en Gobierno.
Porque mientras eso ocurre, la política toma partido. Y lo hace rápido. Antes de que haya definiciones judiciales. Antes de que el caso cierre. Se ordena en defensa o en ataque. Sin matices. Aunque dentro del Gabinete hay incomodidad por la férrea defensa que tanto Karina como Javier Milei han decidido hacer de Manuel Adorni.
“Lo van a bancar a muerte”, reconocen en los pasillos de la Rosada. Pero algunos miembros del Gabinete fruncen el ceño y ponen cara de preocupación cuando tienen que salir a defender lo que muchos consideran que es “indefendible”.
Pero Karina y Javier Milei ya eligieron. Ellos se pararon de un lado de la historia y confían en que el Jefe de Gabinete podrá aclarar las muchas situaciones que lo empujar a sentir sobre su cabeza la larga sombra del enriquecimiento ilícito y a la Justicia respirandole en la nuca.
Tal vez Javier Milei no haya tomado conciencia de cuánto su apoyo a Adorni lo corrió del lugar donde se puso al comienzo de su carrera politica y lo acerca a las practicas mas rancias y habituales de la política tradicional: la de defender a un funcionario solo porque se cree que de esa manera se muestra mas fuerte de cara a la sociedad y ante la oposición. Porque consideran que pedirle a un funcionario que de un paso al costado es señal de debilidad, en lugar de capacidad de autocrítica y sentido común.
La tensión está ahí. En ese cruce. Entre el discurso original y la práctica actual. Entre la promesa de ruptura y la lógica de continuidad. Entre lo nuevo que se anunciaba y lo conocido que empieza a asomar.
El caso Adorni todavía está en desarrollo. Falta mucho. La Justicia dirá.Pero en paralelo, el Gobierno ya habló. Y lo que dijo —sin decirlo— es que, a veces, el poder no cambia tanto como promete.
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