Marcos Peña se refirió al debate del momento, al proyecto que podría prosperar en los próximos meses dentro del Congreso de la Nación: la despenalización del aborto. En ese sentido, el Jefe de Gabinete sostuvo que “no” está a favor, pero que “al estar en un cargo público, se tiene la obligación de mirar la problemática general, que es muy compleja”.
En ese sentido, el funcionario agregó: “(La discusión) tiene muchos grises y debemos debatirlo con madurez”. Y en lo personal confesó: “me cuesta abstraerme de la imagen de escuchar el corazón de mi hijo en la ecografía”.
Asimismo, sostuvo que el Gobierno está empeñado en una campaña, que llevarán adelante los ministerios de Desarrollo Social, Salud y Educación, para evitar los embarazos adolescentes. “Se viene trabajando para tener un abordaje fuerte”, dijo.
Peña afirmó que “es bueno que el Presidente no tenga todo el poder” y subrayó que no cree en los “presidentes todopoderosos”.
Y explicó que el diseño institucional determina los contrapesos, al tiempo que señaló que descree que haya diez poderosos que manejan el mundo, sino que el poder “está más licuado”.
En respuesta a una pregunta, admitió que tuvo su teléfono intervenido, cuando se desempeñaba como legislador porteño, entre 2004-2005.
"Convivimos en la política con la idea de que te están escuchando”, dijo. Y advirtió que “hoy en día la tecnología está más extendida”, por lo cual no solo es estatal. “Muchas veces no se sabe”, dijo.
Luego se debatió con otros invitados la grieta en la sociedad, a lo cual Peña dijo que se debe “pacificar y mirar para adelante”, señalando que hay que dejar de lado algo “típico argentino que es mirar para atrás y buscar quien es el culpable de nuestros males”.
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