Alfonsín ha sido una de las figuras políticas más importantes de la Argentina. Él fue el que produjo varios puntos de inflexión en la historia de nuestro país, de manera que en varios aspectos nos ha dejado una Argentina distinta.

El primer punto de inflexión que produce es que, definitivamente, terminó con la reiteración de golpes de Estado que se sucedieron en la Argentina a partir del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen.

También fue el primer candidato a presidente que terminó con la fantasía de que era imposible derrotar al peronismo en elecciones libres.

Firmó el acuerdo por el canal de Beagle, con lo cual acabó con la historia de los seculares enfrentamientos con la República de Chile, cuando en el pasado, como todos sabemos, estuvimos al borde de una guerra.

Al firmar la constitución del Mercosur con Brasil, también acabó con otras de las hipótesis de guerra tradicionales, inaugurando una relación cualitativamente distinta con nuestro vecino.

El juicio a las Juntas Militares y a los principales dirigentes de la guerrilla, que llevó adelante con la sola fuerza de sus convicciones y el apoyo mayoritario de la ciudadanía, demostró al mundo que era posible terminar con la impunidad para aquellos que habían instalado a la muerte como moneda de cambio de la política.

Al generar una alternativa política que apostara por la vida y no cayera en la perversa seducción de la muerte con la que se pretendió intoxicar a nuestra juventud, salvó a generaciones enteras de un destino fatal. “Somos la vida”, les enseñó a repetir a quienes lo seguían. “Somos la rabia”, repetían otros que se empeñaban en enamorarse de la muerte.

Gracias a su conducción, el radicalismo pasó a constituirse en una pieza clave con la que contar para una defensa de la libertad y de las instituciones democráticas. El cuidado de una justicia independiente y exenta de presiones políticas garantizó la igualdad de los ciudadanos ante la vigencia plena del estado de derecho.

Fomentó el dialogo entre todas las fuerzas políticas, a las que invitó en el esfuerzo a sumarse para la reconstrucción de una Argentina que venía de la tragedia de la violencia que había signado su pasado.

Durante la dictadura, sumó su voz y su militancia a los organismos que luchaban por la defensa de los Derechos Humanos, aún a riesgo de su propia vida.

Cumplió con el sueño de la mayoría de los Argentinos, al entregar la banda presidencial a otro presidente elegido por el pueblo en elecciones transparentes.

Concibió siempre al que pensaba distinto políticamente como un adversario al que había que convencer y no a un enemigo al que había que vencer; lo consideraba como una persona portadora de una dignidad y de un destino trascendente.

Antes de que fuera Presidente lo visité frecuentemente en su domicilio. También durante nuestra gestión nos veíamos allí, en la Casa Rosada o en la Quinta de Olivos. Terminada la presidencia, nos seguimos viendo en la misma casa en donde lo conocí muchos antes que fuera presidente. Era la misma casa en que lo lloramos en el día de su muerte. Su paso por el poder no cambió su austeridad republicana.

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