El sistema de retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias desató con el campo uno de los mayores conflictos de los 12 años y medio de gestión del kirchnerismo.

Hoy se cumplen 10 años del inicio de uno de los mayores conflictos que debió afrontar el kirchnerismo, cuando intentó imponer retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias y desató con el campo uno de los mayores conflictos de su larga gestión de 12 años y medio en el poder.

Ideada por el entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, y aplicada apenas cuatro meses después de que Cristina Kirchner asumiera su primer mandato, la medida se convirtió en motivo de choques de alto calibre que incluyeron gigantescas movilizaciones en rutas de todo el país, algunas con represión incluida.

Proyectando un aumento en el precio de los commodities, la administración kirchnerista se entusiasmó rápido con la idea del entonces joven Lousteau, el ahora líder de ECO.

Lousteau se había convertido en el “niño mimado” del gobernador bonaerense Daniel Scioli, quien lo había nombrado presidente del Banco Provincia, y cuando Cristina fue electa presidenta, la entonces jefa de Estado lo integró al Gabinete nacional.

Tiempo después al funcionario se le ocurrió modificar el sistema de derechos de exportación, introduciendo un esquema móvil, por el cual cuanto mayor fuera el precio internacional de la soja, el girasol y sus subproductos, más alta sería la retención que pasaría a engrosar las arcas del Fisco. Las entidades del agro, enroladas en la Mesa de Enlace, hicieron rápido los números y se dieron cuenta de que en pocos meses miles de millones de dólares pasarían de mano si los pronósticos se cumplían, lo cual puso al campo en estado de ebullición.

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Enseguida se organizaron asambleas en distintos puntos del país, y comenzaron los cortes de ruta, actos de reclamos en las principales ciudades y hasta una multitudinaria marcha a la Plaza de Mayo.

Hubo paros, cacerolazos, movilizaciones y cortes de ruta que pusieron al borde del desabastecimiento al país.

La Resolución 125 impulsó, hasta el presente, la Mesa de Enlace, ya que las entidades agropecuarias que hasta ese momento, se ignoraban, decidieron unirse para enfrentar lo que consideraban un nuevo “arrebato estatal”. Referentes clave de aquellas protestas fueron los presidentes de Federación Agraria, Eduardo Buzzi; Sociedad Rural, Luciano Miguens; Coninagro, Carlos Garetto; y Confederaciones Rurales, Mario Llambías. Algunos analistas sostienen que la Resolución 125 profundizó la denominada “grieta” social y política que fue una de las características predominantes durante los gobiernos kirchneristas y persiste hasta la actualidad.

La sociedad se dividió entre aquellos que apoyaban el modelo kirchnerista de los que defendían el sistema agroexportador. El tratamiento mediático del conflicto -con amplias coberturas de canales de gran audiencia- repercutió en las grandes ciudades y transformó un conflicto sectorial en un tópico de alcance nacional.

Hoy, a las 10:30, integrantes de la Sociedad Rural de San Pedro (Buenos Aires) organizarán un acto en conmemoración del inicio del “conflicto agropecuario” generado por el anuncio del esquema de retenciones móviles.

Todo terminó el 17 de julio de 2008, cuando se produjo la derogación de esta polémica norma en el Senado -había sido aprobada en Diputados- con el “voto no positivo” de desempate del entonces vicepresidente Julio Cobos, quien desde ese día pasó a ser considerado un “traidor” por el kirchnerismo.

Cobos defiende su “voto no positivo”

El ex vicepresidente Julio Cobos está convencido, a diez años del conflicto por la resolución 125, de que su histórico voto en contra del proyecto del Gobierno permitió “pacificar el país” y consideró que si le hubieran dado la posibilidad de gestionar una solución en el Senado el proyecto “hubiera salido de un plumazo”.

En una entrevista con la agencia Noticias Argentinas (NA), el actual senador por Mendoza evitó mencionar a la entonces presidenta Cristina Kirchner y a Néstor Kirchner, pero les atribuyó la responsabilidad por la escalada del conflicto al afirmar que “todos querían arreglar” la encarnizada pelea con las cámaras agropecuarias pero había “inflexibilidad del Poder Ejecutivo”. Durante la charla recordó diálogos y gestiones de aquellos cuatro meses y, especialmente, la sesión del Senado que definió la suerte del conflicto, al tiempo que mencionó a algunos de los protagonistas, entre ellos al radical Emilio Rached, que determinó el empate de la votación que llevó al mendocino a expresar su histórico “voto no positivo”.

- ¿Qué reflexión hace hoy, a la distancia, sobre su voto?

- El voto fue el desenlace de una sucesión de hechos. El tema era sectorial y pasó a ser un tema social, porque había un conflicto social. En la ponderación de mi decisión, primó la búsqueda de pacificar y calmar los ánimos.

- ¿Cree que su voto contribuyó a la paz social?

- Y sí, al otro día se calmó todo. Creo que fue un conflicto absolutamente innecesario. Ya pasó mucho tiempo, pero es algo que se podría haber evitado.

- ¿Cómo se hubiera evitado?

- Cuando se produce la detención de Alfredo de Angeli yo pedí públicamente la intervención del Congreso para solucionar el tema y a los pocos días se resuelve enviar el proyecto, pero el paso siguiente que adopté fue convocar a los gobernadores para ver qué opinaban. Hablé con ellos uno por uno, iban a venir todos, me lo confirmaron, pero después lo vaciaron.

El ex presidente de la entidad cooperativista Coninagro Carlos Garetto, uno de los protagonistas del conflicto entre el Gobierno y el campo en 2008, consideró que fue “un quiebre en la historia agraria argentina”. En diálogo con NA, consideró que Cristina Kirchner encabezó un “Gobierno autoritario que menospreciaba la producción y el campo tratando de apropiarse de la renta y del esfuerzo de los productores”.

“En aquel momento no había canales de diálogo, no había reconocimiento a las entidades y los representantes y dirigentes, ahora los grandes temas se han ido solucionando”, analizó.

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