Durante décadas, esta práctica fue aceptada como una medida de protección, aunque hoy se encuentra en revisión.
En el cuidado de personas con demencia existe una escena que durante muchos años se ha considerado naturalizada, tanto en instituciones como en los propios hogares: el uso de sujeciones físicas para prevenir caídas o manejar determinadas conductas.
Durante décadas, esta práctica fue aceptada como una medida de protección y, aunque hoy se encuentra en revisión, todavía se utiliza en algunos ámbitos. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que atar a una persona no solo limita su movimiento, sino que también expone una forma de cuidado que vulnera su dignidad. Ese enfoque no resuelve los problemas que intenta evitar e incluso puede generar otras complicaciones y mayores riesgos.
En los últimos años comenzó a consolidarse un cambio profundo desde la gerontología: el paso de un modelo reduccionista, en donde solo se pensaba en controlar una “conducta problemática” limitando el movimiento a un modelo centrado en la atención de la persona. Este cambio implica reconocer a la persona en su singularidad, contemplar su historia de vida, sus preferencias y capacidades, promover su autonomía y adaptar el entorno y las prácticas de cuidado a sus necesidades reales.
En ese marco, el cuidado libre de sujeciones deja de ser una decisión aislada para convertirse en una consecuencia natural de una forma distinta de cuidar.
Mara Maslavski, miembro del Programa Desatar al Anciano de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría (SAGG), informó que “más del 80 por ciento de los residentes pueden mantener (o mejorar) su nivel de funcionalidad en actividades de la vida diaria cuando se aplican intervenciones terapéuticas y ambientales adecuadas, aún incluso en enfermedades progresivas como las demencias”.
Estudios evidencian que la adaptación del entorno y la personalización de los cuidados tienen un impacto directo en la reducción de la dependencia, favoreciendo mayores niveles de autonomía y participación en la vida cotidiana.
Gastón Ríos, Gerente Institucional de la residencia Manantial, explicó que las sujeciones aparecen cuando no se logra comprender lo que la persona necesita. “Cuando uno se levanta constantemente, grita o se resiste a un cuidado, muchas veces estamos frente a una necesidad no comprendida: dolor, miedo, desorientación o simplemente falta de estímulos significativos”, revelo.
Residencia Manantial es la primera institución de América Latina en acreditarse como Centro Libre de Sujeciones por la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), una organización referente a nivel internacional en este modelo.
Las demencias afectan la forma en que las personas interpretan el mundo que las rodea. Por eso, el entorno puede transformarse en un facilitador o en un desencadenante. Un ambiente adecuado permite favorecer la autonomía, evitar situaciones potencialmente peligrosas y promover la interacción con lo que sí es seguro, al mismo tiempo que contribuye a disminuir la ansiedad, la desorientación y los trastornos conductuales.
Por eso, uno de los ejes de trabajo en una residencia que se especializa en demencias tiene que estar en adaptar el entorno físico y social, para facilitar por medio de apoyos personalizados a las personas orientarse, participar de actividades y mantener sus capacidades el mayor tiempo posible.
“Cuando el entorno está bien diseñado, muchas de las conductas que preocupan dejan de aparecer o disminuyen significativamente”, subrayó Ríos.
La gerontología propone entender los llamados “trastornos conductuales” desde otra perspectiva. En lugar de verlos como un problema a controlar, se busca comprender qué necesidad está expresando la persona.
Muchas de estas conductas aparecen cuando el entorno no acompaña, las rutinas se rompen o las intervenciones no están alineadas con la historia de vida.
El objetivo no es que las personas se adapten a la institución, sino que la institución —o el cuidado— se adapte a las personas; cuando se trabaja desde la comprensión, muchas conductas dejan de ser un problema.
Las sujeciones suelen aparecer a partir de una premisa que hoy sabemos que es errónea: la idea de que inmovilizar a una persona facilita su seguridad.
En la práctica, muchas veces se utilizan para prevenir caídas o para manejar conductas que resultan difíciles de abordar. Sin embargo, la evidencia muestra que estos problemas pueden trabajarse de otra manera, sin recurrir a la inmovilización.
El modelo de trabajo de Residencia Manantial puede trasladarse, con adaptaciones, a los hogares donde familias acompañan a personas con deterioro cognitivo.
Para prevenir caídas y generar un entorno más seguro:
- Mantener camas bajas o regulables.
- Evitar el uso de barandas que puedan generar mayor riesgo o intentos de escape inseguros.
- Eliminar obstáculos como alfombras sueltas o mobiliario que dificulte el desplazamiento.
- Favorecer la circulación segura, permitiendo caminar en entornos controlados.
- Mejorar la iluminación y las referencias visuales, para facilitar la orientación.
Para reducir y abordar los trastornos conductuales sin sujetar:
- Respetar la historia de vida: sostener rutinas, horarios y preferencias.
- Anticipar y explicar cada acción, especialmente en actividades sobre el propio cuerpo, como el baño.
- Adaptar la forma de realizar los cuidados. Por ejemplo, en el baño, respetar tiempos, verbalizar las acciones, brindar seguridad y evitar intervenciones bruscas que puedan generar rechazo.
- Proponer actividades significativas, que estimulen la funcionalidad y reduzcan la agitación.
- Interpretar la conducta como una forma de comunicación, no como un problema a eliminar.
- Priorizar intervenciones no farmacológicas antes de recurrir a medicación.
No se trata de aplicar todo al mismo tiempo, sino de entender que muchas situaciones que hoy se viven como problemáticas pueden abordarse desde otro lugar.
Un modelo que transforma el cuidado
El cuidado libre de sujeciones no depende únicamente de técnicas clínicas. Requiere formación, trabajo en equipo y una cultura que priorice la dignidad por sobre la comodidad operativa.
Desde una mirada de gestión, la calidad del cuidado no es casual. Es el resultado de decisiones organizacionales, de cómo se forman los equipos y de qué lugar ocupa realmente la persona en el proceso de toma de decisiones.
Cuando una institución —o una familia— decide cuidar sin sujetar, no está solo cambiando una práctica. Está cambiando la forma de entender el cuidado.
Y ese cambio empieza por algo simple, pero profundo: volver a ver a la persona antes que el diagnóstico.