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Vivir en las ciudades nos resulta cómodo porque tenemos fácil acceso a diversos servicios como medios de transporte, negocios, lugares de espacimiento y almacenes que nos sacan del apuro cuando nos quedamos sin lo necesario. Más allá de esto, también es cierto que el ritmo que imponen las ciudades, el caos del tránsito, la cantidad de gente que circula diariamente y los ruidos, entre otros factores, las convierten en lugares bastante estresantes.

Si bien resulta complejo estudiar los efectos de la vida en grandes ciudades sobre la salud mental, las investigaciones realizadas revelan que la población urbana tiene mayor riesgo de padecer afecciones psicológicas y psiquiátricas. Así es que la depresión, los trastornos de ansiedad e, incluso, afecciones mayores como la esquizofrenia suelen ser más frecuentes en estos entornos. Son muchos los factores ambientales y biológicos que interactúan para explicar por qué la vida urbana puede asociarse con trastornos mentales. Algunos de ellos son los siguientes:

* Las condiciones de vida estresantes: el ritmo, la intensidad y las condiciones de trabajo, la competitividad excesiva, el exceso de estimulación y ruido, los déficits en el descanso y el sueño, etc.

* La interacción entre el estrés ambiental y la vulnerabilidad biológica: en personas que tienen ciertas predisposiciones genéticas (por ejemplo, a la depresión o la inestabilidad del ánimo, como el trastorno bipolar), el estrés podría actuar como un fuerte factor de desestabilización.

* El exceso de sedentarismo y la mala alimentación, que afectan el sistema cardiovascular y, en consecuencia, el sistema nervioso, por la fuerte conexión que existe entre corazón y cerebro.

* El aglutinamiento y el hacinamiento urbano en condiciones socioeconómicas difíciles son un factor multiplicador para la expresión de dificultades en la salud mental (incluyendo factores de riesgo como ser las experiencias de violencia, abuso y maltrato, la exposición temprana a sustancias tóxicas, la desnutrición infantil, etc.).

* El efecto estresante y a veces traumático de las migraciones a las grandes ciudades.

* También se especula que podría incidir la exposición temprana a agentes patógenos (por ejemplo, infecciones virales) que no evidencian inicialmente grandes efectos visibles, pero que afectan el neurodesarrollo y que luego hacen una explosión de dificultades en etapas más tardías.

Es necesario tener en cuenta todo esto, aprovechar las potencialidades que nos brindan vivir en las grandes ciudades y, en la medida de las posibilidades, vivir de manera saludable.

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