La pandemia nos lleva a darnos cuenta más que nunca de que el conocimiento es nuestra arma más eficaz ante otras grandes amenazas de nuestro tiemp

Estamos viviendo por estas semanas algo sin precedentes: nunca antes una enfermedad se expandió tan rápidamente y nunca antes estuvimos tan interconectados. Este proceso nos lleva a darnos cuenta más que nunca de que el conocimiento es nuestra arma más eficaz ante otras grandes amenazas de nuestro tiempo, como la ignorancia, las mentes sesgadas, los prejuicios, la incomprensión del otro.

Tenemos que estar atentos a que esta situación no saque lo peor de la especie humana: el individualismo, el totalitarismo, la restricción de libertades. El enorme temor que genera este nuevo virus en las sociedades crea un peligroso caldo de cultivo para la reaparición de movimientos y regímenes antidemocráticos. La vacuna contra ello es siempre más democracia, anclada en la pluralidad, el respeto y los buenos ejemplos. Debemos estar alertas y comprometernos para que esta experiencia nos devuelva una mejor sociedad y no una más amenazante.

Las decisiones que tomemos ahora van a impactar en los próximos meses y en nuestro futuro como país. Es hora de usar los recursos de forma estratégica y transparente para prepararse para lo que viene. Se trata de potenciar al máximo los recursos económicos de los Estados y las sociedades; y también nuestras capacidades humanas que son el conocimiento, la creatividad, la solidaridad. Por fin, debemos darnos cuenta de que estamos en el mismo barco y terminar con las miserias que nos enfrentan y nos hacen perder tiempo y energía.

Hoy debemos tratar con todas nuestras fuerzas de vencer al virus. Y luego todos deberemos reconstruir el mundo después de la pandemia. Y a nosotros, los argentinos, nos va a tocar reconstruir nuestro país. Tendremos que ocuparnos de una vez por todas de que nadie tenga menos oportunidades que otros de comer bien, de cuidar su salud, de educarse y trabajar para alcanzar todo su potencial. Tendremos que prestar principal atención a quienes más sufrieron -y sufren- las consecuencias de esta tragedia. Tendremos que enfocar nuestra inversión y estímulo a lo que -hoy se ve más que nunca- representa el capital más importante para el desarrollo y también para superar las crisis, que son la ciencia, la tecnología y la educación.

No existen soluciones sólidas y duraderas a las grandes problemáticas que enfrentamos solamente con buena voluntad, con garra o con picardía, sino, y fundamentalmente, con estrategia, con gente entrenada y experta. Tenemos una oportunidad histórica de pensar juntos cómo queremos que sea la Argentina del día después.

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