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En cada descubrimiento y en cada desarrollo tecnológico podemos ver el valor transformador que tiene la ciencia. En estos días, al cumplirse 150 años del nacimiento de una científica que revolucionó el conocimiento, podemos homenajear, en su nombre y en su historia de sacrificios, pasiones y logros, a tantos que contribuyen a que las personas y las comunidades vivan mejor.

La vida de Marie Curie es ejemplo de la pasión por el conocimiento. El gran aporte que permitió el avance de la ciencia de la época, el descubrimiento del polonio (llamado así por su querido país de origen) y del radio, se ve hoy reflejado, entre otras cosas, en las técnicas para el diagnóstico por imágenes, las cirugías guiadas a través de Rayos X y la prevención de enfermedades que la radiología moderna posibilita. Su trabajo científico le costó su salud, porque la exposición a la radiación que experimentó por las investigaciones que realizaba le produjo una enfermedad que la llevó a su muerte.

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Su vida es inspiradora por la fortaleza con la que se sobrepuso a los diversos obstáculos que sufrió. Sus inicios en la carrera científica no fueron sencillos. Primero tuvo que asistir a una universidad clandestina en Varsovia porque allí estaba prohibido que las mujeres estudiaran en la universidad. Luego tuvo que emigrar a París, donde asistió a la Universidad de la Sorbona para estudiar Física y Ciencias Matemáticas. Allí trabajó como institutriz para poder enfrentar los gastos de la vida en un país extranjero. Ya graduada, junto a su marido llevó a cabo las investigaciones sobre la radiación. Fue ella la primera en utilizar este término. Pionera en todo, fue la primera docente universitaria de la Universidad de París y no solo fue la primera mujer en ganar un premio Nobel, sino que fue la primera en la ciencia en obtener dos Premio Nobel en disciplinas diferentes, la Química y la Física.

Tuvo que trabajar más duro para ser reconocida debido a las desigualdades de género. Primero para poder estudiar, luego para trabajar en el laboratorio, dar clases y, por supuesto, obtener el reconocimiento. Sin embargo, nunca disfrutó de lujos una vez que recibió el premio. Bregó por una ciencia abierta a la comunidad. En consecuencia, se negó a patentar sus hallazgos científicos. Así, dejó libres a la comunidad científica sus descubrimientos. Con ese mismo objetivo, promover el conocimiento, fundó el Instituto Curie en París, referente en las investigaciones y la atención contra el cáncer.

Como Marie Curie, debemos estar cada vez más convencidos de que el desarrollo de la ciencia debe ser prioritario y estar al servicio de las personas. Debemos asimismo entender que la educación y el conocimiento son la principal herramienta que permite transformar la comunidad. Porque una sociedad basada en el conocimiento promueve la equidad social, el bienestar general y una mejor calidad de vida.

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