Empresas de China y Estados Unidos lanzaron robots humanoides capaces de conversar, recordar interacciones y simular vínculos emocionales. El mercado apunta a personas que viven solas y buscan compañía permanente.
Los robots de compañía impulsados por inteligencia artificial dejaron de ser un concepto de ciencia ficción para convertirse en un producto comercial. Empresas de China y Estados Unidos ya ofrecen humanoides diseñados para mantener conversaciones, recordar experiencias compartidas y adaptarse a las preferencias de cada usuario, con el objetivo de ocupar un espacio cada vez más asociado a la compañía emocional.
La tendencia gana fuerza en un contexto marcado por el aumento de la soledad en las grandes ciudades. Según las compañías que impulsan estos desarrollos, una parte creciente de la población reporta dificultades para establecer vínculos afectivos estables, una situación que abrió un nuevo mercado para tecnologías orientadas a la interacción social personalizada.
Uno de los casos más recientes es el de Uworld, la línea de robots humanoides presentada por la firma china Ubtech. Los dispositivos incorporan inteligencia artificial emocional, memoria para reconocer a sus interlocutores y capacidades de movimiento que buscan reproducir gestos humanos como el parpadeo, el movimiento de cabeza o el desplazamiento autónomo.
La respuesta inicial del mercado fue inmediata. Durante los primeros diez días de preventa, la compañía informó más de 3.800 reservas de sus robots, que por el momento pueden apartarse mediante un depósito previo. El lanzamiento comercial definitivo está previsto para fines de junio y la empresa apunta especialmente a adultos jóvenes y personas solteras.
En paralelo, la compañía estadounidense Realbotix presentó a "Aria", un robot humanoide femenino concebido como una “compañera emocional”. A diferencia de otros productos asociados históricamente a la industria de las muñecas sexuales, la empresa sostiene que el foco de Aria está puesto en la conversación, el reconocimiento de usuarios y la construcción de interacciones continuas en el tiempo.
El sistema integra cámaras en los ojos para identificar rostros y objetos, además de software capaz de almacenar información de conversaciones previas. De esa manera, el robot puede mantener intercambios personalizados y generar una sensación de continuidad entre distintas interacciones con una misma persona.
La apuesta tecnológica también se refleja en su diseño físico. "Aria" cuenta con componentes intercambiables y una estructura modular que permite modificar partes del cuerpo o el rostro. Realbotix incluso avanzó en una separación corporativa entre sus divisiones de robots sociales y productos para adultos, en un intento por ampliar su llegada a nuevos mercados e inversores.
Los precios muestran que, por ahora, se trata de un segmento orientado a consumidores de alto poder adquisitivo. El modelo completo de Aria ronda los 175.000 dólares, mientras que existen variantes más reducidas y versiones diseñadas para acompañar al usuario durante viajes o desplazamientos frecuentes.
Más allá del interés comercial, la expansión de estos robots abrió un debate entre especialistas en salud mental y tecnología. Diversos investigadores advierten que la posibilidad de establecer vínculos con sistemas que ofrecen atención constante y respuestas adaptadas a cada usuario podría modificar la forma en que algunas personas se relacionan con otros seres humanos.
Mientras la industria presenta estos dispositivos como herramientas de compañía y asistencia emocional, los expertos señalan que todavía existen interrogantes sobre su impacto a largo plazo. Lo que ya parece fuera de discusión es que los robots diseñados para simular relaciones afectivas dejaron de ser una promesa futurista y comenzaron a transformarse en un nuevo negocio tecnológico global.