Superó los 344 mil jugadores simultáneos en Steam y, con más del 87% de reseñas positivas en la plataforma, demostró que el diseño clásico todavía vende.
El estreno de Resident Evil Requiem no solo marcó un récord absoluto para la saga en PC, sino que además consolidó algo menos frecuente en la industria actual: la sensación de estar ante un lanzamiento verdaderamente relevante. En su primer fin de semana, el título de Capcom alcanzó 344.214 jugadores simultáneos en Steam, superando todas las marcas previas de la franquicia dentro de la plataforma de Valve.
El registro dejó atrás incluso a producciones multijugador consolidadas como Destiny 2 y Monster Hunter: World en el ranking de concurrentes. Se trata de un salto histórico frente a los picos anteriores: Resident Evil 4 había alcanzado 168.191 jugadores, Resident Evil Village llegó a 106.631, mientras que Resident Evil 2, Resident Evil 3 y Resident Evil 7: Biohazard quedaron muy por debajo. Requiem prácticamente duplica e incluso triplica los mejores números anteriores de la serie, consolidando su impacto en PC.
El desempeño comercial estuvo acompañado por una recepción crítica y de usuarios igualmente favorable. El juego debutó con más del 87% de reseñas positivas en Steam, reflejo de una experiencia estable y pulida desde el lanzamiento. En un contexto donde muchos estrenos recientes arrastran problemas técnicos o se perciben incompletos, Requiem destacó por ofrecer un producto cerrado, coherente y técnicamente sólido desde el primer momento.
Los comentarios de la comunidad subrayan el equilibrio entre acción y terror, la posibilidad de alternar entre primera y tercera persona y la manera en que la narrativa retoma los hechos de Raccoon City sin depender únicamente de la nostalgia. La sensación dominante no es solo la de estar ante un candidato a “GOTY”, sino frente a un título especial, relevante y memorable.
Uno de los aspectos más comentados es que Resident Evil Requiem no inventa prácticamente nada nuevo en términos estructurales. Su diseño responde a los principios tradicionales del survival horror que la saga consolidó desde la era de la Mansión Spencer. Sin embargo, esa aparente falta de innovación se convierte en virtud gracias a una ejecución milimétrica y consciente.
El Hospital Rhodes Hill funciona como ejemplo paradigmático. Su construcción espacial, el uso de llaves y objetos icónicos como fusibles, y la presencia de amenazas persistentes remiten a esquemas clásicos del género. En la sección del sótano, jugada con Grace tras el prólogo en el hotel, el planteamiento es sencillo: recorridos reiterados por un mismo pasillo, un puzle estructurado en torno a un objeto clave y un enemigo aparentemente inmortal que obliga a rodeos estratégicos activados por scripts bien medidos. Sobre el papel es un diseño académico; en la práctica, el nivel técnico, sonoro y jugable lo transforma en una secuencia angustiosa y altamente efectiva.
Esa es la paradoja que define a Requiem: permite al jugador experimentado reconocer cada engranaje de diseño y anticipar funciones, sin que ello disminuya la tensión o el impacto emocional. La transparencia estructural no rompe la inmersión; por el contrario, la refuerza.
La historia introduce a Grace Ashcroft, analista del FBI, y vuelve a colocar en el centro de la escena al veterano Leon S. Kennedy. La investigación de una serie de muertes inexplicables en Estados Unidos los conduce a un hotel abandonado del Medio Oeste, escenario que conecta con traumas pasados y con el legado de Raccoon City.
Con Grace, la experiencia enfatiza la gestión estricta de recursos y la toma de decisiones tácticas, mientras que con Leon el combate se expande con mayor dinamismo, armas variadas y opciones cuerpo a cuerpo. Ambas vertientes comparten una misma filosofía de diseño: respeto por los fundamentos del género y ausencia de artificios innecesarios.
El resultado es un título que, sin proclamarse revolucionario, logra algo más difícil en la industria contemporánea: ofrecer una obra coherente, técnicamente robusta y emocionalmente significativa. Resident Evil Requiem demuestra que la innovación no siempre pasa por inventar nuevas reglas, sino por ejecutar las existentes con precisión, atención al detalle y una identidad clara.
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