Las deserciones de Armani y Pavón para integrar la Selección invocando "dolores" remite a conductas desalentadoras que tienden a imitarse; el modelo que se proyecta y se extiende

El arquero de River Franco Armani y el puntero de Boca Cristian Pavón quedaron afuera del plantel de la Selección que este jueves se enfrentará a Irak y el próximo martes a Brasil en Arabia Saudita.

Tanto Armani como Pavón se prestaron y protagonizaron una penosa estrategia de los dos clubes más grandes de la Argentina, planteando desde la mentira que se encontraban “doloridos” con el propósito de no participar de los dos encuentros de la Selección y esperar los cruces por semifinales de la Copa Libertadores que River tiene ante Gremio y Boca frente a Palmeiras.

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Estas actitudes criticables de los dos jugadores no pueden pasarse por alto en nombre de ningún compromiso importante con sus clubes. Si estas conductas nada profesionales revelan algo en particular es una absoluta falta de compromiso con la Selección.

Atajadas de Armani en River

Decir que fueron presionados por los dirigentes de River y Boca o por los entrenadores, no los exime de la responsabilidad que no asumieron. Y es falso que los jugadores son siempre el eslabón más débil. O que en todos los casos son rehenes de decisiones ajenas a su voluntad. Porque cuando tienen que presionar para desvincularse de un club por una oferta económica o futbolística que consideran irresistible, lo hacen sin pensar demasiado lo que quedó atrás. Un ejemplo muy reciente lo expresó Mauro Zárate cuando atrapando la urgencia abandonó Vélez dejando un tendal de afectos y relaciones por el camino para arribar a Boca.

En definitiva, los jugadores (igual que cualquiera de nosotros en cualquier actividad) van construyendo su presente y su futuro a partir de sus determinaciones. No pueden transferir responsabilidades propias como si fueran chicos en edad escolar. La realidad es que Armani y Pavón prefirieron no ir a la Selección. Por lo menos en esta oportunidad. En otra circunstancia y en otro contexto, quizás elegirán ir. Como si la Selección hoy podría salir de la esfera y mañana consagrarse como un amor incondicional por esa camiseta. Habría que reconfirmar que la hipocresía no es bien recibida en ningún escenario. Tampoco en el fútbol.

Por otro lado, que Lionel Messi vaya y venga de la Selección de ninguna manera es un ejemplo que hay que reivindicar. Por el contrario; aporta a la gran confusión. Y genera confusión. Si él, que suele decir y repetir desde hace muchos años que la Selección es un territorio entrañable y elige cuando, como y con quien regresará después del colapso en Rusia 2018, ese aporte ambiguo lo único que denuncia es una importante dosis de oportunismo. Suena feo manifestarlo, pero es así.

Messi, naturalmente, no es un jugador más. Es el jugador representativo de una época. El que despierta admiración de sus colegas y hasta algo muy sensible a la imitación. Si el mejor juega y no juega en la Selección según sus intereses y sus estados de ánimo, no es una conducta que pasa desapercibida. O que aquellos futbolistas que lo observan no lo registran.

Armani y Pavón también decidieron no formar parte del viaje a Arabia Saudita porque entre otras cosas el vínculo con la Selección de las grandes figuras (la mención a Messi es inevitable) aparece agarrado con alfileres.

Ese modelo no deseable se proyecta y se extiende. La Selección, mientras tanto, continúa debilitándose. Se desjerarquizó la institucionalidad de la Selección. Por eso cuando pueden borrarse, más de uno transita por ese camino.

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