Haciendo una radiografía exhaustiva del contexto actual del pugilismo nacional de alto nivel, tras el triunfo de Brian Castaño del sábado pasado en Francia, lo que se viene para nuestros cracks es una encrucijada: ¿arriesgar o conservar? La historia invita a actuar con prudencia, para que las vacas flacas no se devoren a las gordas.

Propongamos un juego. Una radiografía hasta los huesos del primer nivel del boxeo argentino. Un análisis que penetre lo periférico, para poder ver por dentro lo que no se advierte por fuera, o tener más claridad sobre lo que vendrá a corto plazo.

La idea es que sea sobre nuestros campeones mundiales, habida cuenta del brillante triunfo de Brian Castaño el sábado pasado en Francia ante Cedric Vitu, donde retuvo su corona superwelter AMB.

Y juntarlo con lo hecho en enero por Lucas Matthysse, cuando conquistó la faja welter, curiosamente también de la AMB, aunque en este caso un cetro vacante frente a Tewa Kiram.

Castaño y Matthysse son los dos únicos monarcas ecuménicos que posee nuestro país, a los que se les puede sumar Omar Narvaes en abril (gallo OMB), y quizás -aunque con menos probabilidades-, Jesús Cuellar el mismo día (21 de abril), con un compromiso más difícil ante Gervonta Davis por el superpluma vacante, oh casualidad, también de la AMB.

Sin embargo, si uno aplica el rigor estadístico y toma un campeón por cada entidad –como debería ser-, se encontrará con que por la AMB, quien reina en superwelter -para todos los organismos- es el cubano Erislandy Lara, y en welter el yanqui Keith Thurman, ambos supercampeones del mismo organismo (AMB).

O sea que ni Matthysse ni Castaño en realidad figuran como verdaderos monarcas mundiales para el boxeo de máxima elite, al menos en las distintas entidades, ni tampoco en los celosos papeles de los estadígrafos ortodoxos.

Perdón; sólo la FIB reconoce en sus listados a Castaño en superwelter –ignoramos qué hace con el cubano Lara y por qué lo excluye-, incongruentemente con lo que hace en welter con Matthysse, donde figura Thurman como campeón, en ambiguo criterio.

La discusión quedará inmersa en el razonamiento objetivo de cada cual, sin banderías que condicionen el análisis. Y cada quien sabrá en su fuero íntimo cuál de los dos campeones debiera considerarse el verdadero titular, si el supercampeón, o el regular. Problemas que surgen de estas confusas políticas de considerar a más de un rey por división.

Lo curioso es otra cosa. Tanto Matthysse como Castaño, por diferentes y entendibles razones, que resultan de comprensibles pretensiones, tienen como honorable objetivo pelear en breve contra los mejores, o más precisamente con los más encumbrados, sean o no quizás los mejores, para así asegurarse suculentas bolsas.

Matthysse, porque sabe que sobre el final de su carrera ya no tiene demasiado tiempo para especular, y Castaño por todo lo contrario, porque aun perdiendo tiene tiempo de recuperarse y que todo forme parte de su aprendizaje, experiencia y fogueo internacional.

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En ese enaltecedor camino Lucas busca –como resonó esta última semana, pero lejos de concretarse todavía- como objetivo central un choque contra el filipino Manny Pacquiao, o mejor dicho, al revés: Pacquiao es quien busca un cruce contra él, que es el flamante monarca y tiene un prestigio bien ganado en USA además de una corona regular.

Y Matthysse muere por aceptar, sólo que le ofrecieron poca plata –a su entender- y pelear extrañamente en Malasia en vez de en USA.

El Boxi, en cambio, quiere –o debe- ir contra el ganador entre el cubano Lara y el invicto monarca superwelter FIB, el estadounidense Jarret Hurd, que se cruzarán a principios de abril.

Mas lo elogiable es que él declara a cada rato –y con insistencia- que quiere probarse ante los mejores, porque siente que llegó su hora.

Y a como viene la mano, tanto una como otra pelea dan la sensación de poder concretarse en breve, a no muy largo plazo, incluso dentro de este 2018.

La pregunta es: ¿están Matthysse y Castaño capacitados para salir airosos de estos compromisos, o serán cruces convenientes sólo para sus cuentas bancarias y egos personales?

Aclaremos: celebraríamos que ambas peleas se hicieran, por bien del boxeo, de ellos y de los fanáticos del deporte de los puños, pero a decir verdad, la lógica indica que no serían los favoritos. Y que de realizarse, el boxeo argentino quedará otra vez huérfano de campeones mundiales, salvo que gane Omar Narvaes el mes que viene ante el sudafricano Zolani Tete.

Pero Narvaes tiene 42 años…

Cuidado. Matthysse y Castaño son excelentes monarcas y figuras dentro del pugilismo nacional, incluso internacional, aunque el Boxi recién va camino a eso. Pero sus reinados pueden resultar más efímeros que sus famas y condiciones, dentro de este contexto que el destino les está obligando a atravesar.

Deberán tenerlo en cuenta ellos y nosotros, los espectadores y amantes del boxeo argentino. Tanto como cuando una economía interna está floreciente pero tiene por delante peligrosos gastos que afrontar, que pueden redundar en exitosos negocios, o en bancarrotas.

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