La Selección de Qatar empató 1-1 en San Francisco después de pasar casi todo el partido defendiendo. No ganó ni brilló, pero logró algo que parecía imposible.

Qatar dio la primera sorpresa de este Mundial. Hace 4 años cuando organizó la Copa del Mundo soñó con llevarse algo, pero lo único que pudo festejar de su primera incursión en la máxima cita del fútbol del planeta fue marcar un gol. Hoy en Santa Clara, California, casi 70.000 personas fueron testigos de un hecho histórico. A los 95 minutos, Boualem Khoukhi, marcó el 1 a 1 final del conjunto asiático frente a Suiza y así llegó la primera unidad en los mundiales.

Durante más de noventa minutos, el partido pareció una demostración práctica de por qué Suiza suele ser una presencia habitual en los Mundiales y Qatar todavía es un invitado ocasional. Uno atacaba, elaboraba y acumulaba situaciones. El otro resistía, despejaba y sobrevivía. Sin embargo, cuando el árbitro marcó el final en el Estadio de la Bahía de San Francisco, el marcador decía 1-1 y la sensación era que el fútbol había vuelto a burlarse de toda lógica.

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La selección asiática había participado por primera vez en Qatar 2022 gracias a su condición de anfitriona. Aquella aventura terminó de la peor manera posible: tres derrotas en tres presentaciones y apenas un gol convertido. Cuatro años después, ya clasificada por mérito deportivo y lejos de su territorio, encontró un premio inesperado y escribió la página más importante de su corta historia mundialista.

Lo curioso es que lo hizo jugando un partido que estuvo cerca de perder de principio a fin.

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El claro dominio de Suiza

Suiza monopolizó la pelota, dominó los espacios y generó las mejores ocasiones. La posesión llegó a rozar el 75 por ciento para los europeos, que además se adelantaron en el marcador gracias a un penal convertido por Breel Embolo a los 15 minutos del primer tiempo.

Todo indicaba que la diferencia sería cuestión de tiempo. Pero apareció la figura del arquero Mahmoud Abunada, responsable de mantener con vida a su equipo cuando el encuentro amenazaba con transformarse en goleada. El guardameta sostuvo a Qatar con una serie de intervenciones decisivas y alimentó una esperanza que parecía más emocional que futbolística.

Porque el equipo dirigido por Julen Lopetegui mostró muchas de las limitaciones que lo acompañan desde hace años. Le costó salir de su campo, casi no pudo asociarse en ataque y dependió de pelotazos aislados para acercarse al área rival. Sin embargo, tuvo una virtud que en los Mundiales suele ser tan importante como el talento: nunca se entregó.

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Mientras Suiza desperdiciaba oportunidades para liquidar el partido, Qatar seguía respirando. Y cuando un rival sigue vivo, el fútbol suele volverse peligroso.

La sentencia llegó en el tiempo agregado. Un centro cayó sobre el área europea, la defensa suiza volvió a exhibir las dudas que había mostrado durante toda la noche y Boualem Khoukhi apareció para conectar de cabeza y desatar una celebración histórica. En cuestión de segundos, el seleccionado asiático pasó de una derrota previsible a un empate inolvidable.

La historia de Lopetegui

El resultado también tuvo un significado especial para el entrenador Julen Lopetegui. Ocho años atrás, un 13 de junio, era despedido de la selección española en vísperas del debut en Rusia 2018 por haber acordado su llegada al Real Madrid. Aquella historia quedó marcada como uno de los episodios más traumáticos de su carrera. Ahora, también un 13 de junio, encontró una pequeña revancha en el escenario menos pensado al frente como entrenador de la Selección qatarí.

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Para Suiza, en cambio, el empate deja más preocupaciones que certezas. Confirmó que posee recursos ofensivos, circulación y variantes para competir en el grupo, pero también que sus problemas defensivos pueden costarle caro. Dominó durante casi todo el encuentro, generó situaciones suficientes para ganar con comodidad y terminó dejando escapar dos puntos que parecían seguros.

Qatar probablemente siga siendo uno de los equipos más modestos del torneo. El empate no cambia esa realidad. Pero los Mundiales también se construyen con historias mínimas. Y para una selección que hasta ahora sólo había acumulado derrotas, rescatar un punto cuando todo indicaba lo contrario equivale a una victoria.

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