En la comparación con 2015, el año pasado cerró con una disminución del 13 por ciento y del 7,5 por ciento con relación al que registró mayor actividad, que fue durante 2011

La actividad industrial acumuló, a lo largo de todo 2019, una caída del orden del 6,3 por ciento, convirtiéndose de esta manera en la segunda merma anual consecutiva, de acuerdo a lo que informó la Unión Industrial Argentina (UIA).

Según la entidad empresaria, 2019 finalizó con una caída de la producción industrial de 13 por ciento respecto de 2015 y de 7,5 por ciento con relación al máximo del año 2011. En el mes de diciembre -puntualizó la UIA- la actividad industrial tuvo una variación de negativa del 1,4% interanual y de -0,1% mensual en la medición desestacionalizada.

En términos per cápita (computando el crecimiento vegetativo argentino) la caída de todo el año pasado, respecto de la verificada en el año 2011, fue de 24 por ciento. "La industria necesitaría 10 años seguidos de suba al 4 por ciento anual para recuperar este nivel", graficó el informa de la Unión Industrial Argentina.

Para la central fabril, este resultado "refleja la fuerte contracción de la demanda interna con una caída del consumo privado del 7,8 por ciento (acumulado en tres trimestres del año 2019) y del bajo dinamismo del mercado externo en un escenario de gran volatilidad macroeconómica con presión sobre el tipo de cambio, la inflación, la tasa de interés y los costos energéticos, tributarios y logísticos".

Los números crueles

La caída interanual fue mayor en el primer trimestre del año (9,6 por ciento) por la mejor base de comparación que había dejado el primer trimestre del año 2018, antes del primer salto cambiario.

Luego, la caída se estabilizó en torno al 4 por ciento o 5 por ciento entre el segundo y tercer trimestre y finalmente se moderó a 2,7 por ciento en el cuarto, ya con una muy baja base de comparación anterior.

El rebote que se esperaba para la segunda parte del año no llegó por el impacto de la devaluación de agosto 2019 y el estrés financiero desatado luego del reperfilamiento de la deuda del Tesoro y la fuerte suba de las tasas de interés, de acuerdo con el informe.

En particular, la industria automotriz fue la que más se contrajo en 2019, al registrar una caída de 32,5 por ciento y alcanzar el nivel de producción más bajo desde el 2005. La contracción del año pasado se vinculó principalmente con una fuerte reducción de las ventas al mercado interno (-48 por ciento) y con caída de las exportaciones (-17 por ciento).

Comercio exterior

En cuanto al comercio exterior, el año pasado operó con una disminución de las exportaciones de manufacturas del orden del 0,7 por ciento en la comparación interanual.

En tanto, subieron las manufacturas de origen agrícola (tanto de carnes como de oleaginosas y cereales luego de la sequía que tuvo lugar durante el 2018), mientras las de origen industrial cayeron 6,8 por ciento en el año. Las mayores caídas se apuntaron por vehículos (12,9 por ciento), productos químicos y conexos (11 por ciento), metales comunes (7,3 por ciento) y materias plásticas (22,1 por ciento); a su vez, las dirigidas hacia Brasil cayeron 11% en el año.

La Unión Industrial Argentina detalló además que pese al débil desempeño de las exportaciones industriales, el año cerró con superávit comercial de 15.990 millones de dólares, el más alto desde 2009, como consecuencia de la fuerte caída de las importaciones que se contrajeron 25 por ciento en 2019.

Por su parte, la utilización de la capacidad instalada de la industria reflejó la dinámica contractiva de la actividad, al alcanzar en promedio 59,4 por ciento (o sea unos 3,6 puntos por debajo de 2018).

En el plano laboral, el empleo asalariado privado en la industria acumula una contracción promedio de 5 por ciento interanual con datos a noviembre de 2019 (58,7 mil puestos menos que en 2018). "El empleo industrial no crece desde enero del 2016 y se ubica en el menor nivel en más de 10 años", alertó la entidad empresarial.

En este marco, la UIA sostuvo que el "delicado contexto" que atraviesa la actividad fabril "exige trabajar con una agenda propositiva, para generar un entorno que permita revertir esta tendencia". "Con una resolución favorable para la negociación de la deuda que se encuentra en curso, las perspectivas para la industria son de cierta estabilización en la producción", añadió.

Y concluyó: "si se mantiene la previsibilidad del mercado cambiario y el sendero de reducción de tasas de interés y la inflación, podría haber una mejora relativa del consumo que, junto con el pronóstico de crecimiento para la industria de Brasil, son factores que podrían frenar la caída de la demanda y mostrar ciertos signos de mejora a partir del tercer trimestre del año".

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