Se trata de “Laberinto Podestá”, una obra que recorre los rincones más secretos del edificio de La Plata donde nació el teatro nacional. Se ofrece los lunes a las 20:30, con entrada gratuita.
El Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata presentó su primera producción propia integral en 140 años. Se llama "Laberinto Podestá, el último aplauso", y desde su estreno -el 13 de abril pasado- las entradas gratuitas y con cupos limitados se agotan en menos de una hora.
El espectáculo -que se presenta los lunes a las 20:30- es una experiencia de “sitio específico”: el público no observa la obra desde una butaca, sino que la recorre a través de los rincones más secretos del edificio.
El proyecto fue impulsado por el director del teatro, Alejo García Pintos, a partir de una propuesta de Silvina De Micheli, jefa administrativa y de personal del Coliseo. Después de casi dos décadas de trabajo allí, ella vivió y recopiló experiencias y relatos que define como “paranormales”, vinculados a la presencia de la familia Podestá en el lugar. Con el tiempo, esas vivencias se transformaron en una obra que recupera la memoria viva de la sala y de los pioneros del teatro argentino.
Los directores Claudio Rodrigo y Juan Pablo Thomas desarrollaron una dramaturgia y una puesta concebidas especialmente para los espacios del Coliseo donde no hay tensión entre lo edilicio y lo escénico: el espectáculo transcurre entre pasillos, camarines, palcos y patios del edificio, donde el pasado parece seguir habitando cada rincón. Allí aparecen los fantasmas o “guardianes de la memoria” del teatro rioplatense.
El disparador es un hecho real: en 1897, la familia Podestá compró en remate público el entonces Politeama Olimpo, evitó que el edificio desapareciera y lo convirtió en la sede de la compañía que fundó el teatro nacional. Décadas más tarde, el lugar llevaría su nombre.
La obra imagina una distopía inquietante: el Coliseo vuelve a estar en remate por deudas impagables. Sus bienes fueron inventariados y todo tiene número de lote. Los asistentes son convocados como potenciales compradores de una subasta que incluye utilería, vestuario, puertas, ventanas, arañas, hasta los propios listones del escenario. Incluso la historia está en venta.
Lo que los organizadores del remate no prevén es que los habitantes del teatro no están dispuestos a desaparecer sin resistencia. En las distintas salas, en el Picadero -único de su tipo que subsiste en la Argentina, convertido por la obra en escenario vivo- y en cada recoveco de ese edificio centenario, algo late. Alguien cuida.
Así comienza una hora y media de recorrido nocturno que no tiene nada de convencional. Los espectadores no se sientan: caminan. En grupos reducidos avanzan de espacio en espacio, descubriendo espacios del Coliseo que el público habitual jamás pisó.
Una sala normalmente cerrada. Un patio interior con una planta de Santa Rita sembrada hace más de cien años y que todavía florece. Cada puerta puede ser el paso a otra dimensión de la historia; cada sombra en un corredor, una aparición. No hay cuarta pared ni distancia segura; el espectáculo interpela, abraza y conmueve al visitante en un cruce permanente entre ficción y memoria.
Fundado en 1886 y adquirido por los hermanos Podestá en 1897, el Coliseo fue bautizado con ese nombre en 1920 en homenaje a José “Pepe” Podestá, figura clave en el nacimiento del teatro nacional argentino. Hoy, ese mismo edificio histórico es el escenario de “Laberinto Podestá”.
A lo largo del recorrido, el público se encuentra con figuras que marcaron la cultura argentina: Pepe, Juan Vicente, Antonio y Pablo Podestá; Rosita de la Plata; Tita Merello y Enrique Santos Discépolo. Todos vuelven a escena encarnados por actores y actrices platenses que defienden la memoria de un teatro que sienten propio.
La propuesta funciona como homenaje, celebración y ofrenda a quienes construyeron la identidad del teatro argentino. La ficción y la memoria se entremezclan hasta volver imposible distinguir dónde termina una y dónde comienza la otra.
Quince intérpretes de distintas edades dan vida al espectáculo desplegando actuación, canto y música en vivo, danza, acrobacia, artes circenses, patinaje y marionetas.
Las escenas no solo rodean al público: lo atraviesan. El diseño lumínico transforma cada espacio del edificio y convierte cualquier reflejo o sonido en parte de la experiencia. El vestuario, concebido con rigurosa conciencia de época, completa el universo visual de la obra.
La experiencia dura aproximadamente una hora y media y es apta para mayores de 13 años. No hay forma de contarla sin vivirla: es una entrega absoluta entre los artistas y su casa. Como se escucha antes del final, en el último rincón del laberinto: “Los personajes nunca mueren”.
FICHA TÉCNICA:
Dramaturgia, dirección y puesta en escena: Claudio Rodrigo y Juan Pablo Thomas
Idea original: Silvina De Micheli
Producción general: Alejandra Bignasco
Producción integral: Teatro Municipal Coliseo Podestá
Elenco: Luna Benaglia, Lucía Cafiero, Juan Camiletti, Juliana Colli, Carolina Cremonte, Edgardo Desimone, Leandro Etchegaray, Santiago Franco, Luciano Guglielmino, Joaquín Merones, Lucía Pérez Martins, Miguel Retamar, Franco Santoro, Cintia Silveyra D'Avila, Florencia Verón
Dirección de arte, ambientación y vestuario: María Marta Oswald
Caracterización y asistencia de vestuario: Florencia Gangoiti
Diseño lumínico ambiental: Federico Genovés
Música original: Luciano Guglielmino
Diseño de sonido en vivo: Luciano Guglielmino y Leandro Etchegaray
Sonido en tiempo diferido: Daniel Reinoso
Asistencia y operación técnica: Leira Lattaro y Pedro Reinoso
Fotografía: Sol Sabato
Diseño gráfico: Estanislao Massigoge
INFORMACIÓN PRÁCTICA
Funciones: Lunes a las 20:30.
Entradas: Gratuitas, con cupo limitado. Se retiran los días martes en la boletería del teatro desde las 10 horas (calle 10 N° 733, La Plata).
Apta para mayores de 13 años
El espectáculo se mantendrá en cartel durante todo 2026.
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