En la farándula surgió una insospechada ola de pedidos de perdón, la mayoría por viejas ofensas. Una psicóloga analiza los efectos de la agresión inicial y de la pretendida marcha atrás.

Ante la ola de denuncias mediáticas y judiciales, ahora en el mundo de la farándula se viene la ola del pedido de disculpas públicas y del arrepentimiento. El caso más emblemático que acaba de inaugurar esta tendencia es el de Andy Kusnetzoff, que el sábado 24 de marzo pasado en su programa PH (Telefé) se reconcilió en vivo y en directo con la ex modelo Anamá Ferreira.

Este es un caso de resolución feliz que arrancó dos semanas atrás cuando Anamá en las redes sociales escribió lo mal que la pasó cuando Andy era movilero de Caiga Quien Caiga (1995/2008 con la conducción de Mario Pergolini) y la cargaba por su acento brasileño. Anamá contó su mala experiencia porque generó un efecto contagio en su momento y todos se sumaban a la broma. Andy, ni lerdo ni perezoso, pidió perdón, un encuentro a solas para aclarar el asunto y luego vino la invitación a PH.

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En los últimos tres años aparecieron nuevos casos de arrepentimientos. Otro de los más recientes pero que pasó muy desapercibido fue el mea culpa que Mirtha Legrand hizo en el ciclo de El Diario de Mariana (El Trece) cuando contó por primera vez su pedido de disculpas en privado cuando tuvo de invitada a la actriz Cecilia Rossetto, a quien increpó en 2011 por “ser demasiado izquierdista” lo cual, según ella, le había arruinado la carrera. Rossetto se defendió en su momento: “Alzo esas banderas porque tengo un marido desaparecido”.

Para la diva el tiempo cura las heridas y tuvo la necesidad de hacer pública su mea culpa: “El momento más incómodo no fue cuando se fue del ciclo Silvana Suárez al querer saber detalles íntimos de la separación de quien fuera su marido, el empresario periodístico Julio Ramos: “Con Rossetto me porté mal. Yo después del programa la llamé por teléfono y le pedí perdón. Como no contestaba le dejé el mensaje grabado. Y nunca más la vi. Yo no estuve bien”.

Del otro lado no hubo respuesta. Rossetto no se hizo eco del pedido de disculpas por parte de la diva. Mauro Viale también ahora hace un mea culpa por el maltrato que tuvo con Flor de la V veinte años atrás cuando conducía un ciclo por América. En ese momento a Flor se la relacionó sentimentalmente con el mago Copperfield: “El fue grosero y bastante agresivo conmigo. Y nunca me pidió disculpas. Personalmente no tengo nada con él, pero me parece que tendríamos que tener una charla previa antes de sentarnos como si nada hubiese pasado. El me había preguntado si Copperfield quería ver un show de travestis, ¿es perverso, ¿es promiscuo?, le gustan las cosas extrañas?”. Es decir si era perverso, ya que había tenido contacto con Flor de la V.

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Mauro Viale quiere seguir los pasos de Andy, pero Flor en Los Angeles de la Mañana (El Trece), donde está de panelista, puso como condición una charla previa.

Muchas veces se tarda en pedir disculpas porque se cree que es un acto humillante para quien lo hace y, también, es cierto, que por más que se pida perdón, del otro lado no se perdona.

En consulta con la licenciada en psicología con orientación clínica, Felisa Senderovsky, de la Asociación Psicólogo de Buenos Aires (APBA) en algunos casos es difícil perdonar: “La frase de Castaña queda en el recuerdo para siempre porque afecta tanto a las víctimas como a la mujer en sí. No es suficiente el perdón porque queda grabado como algo traumático. Si se deja pasar se corre el riesgo de la repetición y no hay lugar para la elaboración. El se defiende que lo dijo como chiste, pero sabe que todo chiste tiene un fondo de verdad. Es lo que piensa y ahí no hay manto de piedad”.

A Castaña no se le cree el perdón. En el caso de Mirtha, Senderovsky, “pide disculpas públicas tarde (lo hizo espontáneo en la intimidad) y reconoce el error en el momento. No es el caso de la diva, pero es cierto que para algunas personas pedir perdón es un acto de humillación. Siente que es una manera de rebajarse. Es la persona que piensa que nunca se equivoca y hay permitir la equivocación porque somos seres imperfectos. Y, claro está que el pedido de disculpas siempre tiene que ser interpretado en el contexto que se hace”

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