El actor nacido en Polonia sopló las velitas junto a los suyos y habló de sus proyectos laborales. Personaje querible del espectáculo, sigue con la pasión intacta

Ya tiene 99. Y tiene ganas de seguir actuando. Tiene ideas para producir y dirigir teatro. Tiene ganas de seguir cantando en casa con su mujer. Tiene ganas de seguir paseando. Tiene ganas de seguir ganándoles a sus nietos al dominó. Tiene ganas de seguir viviendo. Apenas sopló las velitas que conformaban el doble nueve sobre la torta, Max Berliner se sentó un rato a charlar con POPULAR. “No estoy haciendo nada de actuación, pero si me llaman, voy”, aseguró, y también dijo que le gustaría dirigir en teatro “El hombrecillo de los gansos”, de Jakob Wassermann.

Cuente cómo es un día suyo.

-Vivo, respiro, jaja. Miro el cielo, la luna, las estrellas, las casas chiquitas, los rascacielos, la gente que camina por la calle, cómo camina encorvada, derecha, ojos abiertos, ojos cerrados. Lo que me gusta hacer es caminar. Ver espectáculos. Ir al teatro y al cine. Hay mucho para ver y yo trato de ver todo lo que puedo. Miro a la gente a cara, cuando puedo o cuando me dejan, miro los ojos. Todo eso hago.

En la calle lo deben reconocer..

-Sí. La gente me para en la calle o en el subte, y a veces me da vergüenza. Me piden fotos, autógrafos. No me escapo de eso, pero trato de pasar desapercibido.

¿Mira tele? ¿Qué le gusta?

-Miro televisión, aunque no soy un loco fanático que se la pasa todo el día frente a la pantalla. Elijo lo importante, lo que está bien hecho. Cuando me interesa, miro deporte, pero tampoco soy loco por el deporte. Toda mi vida fui de Racing, pero no fanático.

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¿Sus trabajos los mira cuando los dan por televisión?

-Sí, claro. Porque me gusta y porque ahí aprendo al ver los errores. Uno se da cuenta cuando hizo algo bien y cuando lo hizo mal. Incluso miro cuando dan alguna entrevista que me hacen. Hace poquito estuve en la mesa del bar En Polémica. La pasé muy bien. Fue hermoso. Me inspiró en ese momento y lo disfruté.

¿Extraña las grabaciones?

-No. Si hay, lo hago y si no hay, no importa. Pero si me llaman, voy. A todo el mundo le digo “sí”, jamás me niego a un trabajo.

¿Qué le gustaría hacer?

-Y... a mí me gustaría dirigir teatro que es algo que me interesa mucho. Tengo una novela que me gustaría hacer “El hombrecillo de los gansos”, de Jakob Wassermann. Estoy estudiando para ver si algún día la puedo llevar a cabo en el teatro. Recomiendo que la lean. Yo leo mucho. Ese es un libro impactante.

En varias notas contó que le gusta cantar, en casa con Rachel.

-Claro.

Es el momento en que Max no reprime su vocación artística y se lanza a cantar. Primero en español, después en idish. “Y puedo bailar, también”, asegura y consulta: “¿Me paro?”. Pero se queda en el amago y enseguida confiesa: “No tendría problema de volver a hacerlo porque me encanta cantar, bailar y actuar. Todo lo que sea arte me gusta. Mi casa está llena de arte. A Rachel y a mí nos encanta ir al cine, al teatro, leer”. ¿Claves para llegar tan bien a los 99? Algunas las contó: camina todos los días, descansa, come poco, no bebe y no fuma. Sigue muy enamorado de su mujer. Sentarse a charlar con sus hijos y pasar tiempo con sus nietos. “Vienen a jugar al dominó cuenta- y la pasamos muy bien. Si no pueden venir no les hago ningún escándalo. A veces gano yo y otras veces, ellos”.

Si pudiera volver en el tiempo, a qué momento le gustaría regresar para vivirlo otra vez?

-A varios. Jamás me podré olvidar cuando tenía 5 años y me subí por primera vez a un escenario para hacer una obra de Sholem Aleijem. Decía una frase en idish. Mi papá quería que fuera artista y le cumplí. También recuerdo cuando conocí a Rachel en una sala de un teatro. Ella me vio actuar cuando yo tenía 23 años. Parece que le gusté y nos enamoramos. La obra se llamaba “La familia Karnowsky”.

¿Algún sueño por cumplir?

-No. Pero sí tuve un sueño hace poco. Me querían llevar y no quería ir.

¿Adónde, Max?

-¿Adónde me pueden llevar? ¡Al cielo! Sí, en un sueño me querían llevar arriba, pero me quedé. Me enganché en la sábana fuerte y me quedé. Y aquí estoy.

¿Qué deseo pidió al soplar las velitas de los 99?

-No puedo pedir más. Seguir vivo y salud para los míos. Y si tuviera que elegir, me gustaría seguir viviendo hasta los 120, tal como viví estos 99. Me gustaría repetirlos y seguir. Para sentirme vivo siempre busco tener nuevos desafíos.

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