El cine argentino, invitado especial del festival de Venecia, divirtió ayer con la comedia mordaz de Gastón Duprat, Mi Obra Maestra sobre el mundo del arte, la amistad, la muerte y la vida.
Después de haber conquistado el público hace dos años con El ciudadano ilustre, Duprat presenta fuera de concurso la historia de una particular y conflictiva larga amistad entre el dueño de una galería de arte de Buenos Aires, interpretado por Guillermo Francella, y un pintor en declive, que vive en la pobreza y con pocas relaciones sociales, rol encarnado por Luis Brandoni.
Amigos desde hace años, en desacuerdo sobre las tendencias del arte contemporáneo, hasta el punto en que Brandoni llega a balear una obra como acto de modernidad, ambos terminan por idear una brillante estafa. “Tratamos con esparpajo y humor temas serios”, confesó Duprat, quien más que apuntar con el dedo contra el comercio del arte y los galeristas, habla de “la amistad entre hombres y de cómo puede perdurar en el tiempo”, explicó durante una charla con la prensa.
“Conocemos el mundo del arte y nos interesaba tratar el concepto de autoría”, dice. Duprat, que dirige en solitario sin su compañero habitual Mariano Cohn, amigo y colega, aborda con el tono de la comedia a la italiana temas complejos con verdadera maestría.
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