Sincera, Natalia admite que siempre fue consecuente con sus deseos, aunque también reconoce que tal libertad suele descolocar a propios y extraños. "Cada vez que uno intenta hacer algo diferente cuesta mucho" sostiene, convencida, tras tomar varias y diversas decisiones.

Entusiasta y verborrágica ante el reciente estreno de la película Re loca, el jueves pasado, Natalia Oreiro, le pone el cuerpo a la emoción y a cada uno de los trabajos en los que decide colocar su expresión. Tal como ocurre con la flamante realización dirigida por Martino Zaidelis que la devuelve al versátil tono de comedia tras el suceso de Gilda, no me arrepiento de este amor y los films de hondo dramatismo como los anteriores Wakolda, Infancia clandestina y Los últimos. Esta actriz y cantante uruguaya, adoptada de manera unánime por los argentinos, retrata su presente laboral, sus proyectos y convicciones no sin impregnar siempre un soplo de frescura, de energía y naturalidad.

“Fue buenísimo volver a la comedia después de haber hecho varios dramas. Fue una de las cosas por las cuales también elegí este proyecto. Es muy difícil encontrar un buen guión de una comedia, y éste tenía cosas muy buenas. Ni bien lo leí llamé al director (Martino Zaidelis) y le dije que la iba a hacer”, señala

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“Estoy muy contenta con el resultado. Tiene una gran edición, muy buena musicalización y locaciones estupendas. Además, es la primera película que distribuye Paramount en Argentina, y eso no es poco”, recalca la chica de ojazos color aceituna y una gracia innata. La película que resulta una adaptación de un suceso de taquilla chileno que ya lleva 3 versiones, en España, México y Argentina, juega con la fantasía de patear el tablero de repente y decir, sin filtro ni miramientos, todo lo que pasa por la mente. En la estrenada Re loca que reúne en su estelar elenco a Diego Torres, Fernán Mirás, Gimena Accardi, Pilar Gamboa y Hugo Arana, Oreiro retrata a Pilar, una mujer agobiada por una vida rutinaria que, tras un encuentro especial, experimenta un rotundo cambio de personalidad provocando una transformación en todos sus vínculos: con su jefe, su marido, sus amigos, su vecino y hasta con desconocidos.

“Pilar, la protagonista, es alguien que no aguanta más y decide mandar a todos literalmente al diablo. Termina en esas circunstancias porque era una olla a presión, tragaba y tragaba sin decir nada, algo que socialmente sucede. No hay un límite que nos diga hasta cuándo es suficiente el menosprecio, el maltrato, cuánto puede soportar un ser humano. Entiendo que lo que a Pilar le sucede, lo que derrama el vaso, es una especie de placebo espiritual que tiene con el personaje de Hugo Arana. Eso le da la confianza como para decidir mostrar lo que siente”, cuenta con empatía natural. “La búsqueda de este personaje, o lo que en definitiva entiendo yo, es que todos anhelamos el equilibrio de poder decir las cosas que nos pasan, cuando nos pasan, de la mejor manera posible y que se entienda, sin llegar a herir a los demás. Porque es muy liberador decir la verdad, pero la consecuencia de eso, dependiendo el cómo, también puede ser hiriente”, manifiesta haciendo un mea culpa del accionar de su personaje, quién en medio de tanta catarsis, se percata que ha herido a varias personas. “Eso fue muy trabajado desde los ensayos y también que los personajes y las situaciones sean reconocibles, reales. Es fácil como espectador pensar que ella manda a todos al carajo porque son unos nabos que la maltratan. Y, en definitiva, lo que sucede con las personas con las que tiene un vínculo real, es que ella se da cuenta de que le duele lastimar a los demás y no lo puede controlar. Cuando entiende que lo que está haciendo es encontrar ese punto de equilibrio, es cuando decide que no necesita más nada que encontrarse y disfrutarse para poder elegir”, sostiene Naty.

Patear el tablero

Alguna vez también tuvo la valentía y osadía de correrse de lo prestablecido y sacudir las fichas. Aún a riesgo de que más de uno la catalogue con el cartelito de “loca”. “En mi caso fue bastante orgánico porque comencé desde muy chica, gracias a mi profesor de quinto año, Julio, que además enseñaba también teatro y hacía talleres en la escuela. Evidentemente, vio en mí algún potencial porque me propuso darme clases fuera de hora. Por lo tanto, fue un proceso natural y nunca algo abrupto de un día para el otro, pero siempre traté de ir en busca de lo que a mí me hacía bien y quería”, aclara.

En un momento de su amplia carrera decidió volcarse de lleno a la música, dejando a un costado a la dulce heroína de telenovela. “Me ha sucedido en algún momento de mi oficio encontrarme inmersa en un camino que, si bien había elegido, no estaba siendo tan afín. Decidí frenar y barajar de nuevo. A eso lo llamo “El precio de mi libertad”, y de libertades estamos hablando”, enfatiza. “También me resultó difícil dejar de hacer algo que tenía éxito, como televisión diaria o giras como cantante, y dedicarme a hacer cine. Quería hacer eso y, claro, la gente que profesionalmente me acompañaba no estaba de acuerdo”, explica quién concibiera conocidos hits como Que sí, que sí, Cambio dolor, Tu veneno o Que digan lo que quieran. “No hace falta que te digan que estás loca para entender que del otro lado lo piensan. Cada vez que uno intenta hacer algo diferente cuesta mucho”, reafirma Natalia con sabiduría. Mientras reconoce incluso su propia limitación. “Inclusive a mí también me pasa cuando es otro el que lo intenta. Uno se acostumbra a algo, lo acepta, y después se lo cambian. ¿Por qué? Bueno, el porqué está en cada persona, pero socialmente en principio es difícil la aceptación. Después se naturaliza, pero el que tiene que atravesar ese camino lo vive como un desafío, con obstáculos, con enojos. Ahí es cuando sale a relucir la fuerza interior, la convicción o esa intuición que uno puede tener y darle bola. A veces, somos muy negadores de ciertos patrones que repetimos; ya sea por comodidad, miedo o lo que fuere”, dice con contundencia la esposa del músico Ricardo Mollo. “En la película, lo que genera una empatía con el espectador no tiene que ver con el género, aunque obviamente a las mujeres les va a pegar directamente”, sostiene consciente de que, pese a la generalidad, es a la mujer a la que recurrentemente se la tilda de loca o que está “en esos días”, como en el film se reitera también. “Entiendo que es trágico lo que le sucede a ella y a nosotros nos causa risa. Pero en un momento necesitamos su reivindicación y que haga todo lo que hace en el film”, explica Naty.

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