El entrenador argentino hizo un racconto de aquel día en el un infarto agudo del miocardio, el cual pudo alertar a tiempo por síntomas, cambió su vida, mientras se pone al día con la dirección técnica en Universidad de Chile.
A Fernando Gago le cambió la vida. Vio todo pasar delante de sus ojos en cuestión de minutos. Un pequeño dolor se transformó en algo grande: un infarto agudo del miocardio en consecuencia de una arteria tapada le dio un cachetazo. Gracias a la advertencia de los síntomas pudo tratarlo a tiempo y no sufrir consecuencias peores, pero se tropezó con lo inesperado y con un proceso duro que continúa transitando. Ahora, con las aguas calmadas, volvió a la dirección técnica en la Universidad de Chile y relató cómo fue aquel día en el que su rutina dio un giro de 180 grados.
"Tengo una segunda oportunidad para seguir viviendo, esa es la realidad", inició el entrenador argentino en su declaración tras la derrota ante Unión La Calera por la Copa Chile, en su regreso a las canchas tan solo dos semanas después de haber sido internado y operado de urgencia en la Clínica Alemana de Santiago.
Lo más impactante de todo, fue que dirigió un partido en un estado peligroso y sin siquiera saberlo. Había tomado la decisión de poner en segundo plano el pequeño dolor que sentía en el pecho para poder estar al frente del equipo en el duelo ante O'Higgins el pasado 18 de junio. "Si hubiese sabido que era algo tan grave me hubiese hecho los estudios por la mañana. Decidí estar con el plantel porque tengo bien en claro lo que significa esta profesión. Era un partido en el que yo creía y necesitaba estar."
Ese día una molestia lo incomodó desde la mañana, pero no lo relacionó con nada grave. "El jueves me levanté con una molestia, pensando que era algo muscular, algo de la tos, de malestar por haber dormido torcido. Nunca pensé que era lo que tenía. Mi mujer me insistió durante todo el día para que me haga un estudio y le dije que después de el partido me lo iba a hacer", recordó, casi arrepentido de haberlo pospuesto.
Haber acudido al hospital fue un golpe de suerte. Es que Gago no había empeorado los síntomas y pudo haberlo dejado de lado. Sin embargo, gracias a la intuición se dirigió a realizarse estudios. "Cuando terminó el partido me sentí igual que como me había sentido durante todo el día, pero no me sentía de peor forma de la molestia que ya tenía", contó.
Una serie de estudios rigurosos dieron en el blanco: una arteria tapada que estaba provocándole un infarto agudo del miocardio, "Cuando llego al hospital los estudios daban bien pero el último dio mal. Y ahí me enteré de la noticia, tenía una arteria tapada. Fue todo muy rápido, muy sencillo, fácil. Creo que todavía no caigo de lo que tuve", recordó, todavía con la vivencia en la garganta.
Le realizaron una angioplastia de urgencia para colocarle un stent y restaurar el flujo sanguíneo. Recuperado y con las mismas ganas de siempre, salió adelante y hoy mira todo de diferente manera.
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