En un extenso mano a mano con DIARIO POPULAR, el histórico arquero paraguayo se acordó de sus viejos enemigos pero también habló de Macri, del Papa, del kirchnerismo y hasta de sus aspiraciones políticas: dice que se presentará a elecciones en su país si un candidato socialista tiene chances de ganar 

A las 10 de la mañana de un domingo que ya no está gobernado por el fútbol, un hombre recibe un mensaje de remitente desconocido vía WhatsApp. Lee a un padre atormentado: su hijo de 23 años está postrado en una cama de hospital, inconsciente, con los huesos partidos y el cuerpo conectado a un manojo de cables por culpa de un accidente de tránsito que sufrió meses atrás. El hombre lee una invitación y sabe que, esta vez, otra vez, no puede fallar. Consulta coordenadas y, tras procesar "Ramos Mejía", mira su reloj, se dice que el almuerzo familiar puede esperar y contesta: "En media hora estoy allá".

—Vos sos un guerrero, vas a ganar este partido y cuando despiertes te voy a contar cómo le ganamos la final del mundo al Milan en Japón —le dice el hombre a un corazón que late enfrascado en un cuerpo inerte.

Dos semanas después, el hombre recibe otro mensaje del mismo remitente: Franco despertó. Y cuando el hombre esté nuevamente frente al padre atormentado, ya mucho menos atormentado que antes, escuchará lo siguiente: tan pronto como abrió sus ojos, Franco dijo que había soñado con José Luis Chilavert. El hombre contempla ahora a un paciente lúcido, le habla de sus hazañas sometido por una emoción que apenas puede controlar. Es el mismo hombre que vivió con un bulldog estampado en el pecho, cruzando campos enteros para fusilar colegas en el área rival, alzando copas sin sonreír para la foto. Ese hombre, también, es José Luis Chilavert.

LEA MÁS:

—¿Están sobrevalorados los buenos?

—Lo que pasa es que, con mi cara, es más fácil hacer el papel de malo. Ayuda mucho. Pero el bulldog tiene una apariencia mala, horrible, y en realidad es más sano que el Quaker. El tema es que cuando lo pateás una, dos veces, el perro te muerde. Yo siempre me tracé metas en la vida; quiero triunfar en todos lados y digo lo que pienso, no lo que la gente quiere escuchar.

—¿Y qué quiere escuchar la gente?

—Mirá: la sociedad no te da nada. La gente busca el lugar donde estar cómodo y también busca su entorno. Yo no estoy de acuerdo cuando hablan de que Maradona cae en el mundo de la droga por los que lo rodean. La sociedad te saca cosas. Lo llevo a la política: ¿cómo se entiende que todos los políticos, que supuestamente estudiaron, cuando llegan al poder nos roban todo? Llámese Paraguay, Argentina, Brasil. Y después se presentan otra vez como candidatos y los votan. Eso quiere decir que parte de la sociedad está enferma.

—¿Hay alternativas?

—Hay que buscarlas...

—Lo digo porque el discurso de la antipolítica ganó mucho terreno, ¿pero de dónde salen los dirigentes?

—De la sociedad. Por eso digo que la sociedad es la que te saca cosas. Pero si yo tengo un manager que me roba, no voy a seguir con él. Eso demuestra que no crecemos. Las leyes están para cumplirlas, pero en Latinoamérica cada uno quiere hacer funcionar la ley como le convenga. Hay dos sistemas en el mundo: el capitalismo y el socialismo. Yo te pregunto: ¿de cuál te podés recuperar si fracasás?

—Decilo vos.

—Del capitalismo. Porque el socialismo dice que hay que repartir, pero estos no reparten. Todo se lo quedan ellos. Para hablar es muy lindo, pero a la hora de trabajar, nada. Y entonces caemos en el populismo. Y la gente quiere que el Estado la mantenga. Mi padre me decía: 'con el dinero que ganes, comprate un terreno, después hacete tu casa, formá una familia'. Hoy la gente quiere que se le dé el terreno, que le hagan la casa y que tenga gas, los chicos no van a la escuela... Sólo hablando yo no hubiera sido lo que fui. Eso se consigue trabajando.

—¿El carácter lo forjaste o ya lo traías?

—Viene de los genes. Mi padre era un hombre muy recto, le gustaba la justicia. Para él, el blanco era blanco y el negro, negro. Hoy en día a la gente le gusta los grises. Por eso vivimos en una sociedad tan complicada.

—¿El bulldog se defendía de las patadas o simplemente buscaba imponer respeto?

—Muchos dicen que soy un personaje, pero creo que se rompe el molde teniendo en cuenta que para estar en el arco tenés que tener tres cosas: personalidad, psicología y condiciones técnicas. No cualquiera puede estar en el arco. Una vez, un entrenador de la selección de Paraguay nos pidió que rezáramos en el vestuario. Le dije yo iba a rezar cuando quisiera, no cuando él lo pidiera. Además, si los dos vestuarios rezan, ¿a quién ayuda Dios? Hay mucha gente humilde a la que Dios podría ayudar. Pero una persona que trabaja durante la semana, recibe las mejores comidas y está concentrado en los mejores lugares, si le tiene que pedir ayuda a Dios es porque es un desastre.

—¿De quién aprendiste?

—De muchos. Pero con 19 años, aprendí mucho de Juan Carlos Lorenzo en San Lorenzo. Un día me invitó a comer y empezó a hacerme dibujos (dibuja una cancha y saca flechas para todos los costados): 'usted con la pegada que tiene me facilita el trabajo, apunte para este lado'. A los 23 llegué a España y me decían que estaba loco porque salía del área para ganar metros. Fijate la visión del Toto.

—Siempre te llaman para la polémica. ¿Eso te alimenta?

—No soy de la farándula, y cuando me llaman para preguntarme cosas como la corrupción en la Conmebol, es porque junto con Romario somos los únicos que nos mantenemos en el mismo lugar. Eso da trascendencia y respeto. Hace unas semanas discutí en Twitter con el ex presidente de Paraguay, el cura sinvergüenza de Fernando Lugo, que quiere volver a presentarse en las elecciones. Yo le pregunté por qué no había hecho cuando fue presidente las cosas que ahora promete. El mensaje revolucionó todo el mercado. Lo cierto es que algún día mi país tiene que limpiarse de la corrupción. Como acá en Argentina.

Embed

—¿Vas a ser presidente de Paraguay algún día?

—Mi imagen es muy buena allá, no lo descarto...

—¿Te mediste como candidato con alguna consultora?

—Sí, con una empresa de Colombia, no de Paraguay, para que sea más objetiva. Me dio 86% de imagen positiva, más que cualquier político de mi país, y una intención de voto del 64%. Eso para las elecciones del año que viene.

—¿Qué te frena?

—Mi familia. Es muy simple: voy a meterla en un espacio en el que no va a tener la libertad de vivir tranquilamente. La vida ya no es normal cuando tenés a una persona cuidándote todo el tiempo. Mi esposa me dice 'tenés dinero, fama, lo que decís en la prensa rebota en el mundo, ganaste todo. ¿Para qué?'.

—Eso, ¿para qué?

—Es que tiene razón. Pero, por otro lado, no puedo permitir que otra vez el Socialismo del Siglo XXI nos quiera sacar Paraguay, y el cura (Lugo) anda dando vueltas... Yo no quiero el modelo de Venezuela, porque nosotros tenemos un país maravilloso: sol todo el año, energía limpia, agua dulce y alimentos. Pero hay un gran problema: mucha gente no quiere trabajar. Hay que enseñar un camino, no regalarles el dinero.

—Es decir que si aparece un candidato socialista con posibilidades reales, vos te presentás cual Superman para salvar a Paraguay.

—Es la única posibilidad, para no permitir que Paraguay se convierta en Venezuela, país con el que me solidarizo. El mundo no puede mirar para el costado mientras a los venezolanos los matan de hambre y a sangre fría por pensar diferente. Maduro es un corrupto, un delincuente y tiene que estar preso.

—¿Qué ejemplo tomaría el Chilavert presidente?

—El trabajo que ha hecho José María Aznar en España fue maravilloso. Muchos dirán 'eh, de derechas', pero jugando allá conocí una España rota, cuando estaba (Adolfo) Suárez. Le siguió Felipe González y después Aznar agarró un país devastado, lo catapultó en el mundo, pero los terroristas pusieron una bomba en Chamartín (2004) y la gente dijo que eso pasó por ser amigo de los americanos, y entonces él perdió las elecciones. Esas cosas te hacen dudar. (Álvaro) Uribe en Colombia también es un modelo a seguir.

—No hay dudas de que sos de derecha.

—Me considero capitalista, porque nací pobre y gracias a mi trabajo estoy en una situación de privilegio. A la gente humilde hay que apoyarla, darle herramientas, pero es importante generar infraestructura. Paraguay la necesita, pero qué ocurre: muchas veces uno tiene un proyecto a largo plazo pero la gente lo quiere ya. Hay que llevar las grandes fábricas a los lugares más humildes, con trabajos simples, porque lamentablemente la mayoría no ha ido a la escuela.

—¿A qué persona respetás entre las que no piensan como vos políticamente?

—En Paraguay tuvimos una persona que quise muchísimo, el escritor Augusto Roa Bastos, que fue Premio Cervantes. Él lucho contra la dictadura de Stroessner, estuvo exiliado acá y en París. Una vez vino a operarse a la Fundación Favaloro y le faltaba un montón de dinero. Me pidieron si podía ayudar a recaudar. Me hice cargo de todo y pedí que no le dijeran nada. Unos días antes de jugar un partido contra Brasil, me llamó para invitarme a un asado. Fui, éramos como 14. Yo me hacía el tonto, y en un momento me dijo: 'ya lo sé todo, quiero saber por qué usted pagó la operación'. Y le dije que lo hice porque lo sentía de corazón, porque tenerlo vivo era un orgullo para todos los paraguayos. Y él me dijo: 'eso es lo que usted tiene, es un paraguayo diferente, porque otro mira para otro lado'.

—¿Cómo ves a la Argentina?

—Mauricio Macri es un hombre que a mí me gusta. Encontró un país devastado. Lamentablemente en la Justicia hay un entramado, una cofradía que es muy difícil romper. Mucha gente dice que fue muy dura la manera en que aplicó los aumentos, pero yo digo: si tenemos un cáncer, no podemos cortarlo a la mitad y dejar la otra parte. Hay que cortarlo de raíz y después graduar. El problema es que no han venido las inversiones que él pretendía. Y que los empresarios, internamente, no ayudan, porque todos los días aumentan los precios.

—En ese sentido, tampoco ayudaban al gobierno anterior...

—Justamente un gobierno debe ser duro, tener inspectores, y cuando los precios no están como debe ser, sancionar.

—Cuando quiso hacerlo el gobierno anterior le cayeron duro por eso.

—¿Pero quién manejaba la secretaria de Comercio Interior?

—Guillermo Moreno.

—¿Y quién maneja la parte económica en el Vaticano, donde está el Papa Francisco? La esposa de Moreno. Yo realmente disiento bastante con el Papa Francisco. A pesar de ser hincha de San Lorenzo.

—¿Qué no te gusta del Papa?

—Tres cosas. Se reunió con los Castro y con Chávez y nunca les preguntó a cuánta gente mataron. Con Maduro, Dilma y Cristina, siempre sonrisas. Con Mauricio, cara triste. Que yo sepa, Macri no mató a nadie. El Papa tampoco recibió a los 42 padres que les mataron a sus hijos en México. Y lo último, dijo que hay que tener compasión por los curas pedófilos, que han violado a niños. La verdad, me quedo pasmado.

—¿Qué hay que hacer con los delincuentes, los criminales, los violadores, los narcos?

—Construiría un montón de carreteras y los haría trabajar, como lo hizo Estados Unidos, para generar infraestructura usando mano de obra ociosa. Hay cosas que no se puede permitir una sociedad. Muchos dirán que está mal la pena de muerte, pero yo creo que hay mucha gente que se la merece. Yo no soy Dios para perdonar. ¿Qué se hace con una persona que viola a un chico sordomudo, inválido?

—¿No se puede reeducar a una persona?

—Imposible. Es como cuando dicen que hay que despenalizar la marihuana. Me parece perfecto para el uso medicinal, pero no para que cualquiera pueda fumar. Cuando una persona es adicta y tiene un problema, dice que el Estado debe ayudarla para que se recupere, pero mientras la persona consume no se lo cuenta al Estado. ¿Cómo es?

José Luis Chilavert entrevista 2

La humanidad de Chilavert avasalla a una pequeña mesa de café en un hotel del Bajo porteño. Como sus diminutos pies talla 38, las manos no parecen las de un perro guardián que le ladraba al gol. Esas manos tocan una hoja de papel, no cualquier papel: es de piedra mineral, dice, no requiere de 36.700 mil litros de agua ni talar 20 árboles para hacer una resma tradicional, precisa. Chilavert, 51 años, acepta fotos, pide la segunda gaseosa de la tarde y corrige a Wikipedia: marqué 70 goles y no 62, y gané 13 títulos y no 12.

Tiene números tatuados en la mente. Los luce para contraatacar, para reafirmar quién es, para explicar quién fue. Puede enumerar cuánto pesó en cada momento de su carrera, desde los 87 kilos en Francia 98 a los 106 cuando se retiró (hoy carga 120); puede jactarse, y lo hace, de ser personalidad destacada de Buenos Aires, ciudadano ilustre de Asunción, Montevideo y Estrasburgo, de tener un azulejo en el Nuevo Gasómetro que ayudó construir; puede decir: yo fui elegido tres veces el mejor arquero del mundo por la IFFHS y una vez el mejor del Mundial (98), y ahora me nombraron "leyenda viviente del fútbol".

—¿Quién es el mejor arquero de la actualidad?

—Todo el mundo habla de Neuer, y puede ser que así sea. Es muy bueno, aunque irregular.

—¿A cuántos ponés por encima tuyo en una lista de toda la historia?

—Es difícil, porque el estilo es muy diferente. La mayoría son atajadores. Yo estoy muy conforme con que estoy entre los mejores 10 de la lista, con (Lev) Yashin a la cabeza. Ninguno de los otros 9 marcaron goles de tiro libre o de penal, esa es la diferencia.

—¿Qué pasa con la selección de Paraguay?

—Se trabajó muy mal desde la salida de Martino. Trajeron a técnicos que no tenían la capacidad: Arce, que le fue muy mal; y Pelusso, que era horrible, ni trabajaba.

—Al último le iniciaste un juicio...

—Sí, hay una causa en Paraguay. Tiene que ir a declarar.

—Te dijo "gordo, chanta y sinvergüenza". ¿Cuál de esas palabras te dolió más?

—Al discriminar, o al decir gordo, la gente no se da cuenta de que por ahí uno puede tener una enfermedad, o que es así porque come mucho. No me molesta ninguno de los tres en el sentido de que sé quién es ese personaje, que se manejó siempre con los corruptos en Paraguay. Mi gordura tiene solución. Así que les mando un mensaje a todos los gordos: es lindo serlo y ser feliz. Por ahí no todos los flacos lo son y tal vez algunos trabajan con corruptos.

—¿Qué te pasa cuando personas públicas que elogiaste o apoyaste tiempo después aparecen ideológicamente en otro lugar?

—¿Por ejemplo?

—Víctor Hugo Morales.

—Es un buen relator, pero hoy en día no me merece respeto el cambio que tuvo. Él sabrá por qué lo hizo, si por convicción o por otra cosa. Yo lo consideraba una persona inteligente y realmente me defraudó ese cambio tan grande en sus ideales. Él luchaba mucho contra el capitalismo, Torneos y Competencias, y de repente se convierte en promotor del kirchnerismo, que dejó un país devastado.

—¿Alejandro Granados?

—Tengo buena relación.

—También estuvo con el kirchnerismo.

—Es lo mismo que pasa cuando critico a Lugo en Twitter: me dicen que yo antes lo apoyaba. Sí, al cura lo apoyé, pero cuando fue presidente no cumplió, se cagó en la Iglesia y en el pueblo paraguayo. Y lo denuncié, porque es un corrupto. Ahora me dicen que soy amigo del presidente actual de Paraguay (Horacio Cartes) y que él nombra presidente del Senado a Lugo. '¿Por qué no criticás al presidente?', me preguntan. Yo digo que los amigos no son perfectos, pero lo más importante es mantener la postura y los valores y decir las cosas antes de que se consumen los hechos. Hay que saber disentir, también. Yo no estoy en el mundo de la política y siempre digo: nunca fui empleado público y siempre tuve independencia de pensamiento.

—Pero si el día de mañana te convirtieras en presidente, pasarías a ser un funcionario público.

—Sería presidente del país. Diputado o senador, nunca. Imposible. Si algún día me decido, directamente voy a presidente.

—¿Por qué habiendo sido líder en la cancha y en el mundo empresarial nunca terminaste siendo dirigente o entrenador en el fútbol?

—Ser elegido cuatro veces el mejor del mundo, tener empresas que funcionan bien, ser una figura reconocida a nivel mundial... Eso le llama la atención a mucha gente: por qué no me meto como entrenador. ¿Para qué lo voy a hacer, para qué meter la cabeza ahí si después a lo mejor durás dos o tres partidos? A Batistuta nadie le da cabida, él quiere meterse. Pero muchos dirigentes no quieren que aparezcan esas personas porque les quitan el espacio.

—Hace mucho tiempo que Raúl Gámez está en Vélez y hace mucho tiempo que estás peleado con él. ¿Por qué no logró calar en el socio el mensaje que daban con el candidato que apoyabas en las elecciones (Osvaldo Segade)?

—Muy fácil, ellos tienen los carnets truchos, entonces manejan un colchón importante de votos. Gámez, con 74 años, nunca trabajó. Mi pregunta es: ¿vive del aire? Hace 22 años que gobierna Vélez, porque los que estaban antes trabajaban para él. Y él siempre con la excusa del campeonato económico. Vélez ha vendido en los últimos 12 años por 180 millones de dólares y hoy tiene una deuda de 400 millones de pesos. Y tiene un déficit mensual de 900 mil dólares. Todo el mundo me pide que me meta, pero también digo: por qué hacerme cargo de un problema que generaron otros. ¿Para hacerme mala sangre?

—¿Te arrepentís de haber dicho algo que a lo mejor hirió a alguien?

—No, siempre fueron juegos de palabras que uno hace en el mundo del fútbol, parte del show, como lo de Navarro Montoya. Con Germán Burgos hoy somos vecinos y me alegra que le vaya bien en España. Y después tenés casos como el escupitajo a Roberto Carlos: por ahí los argentinos no lo saben, pero con Brasil hay algo más. Hasta el día de hoy nos siguen explotando con la energía eléctrica de Itaipú. No nos pagan lo que vale la energía a nivel internacional, que cuesta 32 dólares. No sé si llega a u$s5 lo que nos pagan. En 2023 se termina el acuerdo, se tiene que volver a analizar y deben pagar unas regalías muy grandes. Y gracias a esa represa Brasil tiene energía, así que imaginate lo que pasaría si les bajamos la palanca.

—¿Hasta ese punto llegabas?

—Sí, y otra cosa: la mayor parte del Mato Grosso de Brasil era de Paraguay. Una vez un periodista argentino me preguntó qué opinaba de las Malvinas. Le dije que sí, son de ustedes y los ingleses deberían devolverlas, de la misma manera que Argentina debe devolvernos el norte, que es de Paraguay. Y entonces así los paraguayos que viven aquí podrían volver a su país, como pidió Pichetto. Yo le diría: si se van los paraguayos, ¿quién va a trabajar en la construcción? En mi país también hay muchos argentinos que trabajan, no están robando. Lo que sí debería hacer la Argentina, y este es un mensaje para Macri, es tener un mayor control para ver qué clase de gente ingresa.

captura-the-sun-chilavert_result.jpg

—¿Te molestó aquella foto tuya publicada en un diario inglés que recorrió el mundo?

—El diario The Sun usó una imagen a la que le deformó la panza, los brazos, las piernas y puso que le impresionaba el estado físico de Chilavert. Fijate un detalle: yo jamás usé mangas cortas jugando al fútbol, como aparece en esa foto. Todo viene a raíz de que yo dije que por culpa de los ingleses, que son unos piratas, existió la Guerra de la Triple Alianza. Se ve que les molestó.

—¿Decís que usaron Photoshop?

—¡Sí! Lo hicieron para burlarse, pero ahí están discriminando. Si uno está gordo, ¿cuál es el problema? Es tan rico comer un buen asado. Hasta ahora se come bien en la tierra, porque arriba no me dijeron que haya buena comida y buenos vinos...

—¿Tomarías un café con Maradona?

—No, imposible, porque es un panqueque. Con Ruggeri, tampoco. Hace poco dijo que, si volviera a tener la oportunidad, me fracturaría. Ahí te das cuenta de que hay un rencor de su parte. Es muy fácil hacerse el guapo por televisión. Yo diría, y podés ponerlo así: hagamos un desafío, armemos un ring en Vélez o en Boca y peleamos a cinco rounds, a ver quién queda de pie. Que todo el mundo pague $10 mil la entrada y la recaudación se la damos al Garrahan. Ah, y no vale correr en el ring.

—¿Con o sin guantes?

—Así nomás, como venga. Si es tan guapo, lo veremos ahí. Ponelo bien claro a todo eso. A cinco rounds, y el que corre, pierde.

José Luis Chilavert entrevista 3

Hay otras cosas de las que se enorgullece Chilavert. Por ejemplo, la cicatriz en la frente por culpa de un tapón de aluminio que un rival le incrustó en 1988, cuando jugaba en el Zaragoza. Iban cinco minutos de partido y el médico le aconsejó abandonar, porque, según Chilavert, era amigo del arquero suplente. "Usted me cose", le ordenó el paraguayo, que recibió 9 puntos y completó el encuentro con la cara bañada en sangre. El público gritaba "¡indio, indio!".

Chilavert pide que mire si lo quieren. Mañana recibirá a enviados de la TV japonesa que viajaron especialmente para entrevistarlo, "para conocer qué está haciendo hoy en día". Y si se le pregunta qué hace hoy en día, Chilavert lo resume en una frase látigo: "Soy empresario. Punto". Cuando ponga un pie fuera del hotel, diez segundos es todo lo que pasará sin un brazo ajeno colgado de su hombro. El joven que aborda el tótem sonríe para la foto y, cuando lo suelte, dirá: "José Luis, yo no he ganado nada".

—¿Quién es tu villano favorito?

—(Piensa un rato). Mi ídolo siempre fue Stallone. Rudo, peleador. Me gusta.

—¿Qué música escucha Chilavert?

—Todo de los '80. A Freddy Mercury es imposible que alguien hoy le llegue a los talones.

—Pero yo vi una foto tuya con Justin Bieber...

—Esa es una historia muy larga. Él venía a Paraguay y mi hija quería verlo cantar y una foto con él. Nos convocaron a las dos y media de la tarde, eran las diez y media y Justin no aparecía. Entonces le dije al productor que si no se sacaba una foto con mi hija, Justin no iba a salir de Paraguay. Hicimos la cola como todos, eran como cien chicas, y en un momento el productor me ve y le dice a uno de los guardaespaldas: 'ahí esta Chilavert, el mejor arquero del planeta'. Mi hija se saca la foto y, cuando nos íbamos, Justin grita '¡ey, Chilavert, come on, come on!'. Él pidió la foto y la puso en su página. Esa es la diferencia.

—De cada diez pibes de 15 años que cruzás en la calle, ¿cuántos te reconocen?

—Seis. En Paraguay muchas consultoras dicen que este es mi momento para entrar en la política porque después ya nadie se va a acordar de Chilavert. Eso es porque tienen una mentalidad mediocre: hasta que se muera, Chilavert va a ser una persona reconocida en el mundo. Ponés mi nombre en una computadora y te salen la foto, los goles, todo.

—¿Tenés activada la alerta de Google para enterarte si publican algo sobre vos?

—La tiene mi hija y me comenta ciertas cosas. Pero en líneas generales lo que nunca va a salir es que Chilavert le robó a este o defraudó a aquel. Eso es imposible. Que discuta con alguien, sí.

—¿Soñás de noche con el fútbol?

—Mi único sueño es que los médicos inventen una pastilla para rejuvenecer y me den diez años más para jugar. Bah, con cinco me conformo.

—¿Y en qué equipo te gustaría jugar?

—Con Messi en el Barcelona. Le diría 'parate del lado de la cancha que más cómodo te quede', me cansaría de tirarle pelotazos y nos cansaríamos de hacer goles.

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: En trámite - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - internet@dpopular.com.ar

Edición Nro. 15739

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados