Un 12 de octubre de hace cuatro décadas y media, la Selección jugaba frente a España en el debut de Menotti como técnico de la Argentina, abriendo un surco en el fútbol nacional e instalando un perfil muy activo y ambicioso para competir e imponerse a las potencias europeas

Mientras que por aquellos días de hace 45 años la Argentina se precipitaba al desastre económico, político y social después de la muerte de Juan Domingo Perón el 1º de julio de 1974 (la Triple A, organización paramilitar de ultraderecha creada y manejada en sus inicios por el Brujo José López Rega, ya había comenzado su tarea de exterminio que luego en plena dictadura se expresó en los 30.000 desparecidos), la Selección nacional emprendía aquel 12 de octubre del mismo año un camino que ilusionaba.

El país en llamas, casi anticipando el criminal golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y por otro lado la Selección que dirigía el Flaco Menotti (elegido por el ex titular de Huracán y presidente de AFA, David Bracutto, hombre del sindicato metalúrgico, quien había asumido el 21 de junio), enfocada en la búsqueda de un horizonte superador, luego de experiencias en que los jugadores preferían no ser convocados a vestir la camiseta argentina, en virtud de la desorganización galopante que hacía décadas se había institucionalizado.

Menotti llegaba como entrenador de la Selección avalado por el juego extraordinario que mostró ese Huracán campeón del Metro 73, desbancando a aquel San Lorenzo que conducía Juan Carlos Lorenzo, campeón del Metro y Nacional de 1972. Dos líneas, dos estilos y dos ideas muy distintas para abordar el juego. El Ciclón, muy táctico, muy físico, contragolpeador y con un perfil especulativo. El Globo, creativo, muy ofensivo, inspirado en lo que había construido Brasil en México 70 y apostando siempre por una iniciativa individual y colectiva que no era lírica ni bohemia: era brillante.

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Con ese antecedente irrefutable, Menotti arribaba a los 36 años a una Selección totalmente desprestigiada y vapuleada, que había colapsado unos meses antes en el Mundial de Alemania, cuando de seis partidos disputados, solo ganó uno ante la debilidad insuperable de Haití (4-1). El resto fueron un empate ante Italia (1-1), otro con Alemania Oriental (1-1) y derrotas frente a Polonía (3-2), Holanda (4-0) y Brasil (2-1).

¿Qué tenía que hacer Menotti desde el mismo momento en que asumía? Armar todo desde cero para ir encontrando un plantel, un equipo y un concepto futbolístico propio de cara al Mundial que Argentina tenía que organizar en 1978. El arranque formal es lo que en este 12 de octubre se recuerda.

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A 45 años del 1-1 de la Selección ante España por la Copa de la Hispanidad en el estadio Monumental que ni por lejos estuvo colmado y que contó con desfile de bandas militares y de adolescentes portando letras que se unían en la consigna “Argentina Potencia”, queda para la postal la formación del equipo nacional: Sánchez (Boca), Pernía (Boca), Paolino (Racing), Rogel (Boca) y Carrascosa (Huracán); Brindisi (Huracán), Russo (Huracán) y Babington (Huracán), Houseman (Huracán), Di Meola (River) y Ferrero (Boca). Promediando el segundo tiempo ingresaron Trobbiani (Boca) por Brindisi y Potente (Boca) por Babington.

El desarrollo del partido no alcanzó a superar un nivel discreto. A casi 8 minutos del cierre del encuentro, Pirri, puso arriba a España 1-0 y al minuto empató Rogel con un cabezazo. Menotti destacó el inicio de un nuevo ciclo y algunos pasajes que dejaron en pie una esperanza, después de apenas unos diez días de entrenamiento.

El Flaco había apelado a cinco jugadores de ese Huracán inolvidable al que había renunciado tres semanas atrás, luego de participar en la Copa Libertadores, siendo eliminado el 20 de septiembre por Independiente, cuando cayó 3-0 en Avellaneda. Repasando los once titulares y los dos suplentes que entraron ante España, queda la evidencia que solo ese crack entrañable que fue René Houseman formó parte del plantel que casi cuatro años más tarde ganó el Mundial 78.

La fecha fue simbólica para el fútbol argentino. A partir de ahí la Selección comenzó la durísima tarea de ser considerada una prioridad. Lo era en el marco hipócrita de las declaraciones políticas y diplomáticas que se revelan para dejar conformes a todos. Pero no lo era de ninguna manera en los términos prácticos. La prioridad, en definitiva, era una bandera falsa utilizada por los dirigentes para decorar las circunstancias.

Menotti terminó resignificando la figura de la Selección a pesar de todos los contratiempos, no menores, que fueron surgiendo en el camino hacia el Mundial. El cruce citado frente a España conducida por el legendario Ladislao Kubala, adquiere relevancia si se cita el contexto. Un contexto toxico por dentro y por afuera del fútbol argentino, si miramos en perspectiva las sombras ya instaladas y las que en breve tapizarían por completo el cielo de la geografía argentina.

Ese partido que parecía intrascendente y no lo fue, abrió un surco y dejó huellas. La Selección partir de esa jornada comenzó a pensarse como una Selección. Y no como un rejuntado de ocasión siempre perseguido por las urgencias.

A cuatro décadas y media de aquella cita en un Monumental al que todavía le faltaba una bandeja superior, vale la mención en nombre de una memoria que es bueno reivindicar. Aunque sea para saber que la Selección no salió de un repollo.

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