La eliminación de Independiente ante Brown por la Copa Argentina no estuvo fuera de contexto. El equipo de Ariel Holan viene resignando juego y recursos. La falta de coordinación. La impotencia que revela el entrenador.   

Independiente alcanzó el pico máximo de su rendimiento en el último trimestre de 2017. En ese período conquistó la Copa Sudamericana. ¿Qué distinguía al equipo conducido por Ariel Holan? Su ritmo ofensivo. Sus buenas combinaciones en ataque. Sus arranques demoledores y desequilibrantes. Su velocidad en precisión. Y una presencia general compacta, potente, convencida.

En el 2018, el mejor partido de Independiente fue en el 2-1 ante Corinthians en San Pablo, cuando obligado a ganar para mantener chances de clasificación a los octavos de final de la Copa Libertadores, el equipo funcionó a pleno, como en la etapa decisiva del año anterior.

Pero no repitió Independiente actuaciones cercanas a ese nivel. Como si le costara demasiado encontrar puntos de contacto con su mejor versión. Como si jugara expresando muchísimas dudas. En definitiva, fue perdiendo capacidad de sorpresa y sobre todo, juego colectivo.

Este Independiente debilitado se está manifestando con absoluta claridad desde que arrancó la temporada venciendo al Cerezo Osaka por la Suruga Bank. En aquel momento pudo interpretarse que el comienzo de la actividad no permitía que el equipo tuviera la soltura y el ritmo para generar el juego que demandaban los partidos.

A la luz de las circunstancias, habría que sostener que esa interpretación inicial fue indulgente. Independiente parece que siguiera de pretemporada. La lentitud del equipo es apabullante. Lentitud para realizar todos los movimientos. Los de defensa y los de ataque. Lentitud para pensar y elegir el destino de cada pelota.

Se mueve poco el equipo. Quedó en evidencia en la reciente caída por penales ante Brown de Adrogué por la Copa Argentina. Y además se mueve mal. No coordina. No armoniza. No brinda seguridades mínimas en el fondo, no construye ni elabora juego en el medio (algo vital en el fútbol de todos los tiempos) y arriba queda subordinado a una maniobra individual que en muy pocas oportunidades prospera, porque a los delanteros y media punta se los ve lejos de sus posibilidades reales.

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¿Qué hace Holan? Se muestra impotente, fastidioso y molesto, como lo hizo después de la eliminación frente a Brown, cuando en rueda de prensa cargó sus culpas sobre las espaldas de los jugadores. Esta actitud del entrenador de transferir responsabilidades, no es precisamente una acción virtuosa. Todo lo contrario. Delata la impotencia que antes invocamos. Un conductor con experiencia nunca debe tirar debajo del camión a sus dirigidos, más allá de la bronca circunstancial que lo pueda invadir.

Plantear que el equipo no es el mismo desde que en diciembre de 2017 quedó desvinculado el preparador físico Alejandro Kohan (un profesional influyente en la dinámica cotidiana del plantel), no deja de ser un episodio ya muy lejano y distante. La realidad es que Independiente está padeciendo la falta de funcionamiento. El funcionamiento que supo tener. Y por otra parte está sufriendo permanentes cambios en la formación del equipo. Cambios obligados por lesiones o suspensiones y cambios que se suceden a partir de las decisiones tácticas y estratégicas de Holan, intentando encontrar lo que por ahora no encuentra.

Si a ese perfil dubitativo e incierto se le suman los jugadores que se fueron y arribaron en los últimos libros de pases, el saldo es deficitario. Independiente gastó demasiado en relación a los aportes futbolísticos de los jugadores que se incorporaron. En lugar de fortalecerse, el equipo resignó juego.

Y Holan en muchos pasajes demasiado enamorado de Holan, está frente a una disyuntiva importante y a una pregunta clave ante la inminencia de los cruces decisivos contra River por la Copa Libertadores: ¿qué hacer? Lo que está haciendo ni él lo debe reivindicar. El equipo se está cayendo. Lo que no significa que esta tendencia no pueda revertirse. En las situaciones límites, la base de este plantel supo hallar respuestas muy superadoras. Aquel partido estupendo con Corinthians en San Pablo es una prueba testigo contundente.

En ese espejo tendría que mirarse Independiente. Para salir de las sombras y para reencontrarse con sus mejores días.

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