Uno de cada cuatro porteños fumadores redujo el consumo del cigarrillo o lo dejó a causa de los aumentos del precio de los últimos tiempos, según un relevamiento realizado por la encuestadora Julio Aurelio (ARESCO).
Según la encuesta, el 22,2% fuma menos y el 4,8% dejó de fumar; del resto de los fumadores, 1 de cada 4 (24,4%) cambió por otra marca de menor valor, un 9% compra cigarrillos para armar y el 1,9% los consigue sin abonar los impuestos.
Estos son algunos de los resultados de la encuesta de opinión sobre el Tabaquismo en la Ciudad de Buenos Aires que fue patrocinada por el Centro de Investigación de Enfermedades No Transmisibles (CIENTA), que se presentaron en pleno marco del Día Mundial sin Tabaco, que se conmemora el próximo miércoles.
En cuanto al consumo en el hogar, ante la pregunta sobre cómo actúa si en su casa alguien prende un cigarrillo, 8 de cada 10 (81,9%) manifestaron alguna reacción: el 61,4% respondió que lo invita a fumar afuera y el 20,5% le pide que se acerque a una ventana; sólo el 16,4% no dice nada.
El sondeo determinó además que 1 de cada 4 personas (24,4%) cambió por otra marca de menor valor, un 9% decidió comprar cigarrillos para armar, y un 1,9% manifestó que lograba conseguirlos sin abonar el impuesto.
En este aspecto se nota una importante evolución en la actitud de defensa de los ambientes libres de humo de tabaco con respecto a lo manifestado en ediciones anteriores de esta misma encuesta: ya que frente al 81,9% de este sondeo, ante la misma pregunta el nivel alcanzado era menor pero siempre se mostró en aumento: 69,9% en 2010; 75,5% en 2012; 76,4% en 2013 y 78,2% en 2014.
La investigación, llevada a cabo entre el 6 y el 9 de marzo de 2017 sobre 1.503 habitantes mayores de 18 años de la Ciudad de Buenos Aires, tuvo por objetivo evaluar las percepciones sobre el tabaquismo y el nivel de conocimiento de la gente respecto del cumplimiento y los cambios implementados por la Ley de Control de Tabaco de Buenos Aires, sancionada el 29 de septiembre de 2005 (Ley 1799/05).
Del total de participantes, el 46,5% eran hombres y el 53,5% mujeres. El 23,6% era fumador y un 25,3% ex fumador, mientras que el 51,1% nunca había fumado (estos valores coinciden con los informados por la mayoría de los relevamientos realizados sobre la población).
El médico especialista en Cardiología y Presidente de CIENTA, Darío Marsicano, señaló que “muchos de los resultados observados en el relevamiento confirman nuestra percepción diaria: por un lado notamos que los impuestos sobre los cigarrillos son una de las medidas centrales para combatir el tabaquismo, tal como se desprende del trabajo, y por el otro confirmamos que la gente ha tomado verdadera conciencia sobre los perjuicios del humo de tabaco, tanto el de primera mano como el ajeno (o de segunda mano) con consecuencias devastadoras sobre nuestra salud a largo plazo”.
Amplió que “sin embargo, el camino es de largo aliento y todavía nos quedan muchos aspectos sobre los que trabajar”.
Uno de los aspectos a los que se refiere el titular de CIENTA está referido al tabaquismo en el lugar de trabajo: Sólo en 6 de cada 10 de los encuestados que trabajaban manifestó que estaba terminantemente prohibido fumar en sus trabajos (59,3%).
Un 30,2% reportó que existía un sector para fumar y un 10,5%, que estaba permitido. Estos valores son llamativos porque la ley de prevención y control del tabaquismo prohíbe fumar o destinar espacios para fumadores en establecimientos cerrados, tanto del ámbito público como del sector privado.
“Solamente podemos entender espacios para fumadores si son al aire libre y donde no se afecte a terceros; la norma es muy clara y creemos que el conocimiento es masivo, por lo que no se explica que se siga fumando en los lugares de trabajo”, subrayó Marsicano.
En contrapartida, la gente manifestó un nivel de acuerdo del 89% con la promoción de ambientes cerrados 100% libres de humo de tabaco. Y 1 de cada 2 (53,8%) afirmó que aprobaría que se extendiera dicha prohibición de fumar a ambientes abiertos como parques y plazas. Casi 8 de cada 10 (76,8%) adhirieron a la prohibición si estuviera focalizada en aquellas áreas de juegos infantiles y sus alrededores.
Se percibe que la actitud ante la violación de la norma es cada vez más activa: ante la consulta sobre qué hace frente a alguien que fuma donde no está permitido hacerlo, 6 de cada 10 encuestados reportó una conducta activa: el 31,6% se lo dice al responsable del lugar, el 26,5% se lo advierte al propio fumador y el 3,2% se lo comunica a ambos. Solo el 35,7% mantiene una actitud pasiva y no dice nada.
Con respecto al tabaquismo en el interior del automóvil, 8 de cada 10 (82,6%) personas no permiten fumar, mientras que el 77,3% estaría de acuerdo con que se prohiba fumar en el interior de los autos ante la presencia de menores de edad.
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