"A los 18 años entré al Nación, renuncié dos o tres veces y volví hasta que me jubilé en 2013 en el Ciudad. Ahí me dediqué a buscar horizontes", reconoció quien hoy es una de las voces salientes del 2x4.

Siempre es temprano. O nunca es tarde. Como prefiera. Como sea, Miguel Pariente, un vecino de Aldo Bonzi, entendió que este axioma popular era clave para seguir exprimiendo a la vida y sacarle su mejor cara y el tango lo recibió con los brazos abiertos. Después de muchos años de bancario, hoy disfruta de su jubilación y le ha agregado un condimento: sacar de adentro un talento innato, al que lo va puliendo de la mano de sus maestros, Diego Sauchelli y Hernán Frizera. La canción ciudadana siempre estuvo con él, por eso no es casualidad que su espectáculo se conozca como "Mi vida es un Tango". Referencial al ciento por ciento.

"Casi toda una vida en el banco; a los 18 años entré al Nación, renuncié dos o tres veces y volví hasta que me jubilé en 2013 en el Ciudad. Ahí me dediqué a buscar horizontes, lo conocí a Sauchelli, hablé con él, me enseñó todo en lo musical, me educó en esto. De ahí empecé a cantar y fui progresando, y desde medio año tomo clases de canto con Hernán Frizera", cuenta Miguel, quien además de cantar produce espectáculos de tango, y ha recalado en lugares como el Homero Manzi, Quintino, Glorias Argentinas, Taconeando, teatro El Colonial (Paseo Colón y Belgrano) entre otros. "Soy feliz porque hago lo que gusta y porque Mi Vida es un Tango, ya es una marca registrada", señala el cantor afincado en Aldo Bonzi, pero que nació en Ramos Mejía, hasta 1976 vivió en Caballito y desde allí en Bonzi.

Cumplió el sueño en la tercera edad, pero no se plantea por qué no antes. "Mi padre murió cuando era chico, tuve que salir a laburar para bancar la casa, y a los 24 años me casé. Nunca dejé de trabajar para poder comprarme mi departamento y después nacieron mis hijas. No pude hacerlo antes porque había que parar la olla y estudiaba en la facultad de contador", explica Miguel Pariente, quien establece que el Miguel bancario y el Miguel cantor "coinciden en una senda común que es de la dedicación, honestidad y sacrificio".

Miguel debutó arriba de un escenario en el club Glorias Argentinas, en marzo de 2018. "El primer año y medio que dejé de trabajar, el tango me ayudó. Es que te querés ir del laburo y cuando lo haces no sabes qué hacer con el tiempo libre".

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Un camino que comenzó sin ningún miedo

A pesar de que el banco era su presente, Miguel Pariente siempre estaba cerca del tango, hasta que con la jubilación en vigencia se le dio cantar y producir. "Siempre fue un sueño cantar", confiesa el matancero.

"Iba a verlos a todos estos muchachos, caso Urquiza, Sauchelli, pagaba como cualquier persona, hasta que fui conociéndolos. Me invitaron a cantar en Glorias Argentinas, que era una prueba para cantores. Allí canté ante 40 cantores que te sacan la ficha enseguida, pero haberme animado sirvió mucho. Ese día canté Por una Cabeza y Garganta con Arena", subraya. "Y fue un sueño subir, que gustara y me aplaudieran, ya que el público es bueno y te aplaude siempre. De ahí en más empecé a aprender". Así, el vecino de La Matanza empezó a practicar mucho en su casa, escuchando al Polaco Goyeneche, Julio Sosa, marcando los ritmos y la forma de cantar. "Eran y son dos o tres horas por día siempre con la supervisión de Diego Sauchelli", explica.

Si bien el amor por la canción ciudadana no sabe de diferencias, siempre hay alguna preferencia. Y Miguel asegura que "Goyeneche, Julio Sosa, Horacio Palma, Alberto Castillo, Hugo del Carril, Edmundo Rivero, las orquestas de DºArienzo y Mores" son las referencias en su andar.

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Una historia que nació desde su infancia

La charla con POPULAR pasó por diversos momentos, entre ellos aquellos que llevaban derecho a los recuerdos como para edificar este presente de Miguel Pariente. "Siempre me gustó el tango; con mi hermano, Rubén, a mis 14 años cantábamos juntos en forma casera", apunta como para entrar en tema.

Y al referirse si sospecha de dónde nace su relación con el 2x4, rememora: "Mi padre escuchaba tangos, y me acuerdo de los carnavales en San Lorenzo de Almagro. De chico me iba a escuchar las orquestas típicas, mientras la mayoría se iba para el lado del rock. Escuchaba a los grandes cantores y sobre todo a DºArienzo".

Miguel vivía en aquellos días en Acoyte y Rivadavia y confiesa que "me marcaron Cafetín de Buenos Aires y Por una Cabeza". Y analiza: "La historia de Cafetín es porque mi padre se juntaba con los vecinos y amigos en un café de la esquina de José María Moreno y Rivadavia y en ese tiempo era solo para los hombres. Una vez que comía, mi madre me dejaba salir y yo iba al bar, apoyaba la ñata contra el vidrio, como dice el tango, golpeaba el vidrio, mi padre salía, me daba 5 mangos para ir a tomar un helado o una coca con mis amigos. La letra de este tango es referencial para mí porque dice de chiquilín ter miraba de afuera como a esas cosas que nunca se alcanzan. Y eso era yo también".

El vecino de La Matanza acota al respecto: "Pese a que siempre me atrajo ese tango, ahora analicé la letra y me dije que es mi vida, resumida en la letra de un tango". En cuanto a Por una Cabeza, entiende que "marca lo que se aprende, dados, timba, burros, fútbol y siempre había un bohemio, un filósofo en el bar. Fui a los burros y perdí muchas veces, perdí por una cabeza. Por eso son los dos tangos que me pegaron más".

Si de recuerdos se trata, Pariente se recibió de Perito Mercantil en el Comercial N°23 de Caballito, en donde vivió grandes experiencias. "Un familiar de uno de los chicos hizo que viniera Mariano Mores a tocar el piano al colegio. Y yo apoyado en el piano lo escuché y me quedé deslumbrado por el maestro", recuerda.

El fútbol también aparece en la memoria de este verdolaga. "Me acuerdo de Marrapodi, con quien hablaba mucho, también de Antonio Roma, Silvio Marzolini, el Tano De Vitta, el Beto Márcico, el Goma Vidal, los hermanos Arregui", enumera y apunta: "Nos hicimos amigos con el Zurdo Miguel Angel López, que me decía que él y Perfumo eran los mejores zaguero argentinos".

modarse. Por eso digo que el tango me ayudó para estabilizarme emocionalmente, conocer gente espectacular y hemos armado un grupo hermoso, ya que además me he reencontrado con gente que ahora me viene a ver cantar".

Y para cerrar reflexiona: "No puedo elegir una etapa sobre la otra. Fui feliz de bancario porque me permitió mantener a mi familia, con todo lo que ello implica, y esto lo agradezco. Y me volvería a dedicar a eso, pero esto del tango me permitió cambiar la vida en la jubilación. Me decía yo mismo me decía escombro. Con esto me compré una nueva vida. Por eso ahora Mi vida es un Tango".

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