La iniciativa contempla una inversión de USD 9.600 millones para construir un túnel ferroviario de 54 kilómetros bajo la Cordillera de los Andes, además de una moderna red de transporte de cargas y pasajeros que conectaría el Atlántico con el Pacífico.
Después de más de cuatro décadas sin actividad, el histórico Ferrocarril Trasandino podría volver a conectar Argentina y Chile. Un ambicioso proyecto privado, valuado en USD 9.600 millones, propone recuperar el vínculo ferroviario a través de la Cordillera de los Andes mediante la construcción de un túnel de 54 kilómetros y una nueva infraestructura logística de escala regional.
La iniciativa, impulsada por la empresa chilena Beler S.A. junto a la firma singapurense International Nusantara Investment, lleva el nombre de Corredor Bioceánico Longotoma y apunta a unir Mendoza con la región chilena de Valparaíso, generando una salida directa al océano Pacífico para la producción sudamericana.
El corazón de la propuesta es un túnel ferroviario de 54 kilómetros que uniría Uspallata, en Mendoza, con la ciudad chilena de Los Andes. La obra permitiría mantener la conectividad durante los doce meses del año, evitando los frecuentes cierres provocados por las condiciones climáticas en el paso Cristo Redentor.
Además, el proyecto contempla la construcción de 420 kilómetros de doble vía electrificada, preparada para el transporte de pasajeros, cargas y vehículos entre la región cordillerana y la costa del Pacífico.
La iniciativa también incluye un centro logístico multimodal en Longotoma y un puerto submarino de aguas profundas en La Ligua, destinado especialmente a la exportación de granos y otros productos hacia los mercados de Asia.
Los impulsores sostienen que el corredor podría transformarse en una pieza estratégica para Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, facilitando el acceso a los mercados asiáticos.
Según las estimaciones difundidas por el consorcio, el costo de transporte de mercaderías a través del nuevo corredor rondaría los USD 95 por tonelada, una cifra que buscaría competir con otras rutas comerciales de la región, como el Canal de Panamá o el puerto peruano de Chancay.
El proyecto también incorpora sistemas de generación mediante energías renovables y mecanismos de valorización energética de residuos para abastecer parte de las necesidades operativas del complejo.
Por el momento, la iniciativa se encuentra en una fase preliminar. Sus responsables ya presentaron la propuesta ante autoridades de la región chilena de Valparaíso y buscan respaldo institucional tanto en Argentina como en Chile.
Entre las herramientas que podrían facilitar su desarrollo aparece el Tratado de Maipú, firmado en 2009 por los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet, que establece mecanismos de cooperación bilateral para obras de infraestructura estratégica.
De obtener las autorizaciones y el financiamiento necesarios, los promotores estiman que la construcción podría completarse en un plazo de entre tres y cuatro años.
La historia del Ferrocarril Trasandino comenzó en el siglo XIX. Las obras se iniciaron en 1872 y la conexión ferroviaria entre Mendoza y Los Andes fue inaugurada oficialmente el 5 de abril de 1910.
Durante décadas, el servicio fue fundamental para el transporte de pasajeros y mercaderías entre ambos países. En sus años de mayor actividad movilizó a cientos de miles de viajeros y se convirtió en un símbolo de integración económica y turística entre Argentina y Chile.
El tramo internacional dejó de funcionar en 1978, en el contexto de las tensiones por el conflicto del Beagle. La operación continuó del lado argentino hasta 1984, cuando el servicio fue suspendido definitivamente.
Casi medio siglo después de su desaparición, el proyecto del Corredor Bioceánico Longotoma vuelve a instalar la posibilidad de recuperar una conexión ferroviaria que marcó la historia de ambos países y que podría convertirse en una nueva puerta de salida al Pacífico para la producción sudamericana.
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