Romina Atencio es coach y mentora de mujeres y parejas. Para cualquier consulta, comunicarse al correo electrónico [email protected]. Instagram: @diosalmica. YouTube: @rominaatenciocoaching.
Durante mucho tiempo se nos enseñó que amar implicaba aguantar. Que la familia “es así”, que las amistades se sostienen a cualquier precio y que una pareja se cuida incluso cuando duele. Sin embargo, hay vínculos que no nutren, no expanden ni acompañan: consumen, desgastan y enferman.
Hablar de vínculos tóxicos no es señalar culpables ni colgar etiquetas. Es aprender a leer señales, asumir responsabilidad personal y comprender que siempre existe la posibilidad de sanar, cambiar y elegir distinto. Los vínculos tóxicos no se limitan a la pareja. Pueden aparecer en la familia, en amistades, en relaciones laborales o, incluso, en dinámicas espirituales. Lo que los define no es el rol, sino el impacto emocional que generan. No toda relación conflictiva es tóxica. Las diferencias y los desacuerdos son parte de cualquier vínculo sano. La toxicidad aparece cuando el malestar se vuelve constante y estructural.
Algunas señales frecuentes:
-Te sentís culpable sin saber exactamente por qué.
-Caminás “con cuidado” para no molestar, enojar o generar conflicto.
-Hay manipulación emocional, silencios prolongados, castigos o amenazas veladas.
-Tus emociones son minimizadas: “exagerás”, “estás sensible”, “no fue para tanto”.
-El vínculo se sostiene más por miedo, obligación o culpa que por amor.
-Sentís que das mucho más de lo que recibís.
-Hay control, celos excesivos o invasión de límites.
-Después del contacto con esa persona quedás agotada, confundida o triste.
En vínculos familiares o de amistad, la toxicidad suele camuflarse bajo frases como: “Es tu madre”, “Es tu hermano”, “Así es desde siempre”, “No lo hace con mala intención”. Pero el amor no debería doler de manera permanente. El cuerpo suele detectar antes que la mente. Prestar atención a las señales físicas y emocionales es clave:
-Tensión en el pecho o el estómago antes de ver a esa persona.
-Ansiedad, insomnio o malestar luego de interactuar.
-Sensación de estar “achicándote” para encajar.
-Pérdida de entusiasmo, creatividad o vitalidad.
Detectar no implica huir inmediatamente, sino mirar con honestidad. Preguntarte:
-¿Este vínculo me permite ser quien soy?
-¿Me siento escuchada y respetada?
-¿Hay posibilidad real de diálogo y cambio?
Cuando la respuesta es sistemáticamente no, algo necesita transformarse. ¿Por qué atraigo personas tóxicas? El poder de la responsabilidad personal. Aquí aparece una de las preguntas más incómodas y más liberadoras. Salir del rol de víctima no significa culparte, sino recuperar poder. Atraemos vínculos en resonancia con nuestras heridas no sanadas. Algunas razones frecuentes:
Nada de esto habla de debilidad. Habla de aprendizajes emocionales. La buena noticia es que lo aprendido puede desaprenderse. Cuando sanás, el patrón deja de repetirse. No porque el mundo cambie, sino porque vos cambiás tu frecuencia emocional. ¿Se puede ayudar a una persona tóxica a cambiar? Una persona solo puede cambiar si:
Reconoce su comportamiento.
Asume responsabilidad.
Tiene intención real de transformarse.
Busca ayuda o se abre al proceso.
No alcanza con que vos pongas amor, paciencia o comprensión. Acompañar no es tolerar el maltrato.
Ayudar implica:
-Poner límites claros.
-Nombrar lo que duele sin atacar.
-Dejar de justificar conductas dañinas.
-No rescatar constantemente.
Si el vínculo mejora cuando ponés límites, hay posibilidad de sanación. Si empeora, el límite se vuelve aún más necesario. Cómo salir de un vínculo tóxico. Salir no siempre significa cortar definitivamente, especialmente cuando se trata de familia. A veces salir es reconfigurar el vínculo. Algunos pasos clave:
Salir de un vínculo tóxico duele, pero quedarse duele más. Cómo cambiar desde adentro y crear vínculos sanos. La verdadera transformación no empieza afuera, sino adentro. Algunas claves para cambiar el patrón vincular:
-Trabajar la autoestima y el autovalor.
-Aprender a decir no sin culpa.
-Revisar creencias heredadas sobre el amor.
-Escuchar al cuerpo y a la intuición.
-Elegir vínculos que sumen, no que drenen.
Cuando cambiás por dentro, tus vínculos cambian o se caen solos. No por castigo, sino por coherencia. Cuando sanar el vínculo empieza por vos. Ningún vínculo cambia si no hay un movimiento interno previo. A veces ese movimiento es animarse a mirar lo que duele, otras es aprender a poner límites, y muchas veces es pedir ayuda. Sanar los vínculos no se trata de encontrar culpables, sino de comprender patrones, cerrar heridas emocionales y aprender nuevas formas de vincularnos desde el respeto, la conciencia y el amor propio. No siempre podemos hacerlo solos. Y no deberíamos.
El acompañamiento terapéutico ofrece un espacio seguro para revisar la historia personal, desarmar mandatos, resignificar experiencias y recuperar el poder de elegir vínculos que nutran. Cuando una persona se transforma por dentro, su manera de amar, de comunicarse y de relacionarse también se transforma.
Desde mi trabajo como terapeuta holística, acompaño a personas, parejas y especialmente a mujeres que sienten que repiten vínculos que duelen, que se agotan emocionalmente o que han perdido su centro en nombre del amor. A través de procesos de sanación profunda, es posible volver a habitar relaciones más conscientes, auténticas y alineadas con quienes somos hoy.
Porque el verdadero cambio no empieza cuando el otro cambia, empieza cuando vos decidís no abandonarte más. Si queres que trabajemos juntas no dudes en escribirme. Con amor. Romi.
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