
Ámsterdam prohibirá desde mayo la publicidad de carne y productos de alto impacto en el cambio climático en la vía pública, aunque permitirá su promoción dentro de los comercios.
Ámsterdam dará un paso inédito y polémico en la política climática urbana al prohibir, desde el 1 de mayo, la publicidad de productos considerados de alto impacto climático en el espacio público. La medida alcanzará tanto a la promoción de carne como a actividades vinculadas a los combustibles fósiles, como vuelos turísticos, cruceros y automóviles a combustión, y se aplicará en vallas, marquesinas, pantallas y soportes publicitarios de la vía pública y del transporte.
La iniciativa fue impulsada por el partido ecologista "GroenLinks" y el Partido por los Animales (PvdD) y aprobada por mayoría en el consejo municipal. Según sus promotores, el objetivo es evitar que el propio municipio contradiga sus políticas ambientales permitiendo publicidad que fomente actividades con un impacto probado en el cambio climático.
En ese sentido, el ayuntamiento sostuvo que la decisión es coherente con una estrategia que ya incluye inversiones en transporte sin emisiones, zonas ambientales, compras públicas sostenibles y el fomento de dietas con mayor presencia vegetal.
Hasta ahora, la capital neerlandesa aplicaba restricciones de forma parcial mediante contratos con empresas publicitarias, lo que generaba un sistema desigual según el vencimiento de cada acuerdo. Con la aprobación de una ordenanza municipal, el veto se amplía a todo el espacio público y adquiere fuerza legal, convirtiendo a Ámsterdam en la primera capital del mundo en prohibir de manera conjunta la publicidad de la carne y de sectores ligados a los combustibles fósiles.
Uno de los puntos centrales de la normativa es que no prohíbe la venta ni el consumo de carne, ni tampoco su publicidad en general. La restricción se limita exclusivamente a la promoción masiva en espacios comunes de la ciudad. Los productos cárnicos podrán seguir publicitándose dentro de los establecimientos que los comercializan, como carnicerías o supermercados, ya sea en escaparates, vitrinas o en carteles ubicados en la proximidad inmediata del local. Además, la medida no afecta a la publicidad en prensa escrita, radio, televisión ni medios digitales.
Desde el municipio explicaron que esta excepción busca evitar ser “innecesariamente restrictivos” y dejar en claro que el foco está puesto en reducir la normalización del consumo excesivo de productos con alto impacto ambiental, no en penalizar al comercio ni a los consumidores.
La decisión se apoya en argumentos científicos y ambientales: organismos internacionales como la ONU advierten que los alimentos de origen animal (en especial las carnes rojas y los lácteos) están asociados a mayores emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que las alternativas vegetales requieren menos energía, agua y uso de suelo. En línea con esto, Ámsterdam busca avanzar hacia un cambio en los hábitos alimentarios y acompañar el objetivo nacional de alcanzar, hacia 2050, un consumo de 50% de proteínas de origen vegetal, frente al predominio actual de proteínas animales.
Si bien algunos partidos, como el liberal D66 y el conservador VVD, votaron en contra al considerar que la medida podría generar cargas adicionales para los empresarios, los impulsores rechazaron ese argumento y aseguraron que el texto fue diseñado para no afectar al comercio local. A nivel nacional, por ahora no se prevé un veto estatal, pero la decisión de Ámsterdam reabrió el debate y podría impulsar iniciativas similares en otras ciudades europeas.
La decisión de Ámsterdam también pone el foco en el vínculo comercial con la Argentina, uno de los países que exporta carne bovina al mercado neerlandés. Según datos oficiales, en diciembre de 2025 Argentina exportó a Países Bajos US$199 millones e importó US$38,2 millones, con un superávit comercial de US$161 millones.
Entre los principales productos enviados se destacó la carne bovina, con ventas por US$22,8 millones, junto a colza y nueces de tierra. Si bien la nueva normativa no prohíbe la venta ni la importación de carne, analistas advierten que la restricción a su publicidad podría influir en el consumo a mediano plazo y afectar la demanda. En ese contexto, el desafío para los exportadores argentinos será sostener su posicionamiento en un mercado que avanza hacia criterios ambientales más estrictos y una menor promoción de productos de origen animal.