Facebook y Twitter jugaron un papel importantísimo tanto en la campaña del magnate neoyorquino como también en la actualidad política del país. Sus lazos con Rusia y el poder de la des-información.

La trama de hackers y centros de control de cuentas falsas para redes sociales que habría tenido un papel importante en la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca mostró lo que promete ser la punta de un iceberg del que no se conoce el final. Mientras el ex asesor del presidente de Estados Unidos Paul Manafort responde ante los tribunales de Washington, los lazos con las agencias rusas comienzan a pasar a la luz. Pero, ¿cómo y cuánto tuvieron que ver las redes sociales en los comicios que dejaron al millonario neoyorquino en el Salón Oval?

La primera prueba fehaciente de la intromisión rusa en la campaña fueron las cuentas de mails hackeadas al equipo de Hillary Clinton. Un colaborador de John Podestá, principal asesor de la candidata demócrata, vio un correo electrónico donde se le pedía que cambiase la contraseña de mail de Podestá y este lo calificó de “legítimo”. Era lo que en la jerga se considera “phishing”: una serie de correos que se mandan en forma simultánea a distintos destinatarios con la misión de obtener sus claves.

Así, desde computadoras ubicadas en Moscú y San Petersburgo se logró acceder a cientos de mails calificados de altos mando de la campaña demócrata. Ese fue el golpe puertas adentro. Mientras, puertas afuera, en las redes, se libraba otro tipo de batalla en la que también intervinieron direcciones de IP del gigante euroasiático.

Las redes de Trump

Así como el New York Times develó la trama secreta y sostuvo en la agenda pública la investigación que llevaba adelante la CIA sobre el hackeo de mails, ahora fue el sitio británico The Guardian el encargado de mostrar cómo desde Rusia se sostienen en forma diaria miles de usuarios en redes sociales destinados a verter información inexacta, noticias falsas y ataques agresivos sobre determinados usuarios, temas de interés y personajes de la escena política norteamericana y del Reino Unido.

La semana pasada, el presidente del Comité de Cultura, Medios y Deportes de la Cámara de los Comunes, Damian Collins, solicitó a los representantes de Twitter que facilite información sobre miles de cuentas relacionadas a una “fábrica de trolls” rusa. “Debemos saber si existió interferencia de actores extranjeros en el proceso democrático del Reino Unido”, manifestó Collins. La duda se sitúa sobre un hecho en particular: el Brexit.

Para algunos de los más altos representantes de la política británica, sobre todo aquellos que se habían manifestado en contra de la ruptura con la Unión Europea, la red social tuvo un flujo mayor que el habitual días antes de que el Reino Unido votara. Sospechan que las cuentas falsas impulsaron con información tendenciosa el voto por el sí.

La sospecha no nació de la nada: la semana pasada Twitter suspendió más de 2700 cuentas que operaban en EEUU y que era comandadas desde Rusia.

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El éxito de Trump en su guerra contra algunos medios que advertían sobre cuán peligroso podía ser tener al empresario inmobiliario en la Casa Blanca se debió en gran medida a que él interactuaba en tiempo real con las noticias a través de su cuenta de Twitter. Desde lo políticamente incorrecto hasta la desmesura, sus tweets eran noticia tanto o más que la noticia misma a la que el demócrata denostaba.

Y sus tweets era mil veces republicados por otros usuarios. Y se convertían en tendencia. ¿Pero cuán determinante fue su interacción en la red social a la hora de definir la elección que lo ungió como 45° presidente de Estados Unidos?

Un informe elaborado por la Universidad de Oxford sostiene que “una persona, o un pequeño grupo de personas, puede usar un ejército de boots en Twitter para dar la ilusión de un consenso a gran escala”. Así, comenzaron a florecer los miles de mensajes repetidos previo a las elecciones de noviembre de 2016.

El informe titulado "Redes sociales, noticias e información política durante las elecciones en EE. UU.: ¿el contenido polarizante se concentró en los estados oscilantes?" develó que “los niveles promedio de desinformación fueron más altos en los estados de fluctuación que en los estados no impugnados, incluso cuando se ponderaron para el tamaño relativo de la población de usuarios en cada estado”, y concluyó: “Encontramos que a nivel nacional, los usuarios de Twitter obtuvieron más desinformación, polarización y contenido conspirativo que las noticias producidas profesionalmente”.

Pero, por si quedaba alguna duda sobre la importancia que tuvieron las redes sociales durante la campaña, los testimonios de dos protagonistas claves no hicieron más que certificar cuán relevante fue el accionar de las redes para el éxito de Trump.

Evans Williams, cofundador de la red social favorita del mandatario, reconoció que “Trump no hubiera sido presidente si no fuera por Twitter”, y remarcó: "Es la calidad de la información que consumimos la que está reforzando las creencias peligrosas y aislando a las personas, y limitando la apertura mental de las personas y el respeto por la verdad".

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Por su parte, Ben Parscale, responsable de la campaña digital de Trump, reconoció en una entrevista con CBS: “Pronto entendí que Donald Trump iba a ganar a través de Facebook. Twitter era el medio para hablar con la gente. Facebook era la forma de ganar. Facebook era el método, la autopista en la que íbamos a conducir el coche”.

Pero, luego de que las declaraciones de Parscale retumbaran en las oficinas de Silicon Valley y provocaran que el fundador Facebook, Mark Zuckerberg, tildara de “extremadamente improbable” que su firma haya influido en el resultado de las elecciones, Parscale fue un paso más adelante y detalló: “Tenían gente empotrada en nuestras oficinas. Eran empleados de Facebook que venían a trabajar a diario a nuestras oficinas. Los empleados de Twitter y Google venían varios días por semana”.

En los últimos días, como ocurrió con cada uno de los personajes públicos con los que se lo vinculó, el presidente de Estados Unidos disparó en contra de Facebook y la tildó de ser “anti Trump”. “Es una plataforma para todas las ideas”, respondió su fundador.

Mientras, en los tribunales de Washington avanza la causa que intenta probar la supuesta intromisión de Rusia en la campaña. La investigación ya cuenta con cientos direcciones de IP alojadas en Moscú y San Petersburgo. Pero, claro, Trump ya es el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América.

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