Las facturas de servicios se triplicaron y no pueden aumentar el valor de las entradas. En Mirador, la asfixiante realidad provocó el cierre de un local.

El tarifazo de los servicios públicos -en muchos casos los valores se triplicaron- no sólo afecta al sector industrial, sino también a los emprendimientos culturales, como bares donde se realizan distintos espectáculos, que entraron en un estado de crisis, ante la imposibilidad de afrontar los costos cada vez más elevados con las entradas cuyo precio no pueden elevar ante el riesgo de perder espectadores.

Y la crisis en el distrito ya se cobró una víctima, el bar Thelma & Louis, que estaba ubicado en la colectora de Avenida General Paz y avenida Mosconi, en Lomas del Mirador, y que el 5 de agosto cerró sus puertas, luego de que Edenor le retirara el medidor ante la falta de pago.

Recorte de ganancias

Pero la situación no está mejor para otros lugares. Rogelio Pablo Rugilo, quien junto a su esposa Daniela Delgado está al frente del pub Mr Jones de Ramos Mejía -que está cumpliendo 15 años- puntualizó que “afrontamos el aumento del gas, luz y agua, y nos obliga a reducir los márgenes de ganancia”, al tiempo que indicó que “la llegada de artistas extranjeros se hace complicada, porque sus ingresos son en dólares”.

Pero para Thelma & Louis, la asfixia provocada por el tarifazo determinó una situación terminal.

Era una mini Pyme encarada por Graciela Arévalo y su hija Laura, con la participación de toda la familia, que daba trabajo a cocineros, mozos, volanteros. Realizaba fechas solidarias con entrada gratuita, les facilitaba las instalaciones a las bandas, y también ofrecía espectáculos de tango y de artistas plásticos.

Pero todo terminó el pasado 5 de agosto. En diálogo con este medio, Laura Arévalo explicó: “No pudimos hacer frente a los grandes aumentos de luz y agua. Pagábamos por bimestre a Edenor entre 7 y 12 mil pesos y pasamos a 33 mil, y el agua, de 2, 3 mil pesos, subió a 15 mil. Fuimos a las empresas, luchamos, pero nos sacaron el medidor de luz, nos cortaron las piernas”, señaló.

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El bar de Mirador abrió sus puertas el 25 de noviembre de 2015, luego de que varios integrantes de la familia vieron cómo se complicaba su presente laboral.

“El local, alquilado, era una fábrica de pastas que acondicionamos y dotamos de sillas, mesas, paneles acústicos, equipos de sonido, que nos costaron un millón y medio de pesos, que ahora están guardados en dos galpones, con la idea de volver a empezar en otro lugar”, recordó Laura.

Pero por ahora no hay perspectivas. “La entrada era gratuita, o costaba 50, 80 pesos. A las bandas no les cobrábamos, como hacen en otros lugares, mantuvimos siempre una conducta, y eso lo reconocieron los alrededor de 2 mil grupos que pasaron por nuestro bar”.

En el triste momento de desarmar todas las instalaciones, Laura recordó que “tuvimos el apoyo de amigos de Villa Lugano y Villa Celina que nos ayudaron a hacerlo, en medio de un dolor muy grande”.i

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