Llevar a cabo actividades novedosas para estimularnos intelectualmente nos ayuda a que nuestra mente se mantenga activa.

Nuestro estilo de vida tiene un profundo impacto en el cerebro. Hoy sabemos que nuestra reserva cognitiva, que comprende recursos individuales vinculados a procesos claves como la memoria y la atención, contribuye a entender por qué algunas personas son más susceptibles al envejecimiento o las enfermedades relacionadas con el cerebro.

Por eso, es clave la estimulación intelectual. Llevar a cabo actividades novedosas, que nos resulten atractivas y mentalmente estimulantes, como aprender un idioma o un instrumento musical, estudiar sobre nuevas disciplinas y tener pasatiempos desafiantes, nos ayuda a que nuestra mente se mantenga activa.

La evidencia sugiere que hace falta ejercitarse de forma sostenida en una habilidad cognitiva específica, como la memoria, a fin de mantenerla o mejorarla con el tiempo. Por su parte, es óptimo participar en actividades de estimulación mental que incluyan el compromiso social y un propósito en la vida (por ejemplo, el voluntariado o ser mentor de otros en la comunidad).

Aunque en estos momentos nos resulte especialmente difícil, necesitamos mantener un buen patrón de sueño, porque un descanso reparador cumple funciones centrales para el desarrollo saludable del ser humano. Además, debemos intentar manejar el estrés y tener una vida social activa. Es importante destacar que el distanciamiento físico que debemos llevar no significa estar distanciados socialmente. También es fundamental nuestra alimentación. Por eso, hay que llevar una dieta saludable que, por ejemplo, incluya cereales, granos integrales, verduras, fruta, pescado y comidas ricas en omega-3. Todos estos son factores potencialmente protectores en la mediana edad y que pueden ayudar a mantener un cerebro en forma y disminuir el riesgo de deterioro cognitivo en la vida adulta.

También, la educación y contar con un propósito en la vida, junto con el control de la presión arterial, el colesterol, el nivel de glucosa en sangre, el ácido fólico, la vitamina B12 y el peso. Asimismo, resulta vital no fumar ni tener hábitos perjudiciales para la salud.

Al existir una poderosa asociación entre actividad física y actividad cognitiva, realizar ejercicio físico se vuelve muy importante. Por eso, lo más conveniente es elegir una práctica que ofrezca disfrute. De esa manera, será más sencillo sostenerla a lo largo del tiempo.

El compromiso de mantener un cerebro saludable debe sostenerse toda la vida y debe iniciarse lo más tempranamente posible. Entonces, la disposición a aprender nos debe acompañar siempre; no se trata de un impulso solo para la niñez y la juventud. Tenemos que estar abiertos a descubrir intereses, despertar la curiosidad y disponer de tiempo para ello. Se trata de nuestro futuro.

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