Durante los últimos días ocurrieron tres casos en San Isidro, Nordelta y Lanús que expusieron las modalidades utilizadas por los delincuentes. Los aspectos que más preocupan a los investigadores.
Los robos a viviendas se encuentran entre los delitos que más preocupación generan en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Así, en la Ciudad y el Conurbano se registra un promedio de 78 episodios diarios entre entraderas y escruches, una modalidad que mutó en los últimos años y que hoy combina inteligencia previa, tecnología, vigilancia sobre las víctimas y ataques cada vez más rápidos.
Tres casos ocurridos durante la última semana reflejan cómo operan las bandas y la diversidad de estrategias que emplean para ingresar a los hogares, desde aprovechar la ausencia de los propietarios hasta irrumpir cuando las víctimas están dentro de sus casas.
En San Isidro, vecinos de Las Lomas denunciaron una sucesión de robos que mantiene en alerta al barrio. Según relataron, los delincuentes aprovechan la escasa circulación durante determinadas franjas horarias para ingresar a las viviendas, muchas veces tras forzar accesos o vulnerar medidas de seguridad. La reiteración de episodios llevó a los frentistas a reclamar mayor presencia policial y reforzar los sistemas privados de vigilancia.
Un caso diferente ocurrió en el country Nordelta, donde delincuentes concretaron un audaz golpe en la vivienda de un conocido cantante. Los ladrones ingresaron cuando la propiedad estaba vacía y escaparon con una importante suma de dinero en dólares. Toda la secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad y volvió a poner en evidencia que ni siquiera los barrios privados resultan inmunes frente a bandas que estudian durante días los movimientos de sus objetivos antes de actuar.
En Lanús, en tanto, una misma cuadra sufrió dos hechos graves en menos de 24 horas. Primero, delincuentes desvalijaron una vivienda aprovechando que sus moradores no estaban presentes. Horas después, otro grupo robó un automóvil estacionado en el mismo sector, generando temor entre los vecinos por la frecuencia de los ataques.
Los tres episodios tienen un denominador común: una planificación previa. Los investigadores sostienen que las bandas suelen realizar tareas de inteligencia para determinar los horarios de ingreso y salida de los propietarios, verificar si existen cámaras, alarmas o personal de seguridad y analizar posibles vías de escape.
Dentro de los robos a viviendas existen dos modalidades claramente diferenciadas. La primera es la entradera, cuando los delincuentes sorprenden a las víctimas al ingresar o salir de la casa, o irrumpen mientras sus ocupantes permanecen en el interior. En estos casos suele haber amenazas con armas de fuego, golpes y maniobras para obtener dinero, joyas o las llaves de vehículos.
La segunda modalidad es el escruche, que consiste en ingresar cuando la vivienda está vacía. Los delincuentes aprovechan vacaciones, fines de semana o extensas jornadas laborales para actuar sin enfrentar resistencia. En muchos casos fuerzan cerraduras, trepan medianeras o ingresan por ventanas, permaneciendo varios minutos dentro del inmueble mientras buscan objetos de valor.
Especialistas en investigaciones criminales advierten que las organizaciones dedicadas a este tipo de delitos funcionan con una marcada división de tareas. Mientras algunos integrantes realizan seguimientos sobre las víctimas, otros se encargan de ejecutar el robo y un tercer grupo recibe y comercializa los bienes sustraídos. Esa estructura les permite concretar golpes en distintos puntos del AMBA durante una misma jornada.
La tecnología también pasó a formar parte de estas maniobras. Las cámaras domiciliarias, que en muchos casos sirven para identificar a los delincuentes, son utilizadas por las propias bandas para estudiar previamente los movimientos del barrio mediante registros compartidos en redes sociales o imágenes obtenidas durante recorridas previas. Además, algunos grupos monitorean publicaciones en plataformas digitales para detectar cuándo una familia se encuentra de viaje y deja la vivienda desocupada.
Otro aspecto que preocupa a los investigadores es la rapidez con la que se ejecutan los robos. En numerosos hechos registrados por cámaras de seguridad, las bandas permanecen menos de diez minutos dentro de una vivienda antes de escapar, reduciendo así las posibilidades de ser detectadas. Las estadísticas reflejan la magnitud del fenómeno. En el AMBA se contabilizan en promedio 78 robos diarios a viviendas entre entraderas y escruches.