El 75 aniversario del 17 de octubre se celebra con el peronismo en modo web y la oposición en formato analógico. Para festejar el Día de la Lealtad el oficialismo invita a gestionar un avatar y asistir a la Plaza de Mayo virtual. Desde Juntos por el Cambio los feriados de los últimos meses se han constituido en fechas del calendario para protestar en las calles y plazas de manera presencial. Parece curioso y realmente lo es: los que se quedaron en el 45 son los no peronistas y muy particularmente los antiperonistas que encuentran en el desafío de las distancias en tiempos de pandemia su manera de poner las patas en la fuente. Los transgresores de ayer se contienen y los abanderados del orden se desatan.

Sin dudas ser gobierno u oposición influye en las conductas, pero parece haber muchas cosas más detrás de estos cambios en los hábitos. La Argentina política, organizada hace tiempo en dos coaliciones, contiene en cada una de ellas sectores de alta intensidad ideológica conviviendo con espacios pragmáticos. Los primeros, más conceptuales se asemejan a los protagonistas de esas series que juegan con los viajes entre el presente y el pasado (tipo Outlander y Dark o la ya clásica Volver al futuro) procurando cambiar lo que fue alguna vez para reinterpretar el presente y liberarse así del adversario. Como en la ficción la trama se presenta atractiva, pero con el avance de capítulos y temporadas termina confundiendo la capacidad de comprensión de gran parte de los espectadores. Solo pueden seguir su complejo guion unos pocos aficionados.

Mientras tanto, en otras pantallas, la de los operadores de la City porteña la serie es otra. Se parece más a Billions (pero en pesos) y narra minuto a minuto las distintas cotizaciones del dólar: CCL, Bolsa, Blue y otras tantas. La relación más sensible de todas, la de nuestro peso devaluado con la moneda norteamericana, marca el pulso de una crisis que inició su veloz carrera en abril de 2018 y no se detiene. Las consecuencias en la economía real y en el terreno social están a la vista.

En la política el impacto está por verse. No son pocos los dirigentes de Juntos por el Cambio que sospechan que radicalizar posiciones puede llevar agua para los molinos de la anti política. Y dentro del oficialismo otros tantos creen que el Presidente debe consolidarse como el centro de la coalición de gobierno en todos los sentidos del término. Nada se presenta como más inoportuno en la presente coyuntura que la consolidación de los extremos y la fatiga de los moderados. El colapso de 2001 se superó por los acuerdos partidarios y sectoriales de 2002. La soja llegó después. Fue la política la que reaccionó primero. Sin la estilización ni la estética danesa tuvimos nuestro Borgen local. Sin embargo, en los últimos diez años probamos el camino de la democracia polarizada. Los resultados fueron decepcionantes: pobreza, endeudamiento y estanflación. El pasado está agotado como campo de batalla. La receta de la cocina de la política resulta cada vez más desabrida. Quizás eso explique la migración de las audiencias al exitoso Master Chef. A la espera de que buena parte de la dirigencia recupere el olfato perdido - ¿consecuencia sistémica del Covid 19? - conviene distraerse hasta que llegue la vacuna sanitaria y el remedio definitivo contra la crisis de confianza.

Gustavo Marangoni/Politólogo

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