Incluso con las victorias a nivel provincial y nacional obtenidas en las elecciones de 2015, la región es para el gobierno un escenario complicado en el que la ex presidenta Cristina Kirchner se posiciona con fuerza.

Los 33 municipios que componen el Gran Buenos Aires siguen siendo un territorio hostil para el presidente Mauricio Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal, que no lograron imponerse allí cuando dos años atrás le arrebataron al peronismo la Nación y la Provincia: en las primarias de este domingo tendrán un test “político” clave en la región más poblada del país.

En los comicios nacionales de 2015, el binomio Macri-Gabriela Michetti sólo se impuso en cuatro municipios del Gran Buenos Aires: Vicente López, San Isidro, Tres de Febrero -por escaso margen- y Morón.

Cuando se realizó la segunda vuelta, se volcaron al primer mandatario los municipios massistas Tigre y San Fernando, a lo que se añadió San Martín.

Vidal tuvo mejor suerte contra Aníbal Fernández: extendió su primacía a la Zona Sur del Gran Buenos Aires, con triunfos en Quilmes y Lanús, así como en Avellaneda. También ganó en San Miguel y en Ituzaingó, donde Macri no logró imponerse, al igual que en San Martín, Tres de Febrero y el corredor norte que va de Vicente López a San Fernando.

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Este mapa funciona más que como un hecho histórico: es de alguna manera la hoja de ruta sobre la que se mueven los precandidatos de cara a la elección primaria del domingo en la que no se definen aún bancas pero sí habrá señales políticas.

Estrategia de campaña

Así, la ex presidenta Cristina Kirchner eligió por lanzar su campaña en la Zona Sur del Gran Buenos Aires, la estratégica Tercera Sección Electoral, la más poblada y donde cuenta con los mayores respaldos, tanto en términos de potenciales votantes como de intendentes. También esa sección, en La Matanza, realizó su acto de cierre de campaña.

La contracara fue la campaña de Cambiemos: el presidente Mauricio Macri priorizó visitas al interior del país, sobre todo en provincias donde el oficialismo tiene esperanzas de hacer una buena elección -nótese que el jefe de Estado no visitó la Patagonia, golpeada por las crisis petrolera, industrial y de las economías regionales-.

En ese contexto, Vidal optó por tener presencia en el conurbano, con un cierre de campaña en su bastión: Vicente López.

Una incógnita en esta elección en el conurbano será determinar si los jefes comunales “nuevos” del PRO (Diego Valenzuela, de Tres de Febrero; Néstor Grindetti, de Lanús; y Martiniano Molina, de Quilmes), pueden garantizar triunfos locales y apuntalar la gobernabilidad en sus distritos con mayorías en los concejos deliberantes.

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También estará en la mira la capacidad de penetración que tenga 1País, la fuerza de Sergio Massa, más allá de su zona de influencia en Tigre y San Fernando.

Otra pregunta a despejar será el desempeño del justicialista Florencio Randazzo, con los apoyos de los intendentes de San Martín, Gabriel Katopodis, y de Hurlingham, Juan Zabaleta. En tanto, a nivel de la Legislatura provincial, la Primera Sección (Norte y Oeste del gran Buenos Aires) elegirá senadores provinciales y la Tercera (Zona Sur) diputados provinciales.

El oficialismo tendrá la posibilidad de ampliar su representación legislativa: se renuevan bancas obtenidas en 2013, cuando el PRO participó del Frente Renovador, encabezado por Sergio Massa, pero con espacios acotados.

El massismo sabe sumar concejales

A nivel de concejales y de acuerdo a un informe del Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), en las elecciones de 2013, el Frente Renovador (FR) obtuvo el 40,01% de los votos en esa categoría en todo el Gran Buenos Aires, con lo que sumó 136 bancas, el 48,57% de las que estaban en juego en la región. El Frente para la Victoria (FpV) obtuvo 97 bancas, poco más del 34 por ciento, a partir de la sumatoria del 32,85% de los votos (si se suman los que obtuvo Nuevo Encuentro en Morón, distrito donde no se presentó el FpV). A su vez, el Frente Progresista Cívico y Social (FPCyS), sumó 27 bancas, casi el 10 por ciento -en su mayoría, dirigentes provenientes de la UCR-, a partir de obtener el 8,58% de los votos.

Desde la elección de 2013 hasta 2015 hubo reacomodamientos en los bloques de concejales, al ritmo del desgajamiento de intendentes que sufrió la fuerza de Sergio Massa. De esta forma, los reacomodamientos políticos generados durante los últimos años hacen que en la elección de octubre las distintas vertientes del peronismo sean las que más bancas ponen en juego en esta elección (unas 115 en total). A ellos les sigue el frente que lidera Sergio Massa, que pone en disputa casi 80 bancas. Cambiemos es el que menos bancas pone en juego en el conurbano, unas 40 en total. La mayoría de los concejales del oficialismo nacional fueron electos en 2015 por lo que sus mandatos finalizarán recién en 2019. Esta situación coloca a la fuerza del presidente Mauricio Macri en una buena posición para ampliar su influencia en los concejos deliberantes del Conurbano.

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