Los caminos del, por entonces, Coronel Juan Domingo Perón y de Eva Duarte se cruzaron por primera vez en un festival artístico solidario el 22 de enero de 1944; Fue el comienzo de una gran historia de amor

Hay episodios que cambian como en un golpe de timón el destino de la historia no solo de las personas, sino de un país. Y sin dudas, una de las tragedias que asoló a la Argentina en 1944 fue uno de esos hechos. El 15 de enero de 1944, un terremoto destruyó casi por completo la ciudad de San Juan, dejando un saldo de más de 7 mil muertos. El coronel Juan Domingo Perón, que por entonces era secretario de Trabajo y Previsión, decidió organizar colectas para los damnificados, y en las cuales se prestaron a participar muchos artistas populares de la época.

La cita fue en el Luna Park, el día 22 de enero, en un gran festival artístico. Según cuenta la historia, Eva Duarte, una atractiva mujer y ascendente actriz, llegó al estadio junto a otros artistas y se sentó en una de las plateas, casualmente al lado del coronel Perón, quien estaba acompañado del teniente coronel Domingo Mercante, quien desde 1946 sería gobernador de Buenos Aires, en el sector reservado a las autoridades.

Si bien existen varias versiones, una de ellas señala que fue el locutor y presentador Roberto Galán quien los presentó y facilitó el contacto. También hay otra versión según la cual Eva llegó acompañada por su amiga, la cantante de tangos Rita Molina, y ambas se sentaron junto a los dos militares, pero Eva lo hizo al lado del ascendente secretario de Trabajo, que ya tenía una gran influencia en el devenir político del país.

Así, con apenas 24 años, Eva Duarte deslumbró con su personalidad a Perón, quien había enviudado en 1938 de su primera mujer, Aurelia Tizón, y que años más tarde confesaría ante el periodista Tomás Eloy Martinez que “Eva había sido la más activa dentro del grupo de artistas que participó en las jornadas solidarias, y que de inmediato le llamó la atención”.

Según recordaría Perón, “Eva entró en mi vida como el destino. Entre los tantos que en aquellos días pasaron por mi despacho, había una joven dama de aspecto frágil, pero de voz resuelta, con los cabellos rubios y largos cayéndoles a la espalda, los ojos encendidos como por la fiebre. Dijo llamarse Eva Duarte, ser una actriz de teatro y de la radio y querer concurrir, a toda costa, a la obra de socorro para la infeliz población de San Juan”.

El flechazo fue tan fuerte que un mes después, Perón y Eva ya estaban viviendo juntos y él se mudó a un departamento contiguo al de ella en la calle Posadas, mientras Evita seguía desarrollando su carrera artística, con la filmación de “La cabalgata del circo” y luego “La pródiga”. Pero los acontecimientos políticos se precipitaron en 1945, cuando se produjo un golpe de Estado que encabezó el general Avalos, durante la presidencia de facto del general Edelmiro Farrell. El hecho, que generó una serie de acontecimientos violentos, concluyó con el desplazamiento de la Secretaria de Trabajo y Previsión del coronel Perón. Durante varios días algunos grupos antiperonistas tuvieron el control del país, pero no se decidieron a tomar el poder, mientras Perón y Eva pararon durante algunos días en la casa de su hermana Elisa Duarte. Pero finalmente el 12 de octubre Perón fue detenido en el departamento de la calle Posadas y confinado en la cañonera Independencia, que zarpó hacia la isla Martín García.

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El hecho, lejos de calmar las aguas, agitó aún más los acontecimientos. La presión popular y el estado de movilización que generaron los sindicatos, la CGT y uno de sus líderes de entonces, Cipriano Reyes, pidiendo la liberación de Perón, fue tan grande que el 17 de octubre el gobierno debió traerlo de nuevo a Buenos Aires, donde una multitud de trabajadores colmó la Plaza de Mayo. El resto es conocido: Perón dio un fuerte discurso desde los balcones de la Casa Rosada, y comenzó su carrera hacia la presidencia, que obtendría en enero de 1946, con un respaldo casi inédito y la certeza de que el país cambiaba para siempre.

Pocos días después, el 22 de octubre, la pareja se casaba en una escribanía de la ciudad de Junín, y a partir de allí, Eva Duarte se iba convirtiendo de a poco en Eva Perón, en una mujer que lucharía a la par de su esposo pese a no ostentar ningún cargo formal en el gobierno.

Luchadora e impulsora de la ley de sufragio femenino, que se sancionó en 1947, también peleó por la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida con el artículo 39 de la Constitución de 1949. Fundadora del Partido Peronista Femenino, que presidió hasta su muerte, también creó la Fundación Eva Perón, dirigida a asistir a los grupos más carenciados. Su obra se tradujo en la construcción de hospitales, asilos y escuelas, y también en el estímulo al turismo para los más pobres, y al deporte, a través de los famosos Campeonatos Evita y de becas para estudiantes.

Eva se convirtió en un vínculo directo entre Perón y los sindicatos, y muchos recuerdan la vehemencia con la que defendía sus principios. Como toda persona pública, también enfrentó críticas, como la de un excesivo personalismo en su gestión, y un carácter obsesivo en la búsqueda de las soluciones, pero ella siempre aseguraba que quería atender a todos, y acuñó una frase célebre: “donde hay una necesidad, nace un derecho”.

En 1951 se celebrarían las primeras elecciones presidenciales con sufragio universal, y el movimiento obrero propuso a Evita como candidata a vicepresidenta, pero las presiones de adentro y de afuera hicieron que Eva, en un recordado discurso, renunciara a su candidatura. Así, ese 31 de agosto fue conocido como el Día del Renunciamiento.

“Compañeros, quiero comunicar al pueblo argentino mi decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo de mi patria quisieron honrarme en el histórico cabildo abierto del 22 de agosto”, se escuchó el 31 de agosto, por la cadena nacional de radiodifusión.

Finalmente, la fórmula fue Perón- Quijano, y Eva, que ya en noviembre estaba enferma, votó desde el lugar en el que estaba internada, por primera y única vez, ejerciendo de ese modo el derecho por el que había luchado tanto.

Sin dudas, la gran dedicación de Eva Perón a su tarea y la poca atención que daba a su salud le pasó factura. Quienes la trataban la veían muy flaca y desmejorada. Y no era solo cansancio, sino un fulminante cáncer de útero, que culminó con su muerte el 26 de julio de 1952, luego de algunos meses de padecimientos.

Evita fue velada en el Congreso de la Nación y en la central sindical (CGT), y pocos recuerdan una movilización de despedida tan impresionante y casi sin antecedentes en el país. Su cuerpo fue embalsamado y ubicado en la CGT, pero en 1955 el gobierno de facto instalado ese año secuestró y profanó su cadáver en 1955, ocultándolo durante dieciséis años.

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