El primer paro nacional contra el gobierno de Mauricio Macri se sintió ayer con fuerza en todo el país por la adhesión monolítica de los gremios de la CGT y las CTA y la influencia de piquetes y falta de transporte.
La huelga paralizó a la Argentina, lo que generaría pérdidas por 15.000 millones de pesos según estimaciones oficiales, al no funcionar ómnibus urbanos, de corta, media ni de larga distancia, de igual modo que trenes, subtes en la Capital Federal ni servicios aéreos nacionales e internacionales.
En este contexto, se produjeron incidentes (en la autopista Panamericana se enfrentaron manifestantes de izquierda con gendarmes) y en el interior del país se registraron algunos episodios de violencia: las víctimas fueron trabajadores, por ejemplo taxistas, que habían optado por no plegarse a la medida de fuerza de las centrales obreras nacionales.
Estas presiones sindicales, sumadas a la paralización del transporte y diversos piquetes desperdigados en el territorio nacional, contribuyeron para que la convocatoria gremial tuviera como respuesta un alto acatamiento en la sociedad.
Para los líderes sindicales de la CGT, la huelga fue un éxito “contundente” y pidieron que el gobierno atienda el reclamo de un cambio de rumbo económico.
Sin embargo, el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, y otras voces oficiales señalaron que para el gobierno la huelga fue “innecesaria” y ratificaron el modelo.
A medida mañana, el presidente Mauricio Macri inauguró el foro económico conocido como “Mini Davos” en un Hotel de Puerto Madero e hizo una referencia tangencial al paro: “Qué bueno que estemos hoy trabajando”, dijo ante centenares de empresarios.
La protesta se sintió muy fuerte en los grandes centros urbanos, donde talló la falta de transporte y la imposibilidad de trasladarse en vehículos propios, pero tuvo menor fuerza en barrios de la zona metropolitana y en el interior del país, especialmente en las zonas comerciales.
En la ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, las oficinas públicas y bancos estuvieron cerrados, mientras que los hospitales solo atendieron en las guardias, aunque establecimientos educativos y sanatorios privados abrieron sus puertas.
Militantes de izquierda se movilizaron desde temprano y hacia las 6 de la mañana comenzaron a bloquear el tránsito en distintos accesos a la ciudad de Buenos Aires, cuyas calles amanecieron prácticamente desiertas, aunque con el correr de las horas empezaron a nutrirse de automóviles particulares, remises e incluso taxis.
Manifestantes junto con referentes sindicales, trabajadores que recientemente han perdido sus empleos -según dijeron a la prensa-, maestros y dirigentes de la oposición, entre otros, llevaron adelante cortes en cercanías de los puentes Pueyrredón, La Noria y Avellaneda, de igual modo que en las principales autovías que conectan a la Capital Federal con el Conurbano.
En este sentido, se produjeron incidentes en horas de la mañana en la Autopista Panamericana a la altura de la Ruta 197, en la localidad de El Talar de Pacheco, en la zona norte del Gran Buenos Aires, en momentos en los que personal de Gendarmería Nacional intentaba desalojar un piquete.
Primero los uniformados lograron liberar un carril, mano hacia la Capital Federal, pero cuando trataban de despejar por completo la calzada fueron atacados por militantes de agrupaciones de izquierda, con un saldo de al menos cuatro heridos -entre ellos, tres gendarmes- y seis manifestantes detenidos.
Los efectivos lograron finalmente desalojar la autopista, aunque en otros accesos a la Capital Federal e incluso en el centro porteño, el tránsito permaneció bloqueado en forma parcial o total en horas de la mañana, pese a la advertencia del gobierno con la aplicación del llamado protocolo anti-piquetes para garantizar el flujo de vehículos.
El primer paro cegetista a la gestión de Macri se concretó a casi 16 meses de su asunción, mientras que en el caso de Cristina Kirchner fue a los 59 meses (11 de su segundo mandato); en el de Carlos Menem fue a los 36 meses; en el de Fernando de la Rúa, a los tres meses y a Raúl Alfonsín, a los nueve meses. Néstor Kirchner tuvo su único paro a los 47 meses de gestión.
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