Un informe del Banco Central afirma que el crecimiento de la economía que impulsan algunos sectores llegará a los espacios de menor avance o que retrocedieron.

Tras el fuerte ajuste impuesto en los últimos años, el Gobierno sostiene que la recuperación de los sectores más dinámicos se trasladará al resto de la economía mediante más empleo, inversión y demanda de servicios.

El Gobierno nacional salió a defender la denominada “teoría del derrame” como uno de los pilares de su estrategia económica. La postura quedó reflejada en un informe difundido por el Banco Central y presentado por su vicepresidente, Vladimir Werning, donde se explica cómo la recuperación de determinados sectores podría expandirse progresivamente hacia otras actividades que todavía muestran signos de rezago.

Según el documento, el crecimiento actual está impulsado principalmente por el agro, la energía y la minería, tres sectores que este año exhibirían una expansión superior al promedio de la economía, estimado en torno al 3,5%. La apuesta oficial es que ese dinamismo genere un efecto multiplicador sobre el resto del entramado productivo.

El informe sostiene que estas actividades demandan infraestructura, transporte, servicios especializados, insumos industriales y mano de obra, lo que abre oportunidades para proveedores, pequeñas y medianas empresas y sectores vinculados indirectamente a la producción primaria.

Desde el Banco Central remarcan que la recuperación económica no será homogénea ni inmediata, pero aseguran que el crecimiento de los sectores más dinámicos terminará generando nuevas fuentes de empleo y mayores niveles de actividad en otros rubros. Además, destacan que una eventual recuperación de la inversión privada podría transformarse en un tercer motor para acelerar el proceso.

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En relación al consumo, el BCRA proyecta mejoras, pero advierte que el sector privado deberá adaptarse a nuevos escenarios vinculados a los márgenes de ganancia, la rentabilidad y la innovación digital.

En este sentido, puntualizó que con la baja del riesgo país, los retornos se normalizan y ya no será posible sostener los márgenes de ganancia que existían en contextos de mayor inestabilidad afirmando que “el sector privado deberá adaptarse a márgenes que están siendo redefinidos rápidamente”.

Asimismo, planteó que, en un régimen de baja inflación, la rentabilidad dependerá más del volumen de ventas y de la productividad operativa que de la velocidad de remarcación de precio. Por otro lado, el BCRA aseguró que las empresas deberán adecuarse a cambios rápidos en los canales de comercialización para sostener el consumo.

En relación a la variación de los precios, la autoridad monetaria mantiene el optimismo. Tras un mayo que registró un 2,1% en la Ciudad de Buenos Aires y un 2,3% nacional según el REM, se espera que la desinflación continúe.

Las proyecciones indican que el índice podría perforar el piso del 2% en agosto, e incluso algunos consultores privados sugieren que ese hito podría alcanzarse en junio. Este descenso se da luego de superar shocks temporales, como el aumento de combustibles derivado del conflicto en Medio Oriente y subas en el precio de la carne.

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