La serie sobre el boxeador más popular de la Argentina nos invita a revisar el feminicidio que conmovió al país con una mirada actual sobre el personaje y el contexto social  

La cámara avanza sin interrupciones en una casa a oscuras como en una película de terror. Se viene la aparición de un monstruo, algo o alguien aterrador. Pero ese plano secuencia no nos prepara para un fantasma ni una posesión diabólica. Lo que se está por presentar es al femicida que dividió al país. Y esa escena es toda una declaración de principios en Monzón, la serie que estrenó Space: no se puede separar al ídolo de su biografía.

En una coyuntura donde todo se debate y se intenta deconstruir algunas cuestiones instituidas, se vuelven indispensables productos como esta biopic. Y es que cuando se analizan personajes y fenómenos populares, la cita es con nuestra historia, nuestras convicciones y nuestra idiosincrasia. No podemos caer en la narración de un boxeador humilde que consigue la gloria y es atravesado por la tragedia. La romantización nos ciega.

El episodio I completo:

Monzón - Episodio 1

Nada puede justificar a un asesino. Pero tampoco está mal contemplar qué lo condujo a ese crimen. En ese aspecto, la producción asume el desafío y lo deja en claro: nuestra sociedad era (y es) una máquina de decir quién es bueno y quién es malo; quién sirve y quién no. Para alguien que nunca tuvo nada, no hay nada más violento que observar a quienes lo tienen todo. Una exclusión de clase, una injusticia, que Carlitos vivió en carne propia.

¿Cómo lidiar con el éxito cuando antes tenías que robar una cacerola para alimentar a tus hermanos? Esa pregunta flota y nos advierte la clase de criatura que la pobreza total y el éxito desorbitante convirtieron a un pibito callejero. "Las minas, la guita y la fama, te hacen mejor", decía en voz alta sin sonrojarse el deportista. Pero ese pensamiento no era único ni propio, gran parte de un país anhelaba ese grado de ostentación, frivolización y cosificación. Todas vanidades y delirios de grandeza que se le permitieron cuando pasó de ser el "negrito" al "campeón".

De la misma manera que sucedió con Sandro de América (2018) y El Potro: Lo Mejor del Amor (2018), Monzón nos invita a juzgar cómo obraron los medios de comunicación y cómo se dividió la opinión pública. Y la experiencia se siente gratificante: tardamos, y aunque falta mucho, mejoramos. Revisar con una perspectiva crítica un caso que conmovió al país es retroceder para avanzar. Es necesario sacar al pugilista del poster. La experiencia personal y la fuerza de los movimientos sociales nos enseñaron que nadie merece nuestra obsecuencia.

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