
De una confesión sin rodeos cuando jugaba en Europa a una decisión tomada con el corazón, el Rusito cumplió el sueño que había declarado años atrás y se pondrá la camiseta azul y oro.
Santiago Ascacíbar es nuevo jugador de Boca y, detrás del bombazo del pase del verano, está la historia de un futbolista que nunca ocultó de qué su corazón estaba pintado de azul y amarillo. Formado en Estudiantes de La Plata y con una extensa carrera en Europa, el mediocampista platense llega al club que confesó ser hincha mucho antes de que su nombre entrara en cualquier carpeta de refuerzos del Xeneizes.
La escena quedó registrada en 2021, cuando Ascacíbar jugaba en Alemania y participó de una entrevista por videollamada con el youtuber Ezzequiel. En ese intercambio, el Ruso fue consultado de manera directa sobre de qué equipo es hincha y respondió Boca sin rodeos. Y minutos después ante la consigna "¿jugar en Boca o River?" volvió a inclinarse por el Xeneize, dejando asentada públicamente su preferencia en un contexto ajeno a cualquier negociación o interés de mercado.
En aquella charla también dijo que es peor descender que perder una final con tu clásico rival, habló de su respeto por River como equipo y su deseo de volver a Estudiantes, algo que años más tarde cumplió con creces. Desde su regreso al país en 2023, se convirtió en una de las grandes banderas del Pincha, llegando a asumir la capitanía y levantando cinco títulos. Sin embargo, el anhelo de ponerse la camiseta azul y oro nunca desapareció y se cumplió en las últimas horas.
La negociación se resolvió a la misma velocidad que aquellas respuestas: Ascacíbar empujó para que el acuerdo se hiciera y su voluntad resultó clave para destrabar una operación que incluyó una cifra cercana a los 5 millones de dólares y el préstamo de Brian Aguirre. En Boca entendieron que no se trataba solo de jerarquía futbolística, sino también de sumar a un jugador identificado con la idiosincrasia del club.
A los 28 años, con recorrido internacional y ritmo de competencia, el Rusito llega tras una etapa europea irregular, con pasos por Stuttgart, Hertha Berlín y Cremonese, pero fortalecido por su regreso al fútbol argentino, con la importante virtud de que le sumó llegadas al área a su juego y mucho gol. En sus dos ciclos en Estudiantes disputó 196 partidos, marcó 18 tantos y se consolidó como un volante de despliegue, recuperación y liderazgo, el clásico box to box que ahora buscará trasladar esas virtudes al mediocampo Xeneize.