Romina Atencio es coach y mentora de mujeres y parejas. Para cualquier consulta, comunicarse al correo electrónico [email protected]. Instagram: @diosalmica. YouTube: @rominaatenciocoaching.
Todos queremos sentirnos bien. No creo que exista una persona en el mundo que, de manera consciente, busque su propio malestar. Incluso aquellas personas que parecen quedar atrapadas en dinámicas de sufrimiento o en estados emocionales intensos, si miramos un poco más profundo, también suelen manifestar el deseo de estar mejor. Tal vez no sepan cómo, tal vez no encuentren el camino, tal vez repitan patrones que los alejan de ese bienestar... Pero el anhelo está. Siempre está.
No importa cómo se imagine ese bienestar, no importa cuál sea la forma que tenga en la mente o en el corazón de cada uno. Lo cierto es que todos, absolutamente todos, buscamos sentirnos bien. Buscamos paz, buscamos alivio, buscamos coherencia interna. Buscamos sentir que nuestra vida tiene sentido.
El camino del bienestar no es un salto. Es un proceso. Es un sendero que se recorre paso a paso, día a día, decisión tras decisión. En esta nota quiero compartirte justamente eso: una mirada sobre ese recorrido. No desde la teoría solamente, sino desde la experiencia. Desde lo vivido, lo atravesado, lo aprendido.
No creo en las recetas mágicas. No creo en los cambios instantáneos ni en las fórmulas universales. Pero sí creo profundamente en el valor de las recomendaciones amorosas, de las guías, de los acompañamientos. Creo en la sabiduría que se transmite de alma a alma cuando alguien comparte lo que le funcionó. No como una imposición, sino como una posibilidad.
Hace varios años que acompaño a mujeres de diferentes partes del mundo a estar mejor consigo mismas. Y algo que confirmé una y otra vez es que cuando una persona logra construir una relación más amorosa con su interior, inevitablemente su entorno comienza a transformarse. Cuando vos estás mejor con vos misma, todo lo demás empieza a ordenarse de otra manera. Tus vínculos, tu economía, tu salud, tu energía vital, tu forma de habitar el mundo.
Todo aquello que deseás lograr está ligado a algo dentro tuyo. Siempre. Por ejemplo, si querés bajar o subir de peso, no alcanza solamente con modificar la alimentación o el movimiento físico. Es necesario revisar qué emoción está generando ese deseo de cambio y, al mismo tiempo, qué emoción o creencia está impidiendo que ese cambio suceda. Muchas veces el cuerpo expresa lo que el alma todavía no pudo decir.
La autoestima baja, por ejemplo, suele impactar en múltiples áreas de la vida. Puede influir en lo económico, en lo laboral, en lo vincular y, por supuesto, en la salud física y emocional. Cuando una persona no se siente satisfecha con un aspecto de su vida, rara vez ese aspecto está aislado. Generalmente hay una sensación más amplia de desarmonía. Es la vida misma la que parece estar pidiendo ser revisada.
Por eso te invito a hacer una pausa. Frená un segundo. Mirá a tu alrededor. Mirate en un espejo, no sólo físico sino también simbólico. Preguntate con honestidad: ¿qué cambiaría hoy en mi vida? Seguramente no sea una sola cosa. Seguramente aparezcan varias respuestas, algunas más superficiales y otras más profundas.
En mi experiencia, las insatisfacciones nacen en lugares muy profundos y, luego, se manifiestan en aspectos aparentemente superficiales. Muchas de las incomodidades que hoy sentimos están vinculadas al consumo, a modelos culturales, a las exigencias sociales... pero tienen un anclaje mucho más íntimo. Tienen que ver con nuestra historia, con nuestras heridas, con nuestros mandatos internos.
Por eso, siempre recomiendo realizar trabajos integrales y acompañados cuando decidimos transformarnos. Hace más de tres años creé un programa que se llama “Diosa Almica”. La base de este proceso es el autoconocimiento. Lo llamo programa y no método porque, aunque existe una estructura, cada experiencia es única. Se adapta a la historia, al ritmo y a las necesidades de cada mujer. Hoy ya no abrimos más las puertas de Diosa Almica. Pero si puedo acompañarte.
Como te decía al principio, no creo en las fórmulas universales. Durante años leí muchísimos libros de desarrollo personal y, aunque muchos me inspiraron, también descubrí que varios no eran aplicables a mi realidad. Con el tiempo comprendí por qué: tengo déficit de atención. Recibí mi diagnóstico hace relativamente poco tiempo, pero esa información iluminó muchas experiencias de mi vida.
Siempre me costó concentrarme durante largos períodos. Sin embargo, eso no me impidió lograr un título universitario, realizar un posgrado y formarme en múltiples disciplinas holísticas que hoy aplico en mis sesiones. Simplemente tuve que encontrar mi manera.
Descubrí, por ejemplo, que me resulta más fácil incorporar conocimiento a través de audiolibros que mediante la lectura prolongada. Este descubrimiento fue profundamente transformador. Porque entendí que conocerme era la clave. Fue la clave y seguirá siéndolo. Cuando no nos conocemos, intentamos encajar en moldes preestablecidos. Y cuando esos moldes no funcionan para nosotros, aparece la frustración, la sensación de fracaso, la idea de que “hay algo mal en mí”.
Romina Atencio
Tal vez te haya pasado. Tal vez probaste distintas terapias, empezaste el gimnasio, intentaste cambiar hábitos, hiciste cursos... y aun así sentís que tu vida sigue igual. Que nada cambió realmente. Para comenzar a ver cambios visibles necesitamos, antes que nada, creer que esos cambios son posibles. Pero la fe verdadera no es ingenua ni superficial. La fe profunda nace del merecimiento. Si en lo más íntimo de nuestro inconsciente sentimos que no merecemos aquello que deseamos, será muy difícil sostener acciones coherentes con ese deseo.
Por eso, el primer paso de toda transformación es trabajar en el ser. Revisar nuestras creencias, nuestros programas internos, los mensajes que recibimos en la infancia, los mandatos sociales y familiares que siguen operando en silencio. Transformar creencias limitantes en creencias que expandan nuestras posibilidades. Reconectar con nuestros deseos auténticos y con las emociones que queremos habitar.
Existen muchas formas de iniciar este camino interior. Yo recomiendo el sendero del autoconocimiento consciente. Aprender a meditar es una de las herramientas más poderosas. Aprender a abrir nuestros canales de percepción. Conectar con nuestra dimensión espiritual. En algunos casos, el acompañamiento terapéutico -como sesiones de Registros Akáshicos o regresionespuede facilitar ese proceso inicial.
Pero tarde o temprano llega un momento en el que comprendemos algo fundamental: toda la información que necesitamos ya vive dentro nuestro. Sólo tenemos que aprender a escucharla.
Cuando comencé a meditar lo hacía buscando calma. Necesitaba silenciar la mente, reducir el estrés, sentir un poco de alivio. Con el tiempo descubrí que la meditación es mucho más que una técnica de relajación. Es una herramienta de creación consciente. Nos enseña a utilizar la mente a nuestro favor.
La visualización, por ejemplo, es una forma de meditación activa que entrena al cerebro para reconocer escenarios posibles. Cuando imaginamos con claridad y emoción aquello que deseamos, empezamos a construir caminos internos que facilitan su manifestación. ¿Y qué es manifestar? Es, en esencia, permitir que aquello que soñamos encuentre una vía para hacerse real. Si algo puede existir en tu mente con suficiente nitidez y coherencia emocional, existe la posibilidad de que también encuentre lugar en tu vida.
Cada persona sueña cosas distintas. Algunos anhelan vivir cerca del mar, otros en la montaña, otros en el movimiento vibrante de una gran ciudad. Algunos desean formar una familia, otros priorizan la libertad personal. Algunos buscan estabilidad económica, otros buscan tiempo y simplicidad. No hay un único modelo de felicidad.
Nuestros sueños están condicionados, es cierto, por la cultura, los medios de comunicación, la historia familiar. Pero cuando aprendemos a escucharnos de verdad, descubrimos que hay deseos que son profundamente únicos. Y esa singularidad es lo que hace que los sueños sean posibles para todos.
Así como existe un sueño para cada persona, también existe un camino de bienestar diferente para cada uno. Lo que a alguien le genera paz, a otro puede resultarle indiferente o incluso incómodo. Para algunos el bienestar está en los vínculos. Para otros en la salud física. Para otros en la expresión emocional o creativa.
Por eso insisto: no hay recetas mágicas. Sí hay un principio universal: aprender a escucharte. Mi propósito es que no dependas eternamente de otro para transformarte. Mi deseo es mostrarte el camino y que luego puedas caminarlo con autonomía. A lo largo de la vida todo cambia: las personas que te rodean, tu trabajo, tu casa, tus roles, tus prioridades. Y vos también vas a cambiar. Necesitás herramientas internas para acompañar esos movimientos.
Quiero que aprendas el “cómo”, más que el “qué”. Porque el qué estará siempre condicionado por las circunstancias. En un proceso trabajamos justamente eso: desarrollar recursos internos duraderos. Incorporamos distintas terapias y, sobre todo, entrenamos el hábito de la meditación, la atención plena, la conciencia emocional y herramientas del coaching y la mirada gestáltica. Es un proceso profundo, amoroso y sostenido en el tiempo.
Si algo de lo que leíste resonó en vos, si alguna frase te hizo detenerte o mirarte distinto, quizás sea una señal de que tu alma está lista para iniciar un cambio. Estoy abriendo diez lugares en la agenda para comenzar a acompañarte. El verdadero inicio sucede cuando tomás la decisión interna de escucharte.
Animate a manifestar tus sueños. Todos tenemos esa capacidad. No creas ciegamente en lo que te dijeron... pero tampoco en lo que yo digo. Experimentalo. Sentilo. Vivilo. Y después, si querés, contame tu experiencia. Con amor, Romi.
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