El costo de vida subió 2,9 por ciento en febrero. El aumento de los servicios, los alimentos -particularmente la carne- y los combustibles conspiran contra la baja del IPC.
La inflación de febrero fue del 2,9 % y confirmó una tendencia que se viene consolidando desde mediados del año pasado: después de tocar un piso de 1,5 % en mayo, el índice mensual empezó a subir mes tras mes hasta alcanzar este número, el mismo que había logrado en enero y ahora se repitió.
El dato difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) este jueves muestra que la dinámica de precios se estabilizó en ese rango tras la fuerte desaceleración que siguió al pico inflacionario de fines de 2023. Y todo parece indicar que en marzo podría ubicarse tal vez por encima del 3%.
El número de febrero volvió a reflejar que, aunque la inflación está muy por debajo de aquel 25% mensual de diciembre de 2023, todavía es muy complejo lograr que perfore el 2% mensual, lo que podría volver una verdadera odisea el sueño del presidente Javier Milei de que el índice de precios mayoristas comience con un 0 en agosto próximo.
En febrero, el principal impulso inflacionario provino del rubro vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que registró un aumento del 6,8 %, muy encima del resto y por encima del indice de precios general. Se trata de un sector especialmente sensible porque refleja el impacto de los ajustes tarifarios y de los costos asociados al mantenimiento del hogar, que en los últimos meses vienen mostrando correcciones luego de años de precios regulados o parcialmente congelados.
En segundo lugar se ubicó un rubro clave: alimentos y bebidas (no alcohólicas) que subió 3,3 %, bastante por encima del IPC general. Alimentos y bebidas tiene una fuerte incidencia en el índice general debido a su peso en la canasta de consumo. Allí el protagonista fue la carne, que registró aumentos de entre 8 % y 10 % según distintos cortes y regiones del país, empujando el promedio del capítulo. Por ejemplo, la paleta aumentó 8,1%, igual que el cuadril y la nalga, mientras que la carne picada subió 7%. El pollo no se quedó atrás y subió 10,2%.
El incremento de la carne tuvo un efecto inmediato sobre el índice porque se trata de uno de los productos con mayor presencia en la dieta argentina. Las bajas estacionales que se registraron en frutas y verduras, como el tomaten(-22%) o la lechuga (-6,7%), no alcanzaron a compensar ese salto en los mostradores de carnicerías y supermercados.
Con el dato de febrero, la inflación acumulada en el primer bimestre del año se ubica en torno al 5,9 %, mientras que la variación interanual es del 33,1 %. Son cifras que, aunque siguen siendo altas en términos internacionales, marcan un contraste fuerte con el escenario de inflación de tres dígitos que caracterizó a la economía argentina durante los últimos años.
El Gobierno de Javier Milei sostiene que el proceso de estabilización de la economía continúa y atribuye los movimientos mensuales a ajustes puntuales de precios relativos. Desde esa perspectiva, los incrementos en tarifas y servicios forman parte de un reordenamiento necesario para recomponer precios que durante años estuvieron regulados o atrasados.
Tras conocerse el dato, el ministro de Economía, Luis Caputo, reaccionó a través de la red social X y fijó la interpretación oficial del Gobierno. “La inflación de febrero fue 2,9 %. Seguimos en el proceso de desinflación ”, escribió el funcionario al comentar el informe del INDEC. Lo que resulta incorrecto es hablar de desinflación cuando en realidad los precios hace 9 meses que no paran de subir.
Más allá de esa lectura oficial, en el mercado hay consenso en que el comportamiento de los precios seguirá mostrando avances graduales. Las consultoras privadas ya venían anticipando que el índice de febrero se ubicaría cerca del 3 %, impulsado justamente por alimentos y tarifas.
Uno de los indicadores que sigue generando atención es la inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales y se ubicó en torno al 3,1 %, bastante por encima del 2,6% que había registrado en enero. Este indicador es observado de cerca por los economistas porque refleja la dinámica más persistente de los precios dentro de la economía. Sin duda, el comportamiento de la inflación núcleo es lo que marca a diferencia entre la suba de precios de enero y la de febrero.
El comportamiento de algunos precios sensibles, como alimentos y tarifas, seguirá siendo determinante para la evolución de los índices en los próximos meses. En una economía donde el consumo masivo todavía no muestra un aumento parejo, cada variación en esos rubros impacta directamente en el bolsillo de los hogares.
Con este panorama, todo parece indicar que alcanzar que la inflación comience con un cero delante (tal como anhela el presidente Javier Milei) no será tarea fácil de alcanzar, menos con el mundo conmocionado por el conflicto en Medio Oriente y con el precio del petróleo subiendo a niveles que superan los 100 dólares por barril.
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