El Gobierno pide paciencia en medio de una retracción tan extendida implica asumir un costo social que todavía no terminó de desplegarse.

La industria argentina volvió a caer con fuerza en febrero y confirma que el freno de la economía real es más profundo de lo que sugieren algunos indicadores macro. Según el INDEC, la actividad manufacturera se desplomó 8,7% interanual y acumuló una baja del 6 % en el primer bimestre del año, en un contexto de consumo retraído, ajuste fiscal y baja de la inversión.

El dato no es aislado: se trata de la octava caída interanual consecutiva, con una baja mensual desestacionalizada del 4%, lo que muestra que el deterioro sigue activo, aunque empieza a insinuarse un leve freno en la caída.

Pero el número general es apenas la superficie. Cuando se abre el dato por sectores, aparece la dimensión real de la crisis industrial.

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La fabricación de maquinaria y equipos se derrumbó casi 29,4% interanual, con un golpe especialmente fuerte en la maquinaria agropecuaria, que cayó cerca de 37,7% por la menor producción y venta de tractores, cosechadoras y sembradoras.

El sector automotor, uno de los más relevantes por su impacto en empleo y cadena productiva, mostró una caída de 24,6%, con un desplome aún mayor en la producción de vehículos terminados, que retrocedió cerca de 30% interanual.

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La crisis también golpeó con fuerza al entramado más intensivo en mano de obra. El rubro textil, prendas de vestir, cuero y calzado registró una caída de 22,6%, uno de los peores desempeños del mes.

Dentro de ese sector, el informe del INDEC mostró retrocesos muy marcados en la producción de hilados de algodón, tejidos y otros productos textiles, reflejando el derrumbe de la demanda interna y la competencia de importaciones.

La caída alcanzó incluso a sectores más defensivos. La producción de alimentos, bebidas y tabaco —históricamente más estable— bajó alrededor de 6,9% interanual, lo que confirmó que el enfriamiento del consumo ya impacta también en bienes básicos.

Caídas en 14 de las 16 ramas industriales

En total, 14 de las 16 ramas industriales registraron caídas, lo que evidenció una retracción generalizada y no un problema sectorial aislado.

A este cuadro se le sumó el impacto en la comercialización. La caída en la producción automotriz se tradujo también en menores ventas en concesionarios y menos unidades patentadas, todo un síntoma directo del freno en el consumo durable.

El resultado es una industria que no solo cae, sino que lo hace en casi todos sus frentes: producción, ventas y expectativas.

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Milei pide paciencia

En este contexto, el presidente Javier Milei a reconoció el momento económico. A través de su cuenta de X, pidió paciencia y defendió el rumbo del ajuste.

Sabemos que estos últimos meses fueron duros, pedimos paciencia”, escribió el mandatario, en un mensaje que admite el costo en actividad pero busca sostener la expectativa de recuperación.

En la misma línea, aseguró que “el camino es el correcto” y volvió a responsabilizar a la herencia recibida, al señalar que el freno responde a “las bombas que dejó el kirchnerismo”, reforzando el eje político de su discurso.

La combinación de datos duros y discurso oficial expone la tensión central del momento. Por un lado, el Gobierno sostiene que el ajuste era inevitable para ordenar la macroeconomía. Por el otro, los indicadores muestran que ese ajuste está teniendo un impacto directo sobre la producción y el consumo.

La industria, en ese sentido, funciona como el termómetro más claro de la economía real. A diferencia de otros sectores, depende casi exclusivamente del mercado interno, y por eso refleja de manera inmediata la caída del poder adquisitivo, el encarecimiento del crédito y la retracción del gasto.

Ahí aparece una de las claves del modelo actual: una economía que empieza a mostrar señales de estabilización en algunas variables financieras, pero que todavía no logra trasladar esa mejora a la actividad.

El resultado es una dinámica de dos velocidades. Algunos sectores más vinculados a exportaciones o ingresos altos muestran mayor resistencia, mientras que el entramado industrial —más ligado al consumo masivo— sigue en caída.

El desafío político para el Gobierno es administrar esa transición. Pedir paciencia en medio de una retracción tan extendida implica asumir un costo social que todavía no terminó de desplegarse.

Por ahora, el Gobierno apuesta a que el piso de la recesión esté cerca. Pero los datos de febrero dejan una señal incómoda: la caída puede estar frenándose, pero la recuperación todavía no aparece.

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