jueves 8.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
24 | 04 | 2016
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Un fiasco: el miedo a perder dominó la fecha de los clásicos

Mariano López Blasco
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Por Mariano López Blasco


Los cuatro cruces del domingo terminaron 0 a 0 y hubo seis en total que no tuvieron goles. Mucha fricción, mucha guapeza forzada, muy poquito fútbol. Lanús y San Lorenzo, candidatazos a enfrentarse en la final, fueron los grandes ganadores de la jornada.

Un fiasco: el miedo a perder dominó la fecha de los clásicos
Las discusiones estuvieron a la orden del día. De fútbol, muy poquito.
Foto:

Belgrano de Córdoba-Atlético Tucumán no es un clásico, pero los protagonistas quisieron estar a tono y, por lo que ofrecieron en plena disputa, se veía venir el resultado llamado a coronar un domingo negro, gordo de fricción y guapeza teatralizada, aunque flaquísimo de fútbol: otro 0 a 0 para completar el fiasco y un día que se fue sin ninguna flor.

El miedo a perder dominó la escena y quedó evidenciado en la faena de River, que jugó con un hombre más durante 80 minutos del Superclásico y no sólo no pudo doblegar a su rival en el resultado, sino que tampoco lo hizo en el juego y -peor aún- ni siquiera desde lo actitudinal.

Algo parecido ocurrió en Racing-Independiente. El Rojo necesitaba sí o sí el triunfo para alimentar su ilusión de pelear el torneo y asumió la iniciativa en el arranque, pero se fue diluyendo con el devenir del partido y estuvo muy cerca de caer ante un Racing reciclado en intérpretes a raíz del trajinar por la doble competencia, una Academia que tardó en animarse -lo hizo especialmente a partir del ingreso del talentosísimo paraguayo Oscar Romero-, y que más allá de algunos fulgores postreros entregó la sensación de que se iba en paz con no perder ante el adversario de toda la vida.

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Newell's-Rosario Central y -el sábado- Gimnasia-Estudiantes trazaron postales similares entre sí: un local fuera de la conversación por el título que se debatió entre intensidades y tibiezas en su exposición, y un visitante involucrado en la puja por el botín grande que -paradójicamente- lució agazapado y cauteloso en su accionar. Todos ellos atrapados por esa disyuntiva que despierta de la necesidad de cuidar el cero y acaba por transformarse en miedo a perder. Casi una doble moral.

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Con la forzada etiqueta de clásico, Arsenal-Defensa y Justicia también arrojó un empate sin goles que resultó más doloroso para el cuadro de Sarandí: en su cancha y con un hombre más durante una hora, no pudo romper el cero y se alejó de la punta. La contracara fue Unión ante Colón. El Tatengue sí aprovechó la superioridad numérica y una pésima semana de su rival (se quedó sin su entrenador, Darío Franco, y sin su figura, Alan Ruiz, en medio de un clima de violencia perpetrado por la barrabrava) para lograr un triunfo de esos que se recuerdan: sobre la hora y con un altísimo grado de emotividad.

Ganaron los que arriesgaron de verdad. Ganó Lanús, que ante Banfield se sobrepuso a una expulsión tempranera y pulverizó el revés anímico que pudo haber sido el penal fallado por José Sand, para imponerse merced a una gran muestra de carácter y juego sobre un rival que sucumbió ante un escenario favorable. Que tuvo miedo de ganar.

Ganó San Lorenzo, que pese a ser presa de cierto desorden y con una apuesta al vértigo y la pujanza más que al funcionamiento, logró quebrar a un Huracán que reaccionó recién ante la desventaja. El premio para los de Boedo fue la punta.

También hubo goce para Godoy Cruz, que en el duelo cuyano ante San Martín de San Juan arriesgó al nivel de sufrir un mano a mano en contra en la última jugada del partido. Tras el susto, llegaron los tres puntos y un sueño que crece cada día más.

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