Hizo una puesta nueva porque por otros compromisos no podía subir a escena. Cree que la pieza debe estar porque es un mensaje necesario para los debates de hoy.

Karina K cuenta que admira a Nina Hagen desde que era adolescente y no resulta extraño que aquella fascinación que nunca la abandonó la haya llevado a escribir y protagonizar “Mamapunk”, un espectáculo musical basado en la vida de la cantante y actriz alemana de vanguardia que se estrenó el año pasado en el teatro Maipo. Porque, a pesar de la distancia y de no haberse conocido, comparten la fuerza que transmiten a través de sus interpretaciones, el amor por el canto y la ductilidad para moverse en espectros artísticos muy amplios.

Por eso, y dada la repercusión que “Mamapunk” tuvo el año pasado, regresó al Teatro Ludé por sólo seis funciones ayer, 21 de abril, 12 y 19 de mayo, 2 y 9 de junio-, ya no con Karina en el escenario sino Cynthia Manzi -que interpretaba a la hija de la cantante en la primera versión y que además es la esposa de Karina K-. “En realidad, es un estreno porque es una puesta nueva y una versión en concierto, por eso hay un replanteamiento de todo el enfoque. La obra volvió así a su estado primigenio, porque yo la pensé con un solo personaje, el de Mamá Punk, que no es Nina Hagen sino una evocación de ella”, señala Karina K, una de las actrices argentinas más dúctiles en el difícil género de la comedia musical y que aquí se muestra como autora y directora.

l ¿Llegaste a conocer a Nina Hagen o a verla en algún concierto?

-No, lamentablemente. Cuando era adolescente, Nina Hagen estuvo en Buenos Aires pero mis padres no me dejaron ir a verla. Sí conocí su ideología. Cuando la escuché por primera vez, encontré una libertad conceptual y un virtuosismo que fueron subyugantes para mí, porque ella logró una combinación de rebeldía y clasicismo. Fue la primera vocalista en fusionar el rock, el reggae, la música disco y el tecno con la ópera. Yo era bailarina clásica y, de repente, me gustaba el rock, y en los lugares que yo frecuentaba, como el Parakultural o Cemento, Nina Hagen estaba en el aire.

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l ¿Te gustaría conocerla o que a ella le llegue esta obra que compusiste y escribiste sobre su vida?

-Por supuesto. Tenemos el apoyo de la Embajada de Alemania y creemos que va a tener mucha repercusión. Creo que vamos a llegar a ella desde la formalidad que nos propone la Embajada.

l ¿Cómo describirías el personaje de Mamá Punk?

-Es un personaje inspirado en la figura de esa emblemática artista, creadora, innovadora y rupturista, considerada la madre del punk, movimiento contracultural de mediados de los ‘70, donde ella hizo un manifiesto en contra de las armas nucleares, con una posición rebelde y política de avanzada. Pero también tiene una faceta más espiritual inspirada en el viaje que Nina Hagen hizo a la India, donde se dedicó durante muchos años a los cantos devocionales.

l ¿Por qué dejaste el rol protagónico?

-Porque empecé a trabajar en “¿Qué hacemos con Walter?” -obra que dirige Juan José Campanella en el Multieteatro-, de miércoles a domingo, y fue tal el suceso de “Mamapunk” el año pasado, que sentimos que no podíamos cortar el fluir de este espectáculo, porque es un mensaje, porque tiene actualidad, denuncia, feminismo, altruismo, compromiso con el medio ambiente, con los derechos de los animales... Y además, yo amo la dirección y disfruto mucho viendo a Cynthia en su máximo esplendor.

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l ¿En qué aspectos fue Nina Hagen una pionera?

-Además de combinar estilos musicales hasta entonces opuestos, como la música disco con la ópera y la música rap, fue pionera en hablar del veganismo, en hablar del respeto hacia los animales, del cuidado del medio ambiente, en la denuncia contra las petroleras que están contaminando los mares del mundo. A sus 65 años, ella sigue promulgando sus denuncias sin haber claudicado jamás.

l ¿Con qué ideas de ella te sentís más identificada?

-Fundamentalmente me siento identificada con su posición en pos de la abolición de las armas nucleares y en el respeto a las mujeres. Hay una canción, “African Reggae”, donde denunciaba el maltrato a las mujeres en algunas tribus de África musulmana, donde se les mutilaba el clítoris para que no pudieran gozar en el sexo. Nosotros, en la obra, como ya se abolió esa práctica, tradujimos, aggiornando, y hablamos de la explotación infantil en África, donde utilizan niños en la minería para recolectar el coltán, que es un mineral que se usa para celulares de pantalla y hay casos con consecuencia de muerte, porque los lugares donde se encuentra el coltán son cavidades donde sólo los más chiquititos pueden entrar.

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