"Cuando suenan los acordes me transformo, pienso que están dentro mío Julio Sosa, Gardel y todos esos monstruos", cuenta el artista local en una charla mano a mano llena de identidad tanguera

En la ducha, en una parrilla, en un escenario, en una radio, no importa tanto el lugar para Miguel Angel Nardini. Sólo busca estar abrazado al tango, llevarlo por dónde camina, hacer que esa pasión que lo empuja y lo sostiene día a día, le llegue a los demás. Este cantor de San Justo también es uno de los tantos laburantes anónimos de la música, y que se presenta en estas líneas para contar lo suyo.

Miguel nació en Ramos Mejía, hace 56 años, pero es nativo de San Justo, en donde ha transcurrido su vida entera. Se trata de un laburante como muchos, pero que el tango aparece como su gran cable a tierra, su pasión. Si bien desde pibe estuvo cerca de la música ciudadana, recién una década lleva dedicado a la participación activa como cantor. "Arranqué hace unos diez años en forma plena, ya que antes cantaba en parrillas o en reuniones familiares y desde hace cuatro hago mis propios espectáculos", cuenta y agrega que "hace seis años ensayo y trabajo con el maestro Diego Sauchelli".

Al mirar para atrás, Miguel cuenta: "Mi abuela cantaba y yo de chico la miraba y la escuchaba. Y como dice Troilo, ‘el tango te sabe esperar’. Y me esperó, ya que canté en parrillas, me dijeron que tenía condiciones", y añade: "Antes de empezar con el tango hace diez años, cantaba por hobby, imitaba a Sandro a Palito Ortega, y cuando se me dio por el tango, no paré más". Y revela que "en su momento, fui a una profesora, quien me dijo que tenía condiciones para cantar. Yo no me lo creía, pero cuando me crucé con Diego Sauchelli, empezamos a trabajar juntos. Aprendí mucho y cantamos en varios lugares, como en el Homero Manzi, Quintino, Glorias Argentinas, 9 de julio, El Nuevo Torino".

Cuando se lo invita de tirar definiciones no se achica, pero se toma su tiempo para enhebrar la idea. "El tango es lo mejor que pudo haber pasado en la vida", define y agrega: "Es un placer, una caricia al alma, como estar en el escenario y la gente que te recibe con aplausos y así uno de golpe dejar de ser nada por unos instantes. Pero cuando suenan los acordes me transformo, pienso que están dentro mío Julio Sosa, Gardel y todos esos monstruos. Entonces le pones el alma a cada canción".

El cantante de San Justo no escapó a las generales de la ley. No pudo escapar al caos que se fue generando desde 2015. El cierre masivo de pymes y pérdidas de puestos de trabajo, entre otros males, hicieron que Miguel Angel Nardini cerrara un taller de costuras con 14 máquinas que quedaron paradas. "Conseguí trabajo en una estación de servicio y con las presentaciones con Diego Sauchelli pude afrontar el momento", expresa.

Tiene claro que aquello de "no hay mal que por bien no venga", como dice el dicho popular, lo ha tocado. "La vida te da sorpresas, y de golpe se abrió una puerta grande al conocer a todo esta gente de la estación de servicio que nos da una mano grande y a Diego Sauchelli también", describe.

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