POPULAR viajó a Dubái y habló en exclusiva con el hombre que es prácticamente la sombra del Diez. "Diego acá es como un árabe, se lo respeta como un jeque", cuenta

Si algo sabe Diego Maradona es de tener un hombre siempre al lado. No por cuestiones del corazón, está claro, sino porque en la cancha esa era la manera que tenían de frenarlo. Imposible borrar aquellas imágenes del peruano Luis Reyna en la previa del Mundial 86; ni hablar de las patadas de los cameruneses en el 90 o la marca personal de la enfermera en el Mundial de los Estados Unidos.

En Dubai la cosa no ha cambiado, o al menos en lo que a marca personal se refiere, porque Diego se mueve tanto en su casa como en Fujairah, donde entrena, con la sombra de Mohamed El Naggar, su traductor, que no lo deja desde el momento que el Diez pisó tierra árabe y que hoy es uno más de la “familia” maradoneana.

Mohamed nació en el Cairo, es musulmán y convive con Diego de manera full time, con todo lo que eso significa.

En el vestuario del Fujairah Mohamed, se banca con una sonrisa las bromas de Diego, quien suele aparecer totalmente desnudo, desafiando las creencias religiosas de su traductor.

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“¡Diego, tápate, por favor!”, le ruega su traductor mientras el Diez, como un niño, se le acerca hasta ponerlo colorado. “¿Nunca viste un hombre en bolas? ¡No me digas que te gustó!”, le dice, y provoca la risa tímida de Mohamed.

Diego conoció a su traductor el mismo día que pisó Duabai, en 2011, para dirigir el Al Wasl. “Yo trabajaba en la embajada Argentina en Dubai y cuando Diego llegó, me pidieron que fuera a ayudarlo, que me pusiera a su disposición. El primer encuentro fue muy fuerte, me temblaban las piernas, pero desde ese momento Diego me mostró su humildad y enseguida me llevó a vivir a su casa y me pidió que lo acompañara como traductor en el club. Pedí licencia en la Embajada y me fui con él; desde entonces nunca más nos separamos. Tuve ofertas de otros argentinos, me llamó Cúper, Bauza, pero les dije que no: mi opción siempre será Maradona”, dice Mohamed mientras se le iluminan los ojos.

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La convivencia con “Moha”, como lo llama Diego, es excelente. Ambos son casi amigos y, según cuenta el traductor, eso se debe a que Diego “es un árabe más”. “Acá Diego es un árabe, él nos sorprende a diario. Una vez lo invitaron a comer y, cuando llegó, lo primero que hizo fue sentarse en el suelo y comer la cabeza de un chivo. Es una comida típica de los árabes, pero que al resto le da como asco. Sin embargo Diego no tuvo problemas, comió los sesos, la lengua y se compró a todos enseguida”, recuerda Mohamed.

El “respeto” con el que Diego se maneja es el que le devuelven en la calle los árabes: “No hay un lugar donde no lo reconozcan, pero siempre con respeto, nunca nadie se le tira encima: a Diego se lo respeta acá como a un jeque. Mis amigos, los que trabajan para los jeques, me dicen que yo me muevo con él como ellos con los jeques. Para nosotros Maradona es eso, un jeque”. Maradona se transforma adentro de la cancha, arenga a sus jugadores con la misma pasión que lo hacía en la Selección Argentina.

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“¡No te duermas, cocodrilo que se duerme es cartera!”, “¡Vivos, no seamos giles, no avivemos giles!”, les grita, y Mohamed atrás del Diez traduce, o hace lo que puede. Pero ya está canchero, no es la primera vez que tuvo que cambiar una traducción. El día del debut en el Fujairah, el equipo empató, el arquero no tuvo una buena tarde y los refuerzos que había pedido el Diez no habían llegado. Fiel a su estilo, Maradona encaró en la conferencia de prensa a los Jeques y arremetió con todo.

“Esto es una falta de respeto, no es lo que me prometieron, así no se puede”, despotricaba el Diez. Del otro lado los jeques sonreían. No era para menos. “Estoy muy contento de estar acá, vamos a trabajar para revertir eso”, era la traducción de Mohamed, quien así lo salvó de un mal momento. Hoy esa es una anécdota, una de las tantas que vivieron juntos.

“En el Al Wasl, recuerdo, me debían honorarios y en una práctica Diego vio al tesorero, paró el entrenamiento y empezó a decirle de todo, que me paguen, que así él no seguía. Siempre pone la cara por su gente”, dice Mohamed.

Diego se va de Fujairah pasada las siete de la tarde. Esa rutina se completa con un beso a Mohamed y el saludo. “Mañana nos vemos, Mohita”, le dice el Diez a su nueva sombra, su traductor, quien sabe que mañana tendrá otro día intenso. “Con Diego todos los días hay una sorpresa”, dice. Ya entendió todo…

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