Los recientes terremotos registrados en Venezuela, México y España volvieron a poner el foco sobre la actividad sísmica global. Qué dice la ciencia sobre la posibilidad de que un terremoto desencadene otros a miles de kilómetros.
La seguidilla de sismos registrados en distintos puntos del planeta volvió a despertar preocupación y alimentó la pregunta sobre si los terremotos pueden generar un “efecto dominó” capaz de activar movimientos en regiones ubicadas a miles de kilómetros. En las últimas horas se produjeron nuevos movimientos en Venezuela, México y España, mientras los especialistas remarcan que, aunque existe un mecanismo conocido de activación sísmica a distancia, no hay evidencia de una cadena global de terremotos conectados entre sí.
Uno de los episodios más recientes ocurrió este martes en Venezuela, donde un sismo de magnitud 4,0 se registró a las 3:07 de la madrugada, con epicentro a unos 10 kilómetros al noroeste de La Guaira y una profundidad de 10 kilómetros. El movimiento también fue percibido en Caracas y provocó que numerosas personas recibieran alertas sísmicas en sus teléfonos. Hasta el momento no se informaron víctimas ni daños.
En México, otro movimiento telúrico de magnitud 5,8 sacudió durante la noche del lunes el estado de Chiapas. El epicentro fue localizado a 156 kilómetros al sureste de Ciudad Hidalgo y a apenas tres kilómetros de profundidad. Por ahora tampoco se reportaron heridos ni daños materiales graves.
La actividad también continúa en España, donde Granada atraviesa una secuencia sísmica que mantiene en alerta a las autoridades. Este martes un terremoto de magnitud 4,8, con epicentro en Gójar, volvió a sacudir la provincia y dejó tres heridos leves. El temblor provocó grietas, desprendimientos y cerca de medio centenar de llamados a los servicios de emergencia.
El movimiento obligó además a evacuar la Alhambra, mientras se realizaban controles de seguridad en el histórico complejo monumental. También fueron cerrados preventivamente distintos edificios públicos, museos y espacios deportivos. El episodio estuvo acompañado por varias réplicas, entre ellas una de magnitud 4,2.
La sucesión de terremotos recientes en diferentes países alimentó en las redes sociales la hipótesis de que podría existir una relación entre los eventos. En las últimas semanas también se registraron movimientos importantes en Colombia, Indonesia, Japón y otros puntos del planeta, lo que reforzó la sensación de que la Tierra atraviesa un período de actividad excepcional.
Sin embargo, los especialistas advierten que la cercanía temporal entre terremotos no significa necesariamente que exista una conexión tectónica. Cada sismo se produce como consecuencia de las condiciones particulares de las fallas y placas tectónicas de la región donde ocurre.
La respuesta científica es más compleja que un simple sí o no. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) reconoce que un terremoto de gran magnitud puede, en determinadas circunstancias, generar actividad sísmica en zonas alejadas mediante un proceso conocido como transferencia o activación por esfuerzo dinámico.
Cuando ocurre un terremoto, las ondas sísmicas se desplazan por el interior y la superficie terrestre. En determinadas fallas que ya se encuentran cerca de una situación de ruptura, esas ondas pueden modificar temporalmente las condiciones de esfuerzo y favorecer la aparición de nuevos movimientos.
Esto, sin embargo, no significa que un gran terremoto pueda encender una cadena de terremotos alrededor del planeta. Para que exista una relación directa deben intervenir condiciones geológicas específicas y la falla afectada debe encontrarse en una situación particularmente vulnerable.
De hecho, los especialistas destacan que los terremotos recientes presentan profundidades, mecanismos de falla y contextos tectónicos diferentes, por lo que no existen elementos suficientes para considerarlos parte de una única secuencia.
Un ejemplo citado por el USGS es el terremoto de Sumatra de 2004, de magnitud 9,1, que produjo una enorme ruptura y generó actividad sísmica en una extensa región. También existen antecedentes de terremotos que provocaron sismicidad a distancia, pero se trata de fenómenos concretos y no de una reacción en cadena global.
La actividad registrada en las últimas horas vuelve a poner el concepto de “efecto dominó” en el centro de la discusión, pero los datos disponibles no permiten afirmar que los terremotos de Venezuela, México y España estén relacionados entre sí.
En el caso de Granada, además, existe una explicación mucho más directa: la región atraviesa una secuencia sísmica local, con varios movimientos y réplicas registrados desde el viernes 14 de agosto. El terremoto de este martes forma parte de ese episodio y no constituye evidencia de una conexión con los movimientos registrados en América Latina.
En Venezuela también existe un contexto sísmico propio. El país ya había sufrido durante este año dos fuertes actividades sísmicas, mientras que México se encuentra sobre una de las regiones tectónicamente más activas del continente.
Por eso, la aparición de varios terremotos en un período corto puede generar una fuerte percepción de simultaneidad, aunque desde el punto de vista geológico cada evento pueda ser independiente.
Otro de los interrogantes que surgió a partir de esta seguidilla de terremotos es si durante 2026 se está produciendo un aumento extraordinario de la actividad sísmica mundial.
Los registros históricos del USGS muestran que la Tierra experimenta todos los años una cantidad significativa de terremotos de gran magnitud. En promedio se producen alrededor de 16 sismos de magnitud 7 o superior por año, con aproximadamente 15 eventos de magnitud 7 y uno de magnitud 8 o mayor.
Por eso, la acumulación de terremotos fuertes durante un determinado período no alcanza por sí sola para demostrar que existe un incremento anormal de la actividad tectónica global.
Además, la percepción de que “tiembla más que antes” está influida por la tecnología. Las redes sísmicas actuales detectan movimientos que décadas atrás podían pasar inadvertidos, mientras que las aplicaciones de celulares y los sistemas de alerta permiten conocer casi inmediatamente cualquier terremoto registrado.
Lo que sí puede ocurrir después de un terremoto importante es una secuencia de réplicas. Estos movimientos se producen en la misma zona de ruptura o en sectores próximos y pueden continuar durante días, semanas o incluso meses, dependiendo de la magnitud del evento y de las características de la falla.
Por eso, en zonas como Granada las autoridades mantienen las medidas preventivas y recomiendan seguir las indicaciones oficiales mientras continúa la actividad.
La ciencia, en tanto, sigue estudiando los mecanismos mediante los cuales un terremoto puede modificar las condiciones de esfuerzo de otras fallas. Pero hasta ahora no existe evidencia que permita afirmar que los terremotos registrados recientemente en distintos continentes estén formando una cadena mundial o que uno de ellos vaya a provocar inevitablemente otro a miles de kilómetros.
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